Por Vizo Arcieri.

Y algunos de los más ricos del planeta, después del fin del mundo, se llevaron sus fortunas escondidas y, con parte de ellas, sobornaron al dueño del único camello que pasaba por el ojo de la aguja para llegar al cielo. Entraron de contrabando, sin que San Pedro se diera cuenta, y, al poco tiempo, intentaron refundar su hogar en las alturas, imponiendo un nuevo sistema de consumismo y capitalismo salvaje, aprovechando el desorden que imperaba por la llegada del gentío proveniente de la tierra. Además, porque estaban convencidos de que Dios no gustaba de los comunistas porque eran ateos y algunos no se bañaban todos los días.

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Ya instalados, y como si fuera poco de haberse colado, buscaron una cita con el Señor para hablarle “unas cositas” de su único hijo, Jesús, el Nazareno, que tal vez él no sabía. Querían intrigar del joven de 33 años, de sandalias y pelo largo. Querían ponerle quejas de su heredero, a quien iban a acusar de andar en malos pasos durante su vida en Jesuralén y otros pueblos vecinos, porque, según ellos, era menester que Dios, nuestro Señor, supiera, con pelos y señales completa, la historia de que su amado Jesús, además de hacer milagros y curar enfermos, como Él se lo había ordenado, muchas veces coqueteó, quizá sin su consentimiento, con las perversas ideas del castrochavismo de esos tiempos, cosa que querían que no se repitiera con tantos pobres deambulando por todos los caminos del cielo, que habían llegado en tropeles y que se jactaban ahora de ser los únicos y verdaderos dueños del Reino de Dios.

Diciembre 20 del 2020
En los tiempos del fin del mundo.

 

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