Por Abel Medina Sierra – Investigador cultural*.

Mohamad Jaafar Dasuki Hajj constituye un hito en la historia política de “El Maizal”, como traduce el nombre wayuu de “Maiko´u” del que se desprende Maicao, como conocemos la ciudad fronteriza. Es el primer ciudadano islámico en ejercer el primer cargo, el primero por elección popular en esta ciudad donde ha habido presencia árabe, específicamente sirio -libanesa, desde hace casi un siglo. Ya antes, descendientes de árabes como Alberto Abuchaibe Abudinen lo había sido por decreto y por el Concejo Municipal han pasado varios miembros de esta comunidad étnica y cultural que llegó a contar con unas seis mil personas en esta ciudad en los años 80s.

También es un hito por la masiva votación que alcanzó en las elecciones de octubre, doblando al más cercano oponente. Lo anterior legítima su gobierno al punto que, es quizás el único alcalde sin recibir embates que pongan en riesgo su elección con demandas. Tan alta votación, le confiere gran respaldo popular de arranque, pero también es evidencia de altas expectativas por parte de los maicaeros.

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“El verdadero cambio” es el lema de su campaña, lo que implica que debe hacer las cosas de modo diferente si quiere resultados mejores a quienes lo antecedieron en el cargo. Por ahora, se muestra un alcalde activo, frentero, capaz de abrir puertas, en permanente contacto con la comunidad, apropiado de los problemas. El camino es largo y sembrado de espinas, ojalá el alcalde tenga suficiente gasolina para no desmayar en ese derrotero.

Además de desdibujar cierta propaganda negativa con la que sus adversarios de contienda electoral quisieron restarle votos, Dasuki enfrenta muchos retos en su administración; imposible pensar que sea capaz de resolverlos favorablemente todos, pero que solo tendrá réditos si al menos afronta con solvencia y liderazgo los más puntuales. Están los retos que garantizan gobernabilidad, como el de mantener sólida la alianza que lo llevó a ganar las elecciones, darle protagonismo y escuchar a ciertos líderes que ya tienen suficiente experiencia administrativa y están de su lado. Por otra parte, asoma el duro reto de mantener una coalición que lo faculte y no se atraviese como mula muerta en su programa de gobierno. De mucho se perdió Maicao por los continuos saboteos disfrazados de control político de los concejales contra las iniciativas del ejecutivo. De que los concejales van a chantajear con la petición de canonjías “no tiene tutía”, pero entre más respaldo popular tenga el alcalde, menos trabas encuentra en el Concejo que hasta ahora está mayoritariamente a su favor.

Los grandes retos quizás son otros: las necesidades aplazadas de los maicaeros en cuanto a obras de hondo calado social. Hace rato que en Maicao no se inaugura una obra de gran impacto, solo algunas calles pavimentadas, ampliación de alcantarillado, algunos parques, murales. Pero, la obra del estadio Hernando Urrea Acosta sigue inconclusa como la nueva sede del Centro Administrativo Municipal del que se supo recientemente que costará el doble de lo previsto; el mercado nuevo se puso viejo porque es muy pequeño, se ha deteriorado y ahora se está usando como centro de acopio y no para los fines que fue construido. Dasuki debe concentrarse, amparado en la nueva normatividad, que le permite invertir en los llamados “elefantes blancos” para terminar una cantidad considerable de obras inconclusas.

Las obras de gran impacto que espera Maicao, deben incluir impajaritablemente más bibliotecas, somos de los municipios con menos libros por habitante. También el mercado público, ya sea ampliando el ubicado en la vía a Carraipía, derribando el actual y construir otro allí o uno nuevo en otro lugar. Es una obra urgente, inaplazable para recuperar la seguridad, la higiene, desestimular el caos y el mal uso del espacio público en una zona céntrica de la ciudad. De igual manera, los ciudadanos siguen esperando una plaza de eventos pues en Maicao no hay donde organizar un festival, ni eventos de carnaval, ni siquiera una feria decente. En el gobierno de José Luis González, tengo entendido que la Gobernación adquirió un lote en el barrio San José, cerca el estadio, antes llamado Cancha Arquins. El lote, con suficiente extensión, sigue esperando que algún alcalde construya allí una plaza de eventos como una ciudad grande requiere. Hasta municipios y corregimientos pequeños como La Jagua de Pilar y Cuestecitas nos ganan en plaza de eventos. También puede adecuarse para ferias artesanales, gastronómicas, campesinas entre otras.

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Sumemos a estas necesidades un aeropuerto que nos conecte con el país y el mundo, la alianza con otros municipios cercanos como Albania y Uribia puede ser una fórmula viable como fue la del relleno sanitario. También es hora que los maicaeros podamos tener una plaza central que no se vea interrumpida en su conjunto con la catedral por unas anti- estéricas colmenas como las del Cacaíto. Cierta vez escuché a Ovidio Mejía sobre una iniciativa que no se pudo concretar, de construir un nuevo centro comercial Cacaíto de dos pisos en la parte oeste de la Plaza Bolívar y reubicar allí las colmenas que, literalmente, tapan y ocultan no solo el paso sino la vista de la iglesia San José.

Por último, ya existe por acuerdo municipal la Escuela de Formación Artística Roberto Solano, pero no cuenta con planta física ni aprobación de la Secretaría de Educación para acreditar estudios en la modalidad de educación para el trabajo y el desarrollo humano. La planta se puede suplir cediendo la infraestructura donde funcionaba el Colegio Cooperativo y que regresó al municipio, el resto es mera gestión curricular para ofrendar la que sería, la más importante obra de este gobierno: formar cientos de maicaeros como artistas. Retos que no hay que perder de vista por la inmediatez de lo doméstico y contingente. Ojalá y el alcalde Dasuki no pierda la vista lo trascendente ni atomice el presupuesto en obras de poco impacto.

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