Desde su misión institucional la Universidad de La Guajira trabaja para consolidarse como una institución más incluyente. Esto lo logra mediante el acompañamiento diferencial a estudiantes que pertenecen a poblaciones diversas y grupos priorizados. De esta forma, quienes cursan algún programa encuentran en la Alma Máter un sitio seguro y acogedor.
De acuerdo con cifras del área de Desarrollo Humano de Bienestar Social Universitario, Uniguajira cuenta actualmente con 1074 estudiantes con discapacidad. Allí, los alumnos reciben seguimiento psicosocial, orientación académica y gestión de ajustes razonables, lo que facilita el ejercicio equitativo de sus derechos educativos.
Uno de estos casos es el de Dilana Andrea Iguarán Guerra, de 17 años, quien ingresó en este primer semestre de 2026 al programa de Economía, de la Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas. Ella habla sin temor sobre su proceso, el cual le ha enseñado a plantearse propósitos y metas que puede cumplir en el corto plazo.
“Cuando tenía 10 meses, me operaron de emergencia; de lo contrario, no habría sobrevivido. En esa cirugía algo falló y me generó una isquemia medular, condición que impide que camine con normalidad. Durante mucho tiempo no pude hacerlo, ni siquiera con bastones. Me arrastraba porque no lograba desplazarme; mis piernas no funcionaban”, comentó.

Dilana sueña con ser una economista graduada de la Universidad de La Guajira.
En la actualidad, dos muletas son sus mejores herramientas, ya que le permiten desplazarse entre bloques con mayor facilidad en su día a día. En este camino, Dilana percibe en sus compañeros de carrera un espíritu de colaboración que hace su experiencia formativa más llevadera.
“Al principio sentía un poco de miedo porque la universidad es un ambiente nuevo. Sin embargo, encontré mucha ayuda y amistades que son buenas conmigo; me asisten en lo que pueden y están pendientes de mí. Además, la directora resuelve mis dudas y coordina que mis clases se dicten en los primeros pisos para evitar problemas con los trayectos”, expresó.
Con historias como la de Dilana, la Universidad de La Guajira ratifica que el conocimiento no tiene barreras y que el talento florece cuando encuentra un suelo fértil en la empatía. Hoy, la Alma Máter se consolida no solo como un centro de excelencia académica, sino como un hogar de puertas abiertas donde cada sueño cuenta. En sus 50 años, es un lugar para todos, sin distingo alguno, donde la diversidad es su mayor riqueza y el respeto es el lenguaje que nos une.
Luis Jaime Ipuana Daza
Periodista Uniguajira
