Seis días sin agua

Lo que el Fenómeno de El Niño le va a costar a la hotelería de Riohacha, y cómo calcular la respuesta

Por Tonia Tinoco Siosi*

Hay una diferencia entre quedarse sin agua y no tener con qué responder cuando eso ocurre. Las ciudades que diseñaron bien sus sistemas cuentan con respaldo: una fuente alterna, un embalse de reserva, una conducción secundaria que entra en operación cuando la principal falla. Riohacha no lo tiene. Cuando la conducción principal falla, la única capacidad de respuesta es la que cada casa y cada negocio haya construido por su cuenta, en su propia alberca y en su propio tanque.

Eso tiene una implicación que el sector turístico no ha calculado: aquí la autonomía hídrica de un establecimiento no es una buena práctica ambiental, es infraestructura crítica del negocio. Y el Fenómeno de El Niño llega con probabilidad superior al 97% de extenderse hasta el primer trimestre de 2027 y 81% de alcanzar intensidad muy fuerte durante el último trimestre de este año. El pico coincide con la temporada alta.

1. Las recomendaciones que circulan no fueron escritas para esta ciudad

Quien busque hoy orientación va a encontrar tres consejos: revise sus fugas, instale sistemas ahorradores y sensibilice a sus huéspedes. El problema no es que sean falsos. Es que suponen que el agua llega todos los días y el reto es usar menos. En Riohacha el agua llega por turnos, y entre uno y el siguiente pueden pasar varios días. Cuando no hay suministro, un dispositivo de ahorro en el grifo no resuelve nada.

Hay un segundo desajuste, de escala. Las guías técnicas más completas —las del Mediterráneo europeo— fueron escritas para establecimientos con piscina, jardines, lavandería industrial y sistemas centralizados. Recomiendan control remoto de redes, duchas de recirculación con filtro ultravioleta, riego por exudación subterránea. El parque hotelero de Riohacha suma 1. 712 habitaciones en 105 alojamientos: el 41% tiene diez habitaciones o menos y tres de cada cuatro tienen menos de veinte. Recomendarle a un establecimiento así un sistema inteligente de gestión de piscinas es una forma cortés de no decir nada.

De ese catálogo sí sirven, y bastante, las medidas de bajo costo: aireadores de grifo, que ahorran hasta un 70%; reguladores de caudal en duchas, entre 30 y 40%; sanitarios de doble descarga o sin brida, entre 30 y 70%; sensores de fuga y señalización de reúso de toallas. Todas se instalan sin obra y rinden igual en un establecimiento de diez habitaciones que en uno de doscientas. Conviene aclarar el primer término porque se presta a confusión: un aireador no tiene que ver con ventilación ni temperatura, es una pieza que se enrosca en la boca del grifo y mezcla aire con el agua, de modo que el chorro se siente igual pero pasa bastante menos.

Pero incluso aplicando todas, queda intacto el problema central: ninguna responde qué hacer los días en que no llega agua.

2. No todos los hoteles de Riohacha viven la misma ciudad

El operador publica un cronograma por sectores: cada zona recibe agua durante una ventana y luego queda sin servicio hasta el turno siguiente. Cruzar ese cronograma con la ubicación real de la oferta hotelera produce el hallazgo central de este artículo.

ComunaEstablec.HabitacionesHoras de agua/semanaDías sin servicio
Centro Histórico436031202,0
Nuevo Centro254891202,0
Coquivacoa266584,6
Aeropuerto Almirante Padilla373425,2
Nuestra Señora de Los Remedios448345,6
Cooperativo594345,6
Ecoturística Río Ranchería493246,0
Ecología–Laguna Salada y El Patrón586116,5
Bocagrande47886,7

Cruce entre el cronograma de turnos del operador de acueducto y la ubicación por comuna de los establecimientos de alojamiento.

El 64% de la oferta está en Centro Histórico y Nuevo Centro, las dos comunas mejor servidas: 120 horas semanales, con apenas dos días de intervalo seco. Eso explica algo que conviene decir con franqueza: si el sector no ha dimensionado el problema, en parte es porque está ubicado donde el racionamiento se siente menos. La crisis existe y es severa, pero le ocurre sobre todo a otros barrios.

En el extremo opuesto, los establecimientos de Bocagrande reciben agua ocho horas a la semana; el resto del tiempo dependen exclusivamente de lo almacenado. Y hay un agravante que no era evidente: los de fuera del centro no son los más pequeños. La capacidad mediana en Coquivacoa es de 33 habitaciones y en Aeropuerto de 22, frente a 10 en el Centro Histórico. Las comunas con menos agua concentran hoteles de mayor tamaño.

Dos establecimientos de la misma ciudad, bajo el mismo operador y las mismas normas técnicas, enfrentan un problema que difiere en un orden de magnitud. Ninguna recomendación única puede servirles a ambos.

3. Cuánta agua necesita almacenar su establecimiento

Los cálculos siguientes usan el establecimiento de capacidad mediana de cada comuna, ocupación del 70% y consumo de 250 litros por habitación ocupada por día, valor razonable para hotelería pequeña sin piscina ni lavandería industrial, más un 30% de margen operativo.

ComunaHab. medianasDías sin servicioReserva con margenTanques de 1.000 L
Centro Histórico102,04.550 L5
Nuevo Centro172,07.735 L8
Nuestra Señora de Los Remedios105,612.740 L13
Cooperativo185,622.932 L23
Bocagrande166,724.388 L25
Ecología–Laguna Salada y El Patrón176,525.139 L26
Aeropuerto Almirante Padilla225,226.026 L27
Ecoturística Río Ranchería206,027.300 L28
Coquivacoa334,634.534 L35

Ocupación del 70% y consumo de 250 litros por habitación ocupada: escenarios declarados, no mediciones. Riohacha no cuenta con una serie pública de ocupación hotelera.

Un establecimiento mediano del Centro Histórico requiere cinco tanques de mil litros; uno de Coquivacoa, treinta y cinco. Siete veces más infraestructura para operar en la misma ciudad, con la misma tarifa. Cada prestador puede obtener su propia cifra sin depender de estos supuestos: la factura del acueducto trae el consumo mensual en metros cúbicos, que dividido entre las habitaciones-noche vendidas da el consumo real por habitación ocupada.

Reserva objetivo = consumo por habitación ocupada × habitaciones ocupadas × días sin servicio × 1, 3

Hay un límite que conviene nombrar. Un establecimiento de treinta habitaciones fuera del centro necesitaría cuarenta y seis tanques; uno de cincuenta y nueve, noventa. Eso no es una recomendación, es una imposibilidad física: no hay dónde ubicarlos ni cómo sostener ese peso. Para los establecimientos medianos de esas comunas, el almacenamiento en tanques superficiales es un paliativo, y la respuesta pasa por alberca subterránea de mayor capacidad —que la construcción tradicional guajira ya resuelve, y que ninguna guía internacional menciona porque en el Mediterráneo nadie la necesita.

4. Lo que cuesta el agua cuando toca comprarla

Una consulta directa a dos proveedores de carrotanque de Riohacha, en julio de 2026, arroja cifras consistentes: un viaje de unos 10. 500 litros cuesta alrededor de 170. 000 pesos y uno de 15. 000 litros alrededor de 220. 000, con variación según el sector y el volumen. El agua comprada sale, entonces, entre 15 y 16 pesos por litro. Un tanque plástico de 1. 000 litros se consigue entre 380. 000 y 450. 000 pesos según la marca, de modo que el precio de un tanque equivale a comprar unos 27. 000 litros en carrotanque.

Con esas cifras, un establecimiento mediano que se abasteciera exclusivamente por carrotanque gastaría cerca de 810. 000 pesos mensuales en el Centro Histórico, alrededor de 1. 300. 000 en Bocagrande y del orden de 2. 700. 000 en Coquivacoa. Cerrar la brecha de almacenamiento cuesta, en la mayoría de las comunas, el equivalente a entre dos y ocho meses de esa compra.

No invertir en almacenamiento no es ahorrar. Es convertir un costo de una sola vez en un gasto mensual permanente.

Pero hay dos hallazgos de esa consulta que desaconsejan confiarle la contingencia al carrotanque. El primero: el agua que transportan proviene del acueducto, confirmado por ambos proveedores por separado. El carrotanque no agrega agua al sistema, la redistribuye; cuando el caudal que llega a la ciudad se reduce, no compensa esa reducción, la refleja. El segundo lo dijo uno de ellos con claridad: en temporada de alta demanda hay ocasiones en que no alcanzan a cubrir todos los viajes y los pendientes se reprograman para el día siguiente.

Un hotel que se quede sin agua un viernes de temporada alta puede tener que esperar al sábado. Con huéspedes adentro, eso no es un inconveniente logístico: es una crisis de servicio. La única autonomía que no depende de terceros es la que ya está almacenada dentro del establecimiento.

Ambos proveedores coincidieron además en que la demanda ha aumentado por el calor y por la reducción del suministro por tubería, asociada a la sequía del río que abastece la ciudad. Uno indicó que sus clientes son mayoritariamente residenciales y que no atiende hoteles, lo que sugiere que el sector todavía no usa este canal ni siquiera como respaldo.

5. Por qué el suministro no va a mejorar esta temporada

La planta de tratamiento principal produce 660 litros por segundo durante todo el año. En días críticos, al Distrito llegan 300, frente a una demanda estimada de 1. 000. La diferencia no se explica principalmente por el clima: más de la mitad del agua potable se queda en el trayecto, en cultivos, piscinas, pastoreo de ganado y mantenimiento de fincas. Las medidas anunciadas por el operador van dirigidas a esas pérdidas —reparación de fugas, anulación de acometidas no autorizadas— y a la coordinación institucional. Son correctas, pero ninguna incrementa el caudal que llega a la ciudad dentro del horizonte de esta temporada.

Conviene poner una cifra que ordena la discusión. Con 1. 712 habitaciones, ocupación del 70% y 250 litros por habitación, el parque hotelero completo demanda alrededor de 300 metros cúbicos diarios: unos 3, 5 litros por segundo, cerca del 1, 2% del agua que entra a la ciudad en días críticos. Es una estimación propia sobre supuestos declarados, pero el orden de magnitud es robusto. Dice dos cosas a la vez: que el sector turístico no es responsable de la crisis hídrica de Riohacha, ni remotamente; y que si su consumo es marginal, el costo de garantizarle continuidad también lo es.

Sería injusto afirmar que el tema no se ha abordado. El 4 de junio de 2026 se realizó la Mesa de Reactivación Económica de Riohacha, liderada por Asocapitales, la Superintendencia de Sociedades, la Alcaldía Distrital y la Cámara de Comercio de La Guajira, que identificó con precisión que el Fenómeno de El Niño presionaría los sistemas de agua y energía y afectaría al comercio, el turismo, la hotelería y las cadenas de frío. El diagnóstico existe y es correcto. Lo que falta es su traducción operativa: la principal recomendación técnica que dejó fue agilizar trámites de conexión de sistemas solares fotovoltaicos, pertinente en el frente energético, pero sobre el frente hídrico no quedó una herramienta que un prestador pueda aplicar el lunes siguiente.

6. Los otros tres frentes

El agua es el más severo, pero no el único.

En energía, la presión se siente antes de que exista un anuncio formal: las interrupciones se vuelven más frecuentes conforme el consumo aumenta por las altas temperaturas. El operador regional está en liquidación y el administrador del sistema nacional reporta un déficit de energía en firme del 2, 3% para 2026. La recomendación oficial —ajustar los aires entre 24 y 26 °C, apagar equipos— está escrita para un hogar: un hotel no puede apagar el aire de una habitación ocupada con 41 °C de sensación térmica afuera. Lo que sí puede hacer es determinar qué porcentaje de su factura corresponde a climatización, hacer mantenimiento de equipos antes de la temporada, revisar sellos y aislamiento, evaluar energía solar para los consumos base y, sobre todo, verificar que el bombeo desde albercas o tanques bajos tenga alternativa ante corte eléctrico. Ese último punto es crítico: en un establecimiento con tanque elevado, un corte de energía convierte una reserva de agua suficiente en una reserva inaccesible.

En alimentos, el costo llega después y se manifiesta como erosión del margen. Las proyecciones estiman que la inflación de alimentos podría cerrar 2026 alrededor del 11, 2%, frente al 6, 1% de comienzos de año, con papa, arroz, plátano, frutas frescas, yuca, cebolla, carne, leche y pescado entre los más vulnerables. Es el desayuno hotelero y la carta del restaurante. La recomendación estándar de comprar por anticipado exige inmovilizar capital, algo considerable para un establecimiento pequeño; conviene decirlo en lugar de repetirla como si fuera gratuita. Más realista es identificar los cinco insumos que más pesan y concentrar ahí cualquier compra anticipada, diversificar proveedores antes de que suban los precios, explorar compra colectiva entre prestadores y ajustar precios de manera gradual en lugar de corregir de golpe tras tres meses de absorber el alza.

Y queda el frente sobre el que menos se ha escrito: el huésped. Un estudio realizado en Santa Marta —destino costero con problemas de acueducto comparables— encontró que el 56% de los empresarios turísticos califica el agua que recibe como de mala calidad, mientras el 50% de los turistas la percibe como buena o excelente y el 71% afirma no haber advertido consecuencias. El mismo estudio documentó que el 37% de los empresarios reportó afectaciones a infraestructura y equipos, el 38% a la calidad del servicio y el 34% incumplimiento de estándares normativos.

Esa asimetría dice algo que vale para Riohacha: el prestador está absorbiendo en silencio un problema que el huésped no ve. El riesgo no es que se entere, sino que se entere de golpe, en medio de una interrupción y sin haber sido advertido.

No existe, hasta donde alcanza esta revisión, ningún protocolo publicado sobre comunicación con el huésped ante restricciones de agua en destinos con racionamiento estructural. Lo que sigue es una propuesta profesional: informar en la confirmación de reserva que el destino opera con suministro por turnos y que el establecimiento cuenta con reserva propia, presentándolo como una característica gestionada y no como advertencia; mencionarlo brevemente en el check-in; usar señalización que explique el porqué y no solo el qué; y tener definido de antemano quién informa durante una interrupción, con qué mensaje y qué se ofrece. Quien lo sabe de antemano lo lee como transparencia; quien lo descubre en la ducha lo lee como engaño.

Hay además un componente que trasciende lo operativo. En un territorio donde comunidades enteras no acceden a agua potable, un establecimiento que consume sin gestionar tiene un problema de legitimidad y no solo de logística.

7. Qué hacer, y cuándo

  • Esta semana: ubicar el establecimiento en la tabla de turnos, medir la capacidad de almacenamiento actual en litros, calcular la reserva objetivo con la fórmula y establecer la brecha. Verificar si el bombeo tiene alternativa ante corte eléctrico.
  • Este mes: cerrar la brecha de almacenamiento, priorizando capacidad sobre tecnología de ahorro —un tanque adicional rinde más que un aireador cuando el problema es que no llega agua. Instalar aireadores y reguladores de caudal. Acordar condiciones con proveedores de carrotanque, entendiendo que en temporada crítica los viajes pueden reprogramarse. Reparar fugas: con turnos de suministro, una fuga no solo cuesta dinero, vacía la reserva entre un turno y el siguiente.
  • Antes de la temporada alta: mantenimiento de equipos de climatización, protocolo de contingencia por escrito, ajuste de la comunicación previa a la llegada del huésped, e identificación de insumos críticos de alimentos.

Una nota sobre los datos

Las cifras de este artículo tienen limitaciones que conviene declarar. El consumo de 250 litros por habitación ocupada es un supuesto, aunque no uno arbitrario: se contrastó contra la facturación real de acueducto de un establecimiento urbano de la ciudad —con desayuno y lavado de lencería en sitio— cuyo consumo por habitación ocupada resultó menor, lo que sugiere que las reservas aquí calculadas son holgadas y no ajustadas. La ocupación del 70% también es un supuesto, porque Riohacha no cuenta con una serie pública de ocupación hotelera. Y la información de capacidad instalada presenta vacíos considerables: en los registros oficiales más recientes, más de la mitad de los establecimientos de alojamiento no reporta número de habitaciones, incluidos varios de los más grandes de la ciudad.

Ese vacío no es un detalle metodológico. Es parte del problema. Un sector que no sabe con precisión cuántas habitaciones tiene difícilmente puede calcular cuánta agua necesita, y mucho menos sustentar una posición técnica en las mesas donde se decide cómo se distribuyen los recursos del territorio.

Las guías disponibles no fallan por falta de buena intención. Fallan porque fueron escritas para establecimientos que reciben agua todos los días, en ciudades que tienen un plan B. Riohacha no lo tiene, y merece que alguien haga las cuentas con sus propios números.

Una evaluación técnica no dice qué hay que hacer. Ayuda a entender qué se puede hacer. Lo que sigue —decidir, invertir, prepararse— es del sector.

Fuentes: base de capacidad hotelera de Riohacha y Registro Nacional de Turismo; cronograma de turnos de suministro del operador de acueducto; comunicados del operador de acueducto (junio de 2026); boletín de la Mesa de Reactivación Económica de Riohacha (4 de junio de 2026); Ministerio de Minas y Energía y comunicados del operador de energía del Caribe (julio de 2026); proyecciones de inflación de centros de estudios económicos nacionales (mayo de 2026); IDEAM; guías técnicas internacionales de uso eficiente del agua en el sector turístico; consulta directa a dos proveedores de carrotanque y a proveedor local de tanques de almacenamiento (julio de 2026); facturación de acueducto de un establecimiento hotelero urbano de Riohacha (2026), usada de forma anónima para contrastar el supuesto de consumo; Vargas-Leira, Navarro-Hernández y Sossa-Álvarez (2023), Clío América. Cálculos de elaboración propia.

*Administradora Turística y Hotelera | Magíster en Alta Dirección y Desarrollo Hotelero | Investigadora en turismo y hospitalidad | Wayuu Apshana