Con motivo de los 41 años de sacerdocio, 16 de obispo y 6 en la Diócesis de Riohacha.
Monseñor Francisco Antonio Ceballos Escobar nació el 4 de marzo de 1958, en las agrestes montañas del sur del Quindío, en un pueblo llamado Génova, en el hogar conformado por Julio Ceballos Martínez y Rosalbina Escobar Arango, ya fallecidos, siendo el quinto de trece hijos: siete mujeres y seis hombres.
A Génova, tierra fértil de aserradores, arrieros, ganaderos y agricultores, bañada de sur a norte por los ríos Gris, San Juan y Rojo, llegaron sus antepasados procedentes de la culta Salamina y de Pácora, Caldas, por caminos diferentes y en épocas distintas.
Recibió las aguas del bautismo a los ocho días de nacido y fue ungido con el crisma de los testigos de la fe, sin haber cumplido los cuatro años de edad, en una de las visitas pastorales que hizo el recién nombrado obispo de Armenia, monseñor Jesús Martínez Vargas. Cumplidos los ocho años de edad, recibió el sacramento de la Eucaristía, alimento espiritual que le permitió adherirse más a Cristo y cuidar el germen de vocación que desde pequeño había descubierto.
Su infancia y parte de su adolescencia transcurrieron en Génova, entre juegos, estudios, trabajos caseros y una gran cercanía a la Iglesia, en donde encontró excelentes párrocos y religiosas que, con el ejemplo de vida, amén del de su familia, reforzaron su deseo de hacerse sacerdote. Como cualquier adolescente, también se enamoró. Amor de adolescencia: puro y respetuoso como el de la época, alimentado por las bellas letras de las canciones que, más que repetición de palabras y sonidos estrambóticos, eran verdaderos poemas que resaltaban sus sentimientos.
A la edad de 16 años viajó con su familia a la ciudad de Armenia, buscando mejores oportunidades de estudio. Allí frecuentó la parroquia del Sagrado Corazón, animada pastoralmente por el padre Horacio Gil, su antiguo mentor; como también visitaba con frecuencia la iglesia de San Francisco y la catedral La Inmaculada.
Se matriculó en el colegio Alejandro Suárez y, al terminar el noveno grado, invitado por el misionero redentorista Manuel Antonio Guerrero, viajó al Seminario Menor de los padres redentoristas, en Manizales, en donde obtuvo el título de bachiller. Fue famoso el discurso de grado que dirigió a los asistentes en nombre de sus compañeros, en el cual, citando al gran pedagogo brasileño Paulo Freire, invitaba a dar el paso de una educación bancaria, como la que se daba en el momento, a una educación liberadora, como sugerían las nuevas tendencias en ese campo. Sugería educar para la paz, la armonía y, especialmente, para el autoconocimiento.
Convencido de su opción en el seguimiento de Cristo, entró en la Congregación del Santísimo Redentor tras haber hecho el noviciado y haber profesado los votos religiosos en Piedecuesta, Santander, el 14 de enero de 1979. De él escribió el maestro de novicios, en el último informe enviado al Consejo Provincial para la aceptación a los votos religiosos: «Joven que hace despertar buenas esperanzas… Tiene una voluntad decidida y una gran rectitud. Su esfuerzo ya realizado hace esperar que en ese plan pueda llegar a ser un excelente religioso y un celoso sacerdote. Tiene muy buenas aptitudes para el trabajo pastoral, especialmente con jóvenes».
Cursó estudios filosóficos en el Centro de Filosofía y Pastoral (CEPAF) y, al terminarlos, fue enviado a la ciudad de México, en donde inició la Teología, obligado a interrumpirla por el fallecimiento de su señor padre, estudios que continuó en la Universidad Javeriana de Bogotá.
El 4 de agosto de 1984, en la Basílica del Señor de los Milagros de Buga, y ante el padre general de la Congregación del Santísimo Redentor, Joseph Fhab, emitió sus votos perpetuos. El 13 de octubre del mismo año recibió la ordenación diaconal de manos de monseñor Arcadio Bernal Supelano, obispo del Vicariato Apostólico de Sibundoy, y el 29 de junio de 1985 se ordenó sacerdote en la Basílica del Señor de los Milagros, de manos de monseñor Rodrigo Arango Velásquez, obispo de la Diócesis de Buga.
La vida pastoral de monseñor Francisco en la Congregación Redentorista fue variada y fecunda. Recién ordenado sacerdote fue misionero itinerante por los caminos y veredas de Caldas; un año después lo enrolaron en la formación de los futuros sacerdotes redentoristas como socio del Teologado; después fue director, profesor y capellán del Seminario Menor de Manizales. En 1990 trabajó en el Vicariato Apostólico de Sibundoy como director del Seminario y rector del Colegio-Seminario Misional de Sibundoy. Al año siguiente regresó a la ciudad de Manizales, en donde asumió la rectoría del Colegio Seminario San Clemente María Hofbauer, alternando su oficio como miembro del Consejo Extraordinario y Ordinario de la Provincia Redentorista de Bogotá.

Finalizado su servicio como rector del Colegio de Manizales, en 1996 fue trasladado al Santuario del Señor de los Milagros de Buga, pero su paso por esa comunidad fue fugaz al ser enviado a la ciudad de Roma a continuar sus estudios de especialización, obteniendo la licenciatura en Teología Moral en la Academia Alfonsiana y un diploma de perfeccionamiento en Bioética en la Universidad Católica del Sacro Cuore.
Al regresar de sus estudios volvió a Buga (1998) por un semestre, porque al empezar el nuevo trienio en la Provincia (1999-2001), fue nombrado superior y prefecto del Teologado San Juan Neumann, en Bogotá, al término del cual fue elegido superior provincial de la Provincia Redentorista de Bogotá, servicio que prestó por dos trienios consecutivos (2002-2007).
En el año 2008, el superior general de los redentoristas le pidió ser uno de los tres moderadores del XXIV Capítulo General, ejerciendo esta función, primero, desde Boston, Massachusetts, y, luego, desde Manhattan, en donde alternaba con los estudios de la lengua inglesa.
En septiembre de 2008, sin cumplir el objetivo a satisfacción para el cual viajó a los Estados Unidos, fue llamado para regir los destinos pastorales del Vicariato Apostólico de Puerto Carreño, como administrador apostólico; año y medio después el papa Benedicto XVI lo nombró obispo de Zarna y vicario apostólico de Puerto Carreño, recibiendo la ordenación episcopal el 30 de julio de 2010, en la Basílica del Señor de los Milagros de Buga, de manos del señor nuncio Aldo Cavalli y posesionándose el 22 de agosto del mismo año en la Catedral Nuestra Señora del Carmen de Puerto Carreño.
Durante los doce años de su presencia en Puerto Carreño se preocupó por el anuncio extraordinario del Evangelio por medio de las misiones populares, propias del carisma de su Congregación. Con la ayuda de sus sacerdotes construyó templos y adquirió terrenos pensando en el futuro de la Iglesia de ese territorio. El mundo indígena ocupó un puesto importante en su ministerio. Respondió con prontitud a las emergencias naturales, al fenómeno migratorio, al covid-19, para lo cual reforzó la Pastoral Social y buscó ayudas económicas para atender a los más necesitados. Los pobres y vulnerables siempre estuvieron en el centro de su ministerio episcopal.
El 25 de marzo de 2015 fue nombrado administrador, sede plena, del Vicariato Apostólico de Puerto Gaitán, Meta, ante la enfermedad de monseñor Horacio Gómez González, servicio que prestó hasta el 16 de junio de 2017, fecha en que asumió el nuevo vicario apostólico de Puerto Gaitán.
Después de casi dos años como administrador apostólico de Puerto Carreño y diez como vicario apostólico, el 22 de abril de 2020, el santo padre Francisco lo llamó para ser obispo de la Diócesis de Riohacha; designación que aceptó con obsequiosa disponibilidad, haciendo honor a las palabras programáticas impresas en su corazón y en su escudo episcopal: «Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad». Se posesionó el 4 de junio de 2020 como el quinto obispo de la Diócesis de Riohacha, emprendiendo una notable labor evangelizadora en este nuevo pastoreo.
Monseñor Francisco Antonio tuvo la fortuna de nacer en una época de profundos y dramáticos cambios a todo nivel, pero el hecho eclesial más significativo fue el Concilio Vaticano II, convocado el 25 de enero de 1959 por el papa Juan XXIII e inaugurado el 11 de octubre de 1962 y terminado el 8 de diciembre de 1965. Este Concilio tuvo como objetivos principales promover el desarrollo de la fe católica, lograr una renovación moral de la vida cristiana de los fieles, adaptar la disciplina eclesiástica a las necesidades y métodos de nuestro tiempo, y lograr la mejor interrelación con las demás religiones, especialmente las orientales. Descollaron en esta época conciliar grandes y connotados teólogos como Karl Rahner, Yves Congar, Joseph Ratzinger, Henri de Lubac y Hans Küng, que a la postre influyeron en la formación académica, espiritual, pastoral y sacerdotal de monseñor Francisco Antonio.
A nivel de la Iglesia latinoamericana, grandes acontecimientos influyeron en su manera de vivir la fe y enfrentarse al mundo. Amén del influjo del Concilio Vaticano II, las Conferencias Episcopales de América Latina en Río de Janeiro, Medellín, Puebla, Santo Domingo y Aparecida. La aparición de la llamada filosofía latinoamericana y teología de la liberación jugó un papel muy importante en su reflexión y formación académica y pastoral.
Al cumplir 41 años de sacerdocio, 16 de obispo y 6 sirviendo a la Diócesis de Riohacha, agradecemos a Dios por la vida y ministerio de monseñor Francisco. Deseamos que su ministerio siga siendo fecundo hasta el día en que el Señor lo tenga entre nosotros.
Por moderador de la Curia Diocesana.
