Administradora Turística y Hotelera | Magíster en Alta Dirección y Desarrollo Hotelero
1. Una ciudad que se apaga cuando más brilla
Riohacha amaneció el 14 de abril de 2026 como una ciudad fantasma. Calles vacías, mercados cerrados, clases suspendidas y hoteles con huéspedes que miraban por las ventanas sin atreverse a salir. No era un día festivo ni una lluvia torrencial lo que detuvo la vida urbana: era el miedo. Un paro armado ordenado por alias «Naín», cabecilla de Los Pachencas, había puesto en jaque a la capital de La Guajira en uno de sus momentos de mayor proyección turística.
Lo que ocurre en estos días de abril no es solo un episodio de orden público: es un golpe directo a la imagen de Riohacha como destino turístico, y sus consecuencias van mucho más allá de tres días de comercios cerrados.
2. ¿Cómo llegamos aquí?
El origen del paro se remonta al 10 de abril de 2026, cuando un operativo militar en Uribia dejó nueve integrantes de la estructura de Los Pachencas muertos. La respuesta no tardó: alias «Naín» —también conocido como «El Bendito Menor»— apareció en un video anunciando un cierre forzado de negocios, un toque de queda desde las 8 p.m. y amenazas de actuar «sin compasión» contra quienes no acataran.
El 15 de abril, la intimidación se hizo física: hombres armados dispararon contra un supermercado Ara y un asadero de pollos en la Carrera 26 para forzar el cierre de establecimientos, generando pánico generalizado. La Policía capturó a uno de los implicados, pero el daño al clima de confianza ciudadana —y turística— ya estaba hecho.
No era la primera vez que este grupo armado generaba impactos sobre el turismo regional. En febrero de 2026, las Autodefensas Conquistadoras de la Sierra Nevada —nombre con el que también opera Los Pachencas— forzaron el cierre temporal del Parque Natural Tayrona, uno de los principales destinos del Caribe colombiano, mediante extorsiones y presiones sobre comunidades locales y funcionarios de Parques Nacionales Naturales. El ministro de Defensa, Pedro Sánchez, confirmó públicamente la responsabilidad del grupo. Ese episodio tuvo cubrimiento internacional, incluyendo medios europeos, y dejó una señal inequívoca: este actor armado tiene capacidad de afectar destinos turísticos estratégicos a lo largo del Caribe colombiano.
3. Lo que está en juego: el turismo como motor de Riohacha
Para entender la magnitud del impacto, es necesario tener claro cuánto depende Riohacha del turismo. La ciudad es la puerta de entrada a La Guajira, uno de los destinos con mayor crecimiento en Colombia: La Guajira viene registrando un crecimiento sostenido de visitantes que la ubica entre los destinos de mayor expansión en el país, con un potencial que apenas comienza a concretarse. El turismo genera empleo formal, dinamiza el comercio local, sostiene la hotelería, los transportadores, los guías, las rancherías y los restaurantes. Es, en buena medida, el eje sobre el que descansa la reactivación económica del Distrito.
La revisión sistemática sobre turismo y seguridad en América Latina publicada en la e-Revista Multidisciplinaria del Saber (Infante Rivera et al., 2024) es contundente al respecto: los destinos que implementan políticas efectivas de seguridad tienden a atraer más turistas y mejorar su competitividad, mientras que una percepción negativa de inseguridad puede afectar significativamente el flujo de visitantes. En contextos como el latinoamericano, señala el mismo estudio, la inseguridad ha generado reducciones de entre el 20% y el 30% en la afluencia turística de varias regiones. Riohacha no está blindada frente a esa realidad.
4. Tres días que se sienten como meses
La paralización no es solo simbólica. Comercios del mercado viejo y zonas comerciales cerraron preventivamente. El transporte urbano e intermunicipal redujo su operación. Los hoteles reportaron un ambiente de incertidumbre que desincentivó nuevas reservas y generó cancelaciones de último minuto. Los prestadores de servicios turísticos —guías, operadores de playa, restaurantes— simplemente no pueden trabajar.
En una ciudad cuya economía depende en buena medida del flujo de visitantes, cada día de paralización se traduce en ingresos que no se recuperan, debilitando la estabilidad económica al interrumpir la dinámica de servicios y consumo.
5. Las cuentas del miedo
Dimensionar con precisión las pérdidas de estos días requeriría un levantamiento de información directa con los prestadores, trabajo que aún está por hacerse. Sin embargo, la literatura académica regional ofrece referencias que permiten intuir la escala del problema. Según el estudio de Infante Rivera et al. (2024), en contextos de inseguridad sostenida la afluencia turística puede reducirse entre el 20% y el 30% en destinos latinoamericanos.
Por su parte, la Cámara de Comercio de La Guajira, en sus análisis sobre bloqueos viales previos en la región, documentó que el 70,6% de las empresas turísticas reportó cancelaciones de reservas, el 58,4% registró menor llegada de turistas y el 42,5% vio caer sus ingresos en más del 50%. Estas cifras corresponden al propio ejercicio de medición de esa institución sobre eventos anteriores, y se citan aquí como referencia orientadora, no como proyección directa sobre el paro actual.
Lo que sí puede afirmarse con certeza es que cada día de parálisis tiene un costo real para cientos de familias que dependen del turismo, y que ese costo se multiplica cuando el evento genera ruido mediático negativo más allá de las fronteras del Distrito.
6. El daño que no se ve en los titulares
Más allá de las pérdidas inmediatas, hay un efecto que tarda años en revertirse: el daño reputacional. Riohacha ha apostado en los últimos años por posicionarse como destino turístico seguro, auténtico y con identidad cultural wayuu. Cada episodio de violencia armada contradice ese relato ante los ojos de los turistas nacionales e internacionales, las agencias de viaje y los potenciales inversionistas del sector.
La Alta Guajira ya carga con una historia de inseguridad vial y bloqueos que ha limitado históricamente su desarrollo turístico. Cada nuevo episodio refuerza esa narrativa negativa en los medios nacionales e internacionales —como lo evidencia la cobertura de swissinfo.ch sobre el cierre del Tayrona, que llegó a audiencias europeas— y erosiona el trabajo de promoción que instituciones públicas y privadas han realizado durante años. La confianza de los inversionistas también se resiente: ningún operador turístico serio compromete recursos en un destino que percibe como volátil.
7. Riohacha puede más que esto
Lo que está ocurriendo es una advertencia que no debe ignorarse. El sector turístico, la Cámara de Comercio de La Guajira, las instituciones distritales y la comunidad prestadora de servicios deben sentarse a construir un protocolo de respuesta rápida ante eventos de orden público: comunicación de crisis, activación de canales digitales para informar a los turistas, y mecanismos de compensación o reprogramación de reservas que minimicen el abandono del destino.
Las autoridades de seguridad, por su parte, tienen una responsabilidad ineludible: el refuerzo del pie de fuerza y la captura de los responsables no es solo un asunto de orden público, es una condición para la sostenibilidad económica de miles de familias guajiras que viven del turismo.
Pero también es un llamado a quienes habitan y construyen esta ciudad: Riohacha tiene playas, cultura, gastronomía y una identidad única que el mundo quiere conocer. El guía que no pudo trabajar tres días, el restaurante que cerró sus puertas, el hotelero que vio vaciarse sus habitaciones: todos ellos son parte de un tejido económico y social que merece ser protegido. La Guajira tiene el potencial para ser uno de los grandes destinos del Caribe colombiano. Que eso sea una realidad o una promesa postergada depende, en buena parte, de que la seguridad deje de ser el eslabón más débil de la cadena.
Referencias
Infante Rivera, L., Armada Pacheco, J. M., Godiño Poma, F. C., Torres Chumbiauca, L. E., & Larico Quispe, B. N. (2024). El Turismo y seguridad integral en América Latina: Una revisión sistemática. e-Revista Multidisciplinaria del Saber, 2. https://doi.org/10.61286/e-rms.v2i.76
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