Los primeros hoteles de Riohacha

Por: Tonia Tinoco Siosi*

Años atrás, investigando la historia de la hotelería en Riohacha, entendí que esta no estaba en los libros, sino en la memoria de personas muy mayores y en el papel amarillo de unos periódicos viejos que casi nadie había vuelto a abrir. Lo que encontré allí me sigue pareciendo, hoy más que nunca, una de las cosas más valiosas que tengo.

El papel que sobrevivió

Entre periódicos antiguos de Riohacha aparecieron avisos clasificados que cambiaron la forma de contar esta historia. Uno de ellos, fechado el 7 de septiembre de 1896, corresponde a Magdalena M. de Pinedo, propietaria de un establecimiento llamado El Oasis, quien pone en conocimiento del público que las personas que no cubran sus cuentas serán desalojadas de las casas, valiéndose, si es necesario, de las autoridades competentes. Un aviso frontal, publicado hace más de ciento veinte años, cuando La Guajira no era departamento, ni Riohacha se asomaba como capital.

En otro periódico, La Voz de Padilla, aparece un aviso en caja completa que dice: Hotel Colombia. Situado en la calle del Templo y en un edificio moderno, cómodo y ventilado, ofrece un servicio completo y satisfactorio. Propietaria: Dolores Danies. Eso es todo. Y, sin embargo, en esa brevedad está casi todo lo que importa: la ubicación, la promesa y el nombre de quien responde.

En la misma página aparece un aviso de la Pensión Moderna, de Francisca Panfflee: la mejor y más cómoda de la ciudad, servicio esmerado de cocina, dormitorios bien ventilados y precios equitativos. La Pensión Moderna existía en la realidad mucho antes de que existiera el concepto moderno de hospedaje. Francisca Panfflee no estaba pensando en turismo. Tenía una casa grande, una cocina cuidada y clientes que volvían.

Los nombres que nadie escribió en los libros

La historia oficial de Riohacha se escribió, casi siempre, con nombres de hombres. Pero la historia de los primeros hospedajes de la ciudad la escribieron mujeres: Bertha Jiménez, en el Hotel San Jorge; la familia Danies Gómez, en el Hospedaje Carolina; Tomasa de Sarmiento, en su propio hospedaje; Mariana Gómez, en el Nuevo Hotel; Juana María Haayer, en el Tívoli; Francisca Panfflee, en la Pensión Moderna; y Dolores Danies, en el Hotel Colombia.

Eran empresarias antes de que esa palabra se usara para ellas. Administraban, cocinaban, cobraban, ponían límites y recibían forasteros con una mezcla de hospitalidad y firmeza que es, en el fondo, la misma fórmula que todavía sostiene buena parte de la hotelería independiente.

El Hotel Tívoli, de Juana María Haayer, merece párrafo aparte. Estaba ubicado en la calle Tercera, diagonal a la Catedral Nuestra Señora de los Remedios y al lado de la Oficina Telegráfica. Según quienes lo recordaban, era una réplica del Tívoli de Cuba: una vivienda familiar con un quiosco en el centro donde se realizaban tertulias nocturnas. El valor de una noche era de cinco centavos. Los clientes llegaban en lancha de motor o por la vía a Valledupar. Doña Liseyis Núñez de Barros, entrevistada a sus 89 años, decía que esa gente no era de aquí, sino de unas islas, sin precisar cuáles.

El hotel que nació en una casa y vio nacer un departamento

El Hotel Almirante Padilla es el único de los hoteles históricos de Riohacha que aún existe. Fue inaugurado en 1957 con veintidós habitaciones por Marco Seligman, un polaco que llegó a la ciudad, se casó con una riohachera y compró una casa para construir las habitaciones en la parte de atrás. La estructura era de dos pisos en forma de L y tenía una piscina que solo se llenaba cuando llovía, porque en Riohacha no había agua permanente. Eso, contó su hijo años después, era un gozo indescriptible.

En su Salón Rojo se celebraron matrimonios, bailes y banquetes. Allí se hospedaron el boxeador Kid Pambelé y el expresidente Gustavo Rojas Pinilla, este último en 1957. Los teléfonos de la ciudad eran de tres números. Cuando algún cliente se iba sin pagar, los hoteleros se llamaban entre sí para advertirse quién era mal pagador y protegerse. La señora del Almirante Padilla y la del Hotel Colonial se avisaban así, de hotel a hotel.

Antes del Almirante Padilla, en ese mismo solar funcionó el Nuevo Hotel, de Mariana Gómez, hacia 1949. Era un hotel de paso para los agentes viajeros que llegaban en los dos únicos buses de la ruta a Valledupar o en el único avión de la empresa Lanza, con capacidad para ocho personas. El escritor Eduardo Caballero Calderón se hospedó allí y luego publicó en El Tiempo que el lugar no tenía nada de nuevo ni mucho de hotel, pero que lo compensaban las tertulias nocturnas. A esas reuniones, animadas por el esposo de doña Mariana —apodado el Zambo Gómez— y frecuentadas por estudiantes, las llamaban el Café de Perico.

Una ciudad que le dio la espalda al mar

Hay un detalle que descubrí en la investigación y que todavía me da vueltas en la cabeza, porque tiene que ver con el trabajo que hago hoy. En una ciudad cuya primera calle corre paralela al mar, ninguno de los primeros hoteles y hospedajes se ubicó allí. Todos estaban en la segunda, la tercera o la quinta calle. Riohacha, literalmente, le dio la espalda a su mayor atractivo.

No fue un descuido. Era otra lógica. Los viajeros que llegaban no venían a ver el mar: venían a hacer negocios, a vender en el comercio o a cumplir diligencias. El turismo, como actividad pensada y planificada, no existía. Riohacha era ciudad de paso, no de destino. Y mientras Barranquilla y Santa Marta crecían como puertos, esta ciudad se fue quedando atrás, un poco aislada del progreso que llegaba al resto del Caribe.

Lo escribo y no puedo evitar verlo desde donde estoy parada ahora. Hoy trabajo, precisamente, en cómo ordenar y darle vocación a esas playas que durante un siglo no le importaron a nadie. Entender de dónde venimos —que la ciudad nació mirando hacia adentro, hacia el comercio y la provincia, y no hacia el mar— ayuda a explicar muchas de las dificultades que todavía arrastramos para pensarnos como destino. No se le puede pedir a un territorio que se asuma turístico de un día para otro cuando, durante generaciones, aprendió a darle la espalda a su propio litoral.

Lo que los clasificados no dijeron

Los avisos clasificados de los periódicos históricos de Riohacha son documentos de una precisión extraña. Dicen lo justo: «Hotel Colombia. Calle del Templo. Cómodo y ventilado. Propietaria: Dolores Danies«. No dicen cuántas habitaciones tenía, ni cómo era por dentro, ni quién era realmente Dolores Danies.

Lo que no dijeron los clasificados lo dijeron las personas. Luis Eduardo Gómez Gómez, arquitecto, recordó a sus 78 años que su madre, Mariana Gómez, atendía directamente a los agentes viajeros en el Nuevo Hotel. Marco Seligman hijo contó que nació en el Almirante Padilla y que siempre vivió de ese hotel. Y doña Liseyis Núñez de Barros, a sus 89 años, recordó algo mínimo y enorme: que una vez su esposo le cargó el equipaje a un forastero que acababa de llegar y el hombre le dio diez centavos. Eso era una fortuna, dijo.

Esas memorias son el archivo más vivo que tiene Riohacha sobre sus primeros hoteles. Y se están yendo.

Epílogo

Hoy Riohacha tiene decenas de establecimientos de alojamiento registrados: hoteles, hostales, apartahoteles y rancherías wayuu que ofrecen hamacas y chinchorros como experiencia propia. La oferta creció, se diversificó y se profesionalizó en parte. Pero lo esencial no ha cambiado tanto: la hotelería en Riohacha sigue siendo, en buena medida, un asunto de familias. De personas que tienen una casa grande y deciden abrir una habitación.

Los clasificados del siglo XIX ya lo habían entendido: un servicio completo y satisfactorio. En el fondo, eso era —y sigue siendo— casi todo.

Fuentes: Entrevistas realizadas en Riohacha en julio y agosto de 2015 a Liseyis Núñez de Barros (89 años), Luis Pugliese (61 años), Marco Seligman (59 años), Leda Danies y Luis Eduardo Gómez Gómez (78 años). Periódicos históricos de La Guajira: edición del 7 de septiembre de 1896 y ediciones de La Voz de Padilla. Investigación de pregrado sobre la historia de la hotelería de Riohacha, Universidad de La Guajira.

Los clasificados y fotografías de periódicos históricos que acompañan este artículo son documentos originales recuperados durante la investigación.

*Administradora Turística y Hotelera | Magíster en Alta Dirección y Desarrollo Hotelero | Investigadora en turismo y hospitalidad | Wayuu Apshana.