Por Fredy González Zubiría – Investigador cultural*.

El amigo italiano Marco Gigli, quien reside temporalmente en el Congo (África), gentilmente me envío unas fotografías de la bahía Loango. Estas playas que se pueden describir como paradisiacas, tienen un pasado muy triste. Desde allí partieron miles de hombres, mujeres y niños esclavizados rumbo a sur América, muchos llegaron a la Costa Caribe de Colombia en el siglo XVI.

La historia del Reino del Congo, como se llamaba en esa época, deja muchas enseñanzas. El rey Nzinga Mbemba con el interés de modernizar el país hizo un acuerdo con los portugueses. Portugal enviaría misioneros católicos, albañiles y carpinteros. A cambio el Congo le entregaría marfil y esclavos.

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Mbemba aceptó, en el Reino de Congo había suficientes esclavos producto de negocios o guerras con otras tribus y autorizó a los europeos el libre comercio de esclavos. Fue su peor error. Fue tanta la demanda en América que los esclavizados del Congo se agotaron rápidamente y los portugueses veían como potenciales esclavos a cada persona del Congo.

Portugal con su poderoso ejército impuso su ley. Hicieron alianzas económicas con grupos de bandidos para cazar personas por todo el Congo. El rey Mbemba envió cartas al rey de Portugal, pero sus quejas nunca surtieron efecto.

Los europeos lograron que la gente del Congo dependiera de sus productos como la harina y solo les interesaba intercambiarla por esclavos. Para acceder a esos productos, los locales se raptaban unos con otros. El país terminó medio despoblado.

En el Caribe colombiano heredamos del Congo parte de su culinaria, su música y algunas palabras como bololó, que significa alboroto y que viene del kikongo Bu-lolo que significa multitud.

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