Por Limedis Castillo Mendoza – Poeta, narrador y cronista.

Lolita es una historia sólida, sin lugar a duda un manuscrito erótico y voluptuoso, una obra con un tono justo para el tema que aborda, un narrador testigo que convence; unas escenas seductoras y emocionantes y, particularmente la consistencia narrativa con la que describe los encuentros incestuosos y de pederastia entre un experimentado adulto y una preadolescente. El tratamiento literario de una u otra manera han marcado la vida de los lectores y la mía por supuesto. Un obra cargada de pasajes de una fuerza y contundencia de una exquisita y fina poesía de tal manera que no puede dejar a nadie que la lee indiferente. Lolita es una novela con colorante y teñidura instintiva y sensual; que escandalizó a la sociedad Norteamericana en los años 50 y 60 y que hoy todavía perturba a más de un puritano que prefería verla incinerada que en las manos de los adolescentes.

Una obra que según algunos conservadores y custodios de los buenos hábitos está dispuesta a pervertir a la juventud y lo ha logrado. Dicha novela ha conseguido atraer por esa misma razón (de enviciar y pervertir) a un sinnúmero de lectores libidinosos, como yo por ejemplo corrompido hasta los tuétanos por dicha obra.

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La obra arranca con un falso prólogo escrito por un tal John Ray jr., Doctor en Filosofía, Widworth, Mass; que afirma: “Lolita o las Confesiones de un viudo de raza blanca: tales eran los dos títulos con los cuales el autor de esta nota recibió las extrañas páginas que prologa. «Humbert Humbert», su autor, había muerto de trombosis coronaria, en la prisión, el 16 de noviembre de 1952, pocos días antes de que se fijara el comienzo de su proceso. Su abogado, mi buen amigo y pariente Clarence Choate Clark, Esquire, que pertenece ahora al foro del distrito de Columbia, me pidió que publicara el manuscrito apoyando su demanda en una cláusula del testamento de su cliente que daba a mi eminente primo facultades para obrar según su propio criterio en cuanto se relacionara con la publicación de Lolita. Es posible que la decisión de Clark se debiera al hecho de que el editor elegido acabara de obtener el Premio Polingo por una modesta obra (¿Tienen sentido los sentidos?) donde se discuten ciertas perversiones y estados morbosos”.

Pero Lolita no está sola; le acompañan otras novelas que han hecho camino en el vasto universo de las letras entre ellas: Los 120 días de Sodoma del el Marqués de Sade escrita en 1785 cargada de erotismo y pasión. Una obra que está llena de una dulce perversión de los personajes. El amante de Lady Chatterley es una obra publicada en 1928. Fue censurada por lo evidente y lo rotundo con la que se describen encuentros sexuales. Es una novela del estadounidense D.H. Lawrence. Una mujer infiel en una sociedad conservadora y puritana ameritaba la censura y la reprobación. Luego Trópico de Cáncer publicada en 1934 por el autor Henry Miller. Una novela que recogió adeptos desde su primera publicación y es que podemos afirmar y apuesto mi lengua que lo erótico despierta cierta suspicacia en los lectores, no lo sé, pero aviva ese deseo casi infantil de conocer y de probar.

Es Lolita de Vladimir Nabokov la obra que nos interesa. Nos atañe por ver la decadencia de una sociedad sujeta normas y principios anquilosados en un pasado brumoso. Nos concierne porque su inspiración turba al lector más intrépido y osado. Lolita ataca la cordura y el modelo de la familia nuclear, en una sociedad donde no es permitido y licito la historia de amor de un hombre mayor y lujurioso y una encantadora adolescente a la cual le triplica la edad.

Moreno (1995) plantea: “Como si se tratara de elaborar una nomenclatura del más clásico rigor entomológico, Vladimir Nabokov determina en su escritura géneros, fija variedades, clasifica filiaciones, vivisecciona especies y analiza la estructura y hábitos de unos bichos que no son otros que ciertas deliciosas muchachas en pleno tránsito hacia la pubertad. No es por ello casual que la primera hembra conocida de la variedad “Lycaeides sublivens Nabokov” caiga en la red del escritor -transmutado en lepidopterólogo- en un punto indeterminado de la compleja geografía por la que, de la caricia al retozo, deambulan Lolita Haze y el “villano” Humbert Humbert, en la más célebre novela del autor ruso. Ya en el capítulo quinto de la primera parte de Lolita, Nabokov consigna su profesión de fe al respecto: «Entre los límites temporales de los nueve y catorce años surgen doncellas que revelan a ciertos viajeros embrujados, dos o más veces mayores que ellas, su verdadera naturaleza, no humana sino de ninfas (o sea demoníaca); propongo llamar nínfulas a esas criaturas escogidas”.

¿Es el sexo una palabra tabú en nuestra sociedad actual? ¿Estas obras mencionadas con antelación abrieron camino para descubrir lo sexuado del hombre? Estamos cargados de tanta mojigatería y puritanismo y no vemos en estas obras unas piezas literarias, unas verdaderas obras de arte. En un diálogo que sostuve con un docente de lengua castellana de los grados 10º y 11º quedó escandalizado frente a mi propuesta de llevar dichas novelas a las aulas. Me afirmó que por cuestiones éticas y religiosa le impedían proponer ese tipo de lectura en los adolescentes puesto que los pervertiría irremediablemente. Desde allí deduje que dichas obras son desconocidas por un inmenso público y todo por que
elevan el erotismo, el sexo a lo más puro y sagrado que puede tener el ser humano.

Es pues Lolita la encarnación de un amor prohibido, de un pecado casi original, de las transgresiones de los valores en los cuales se fundamenta una sociedad. Y que el tema de la ninfofilia abunda en la literatura como la afirma Moreno (1995): “El tema de la ninfofilia ha estado presente siempre en una extensa parcela de la literatura universal y, más allá de las consideraciones morales -de otra parte profundamente desdeñables- que se puedan incoar a la hora de su evacuación, bien sea para su justificación o su repudio, ha contribuido a conformar una de las más complejas, inquietantes y por ello mismo valiosas mitologías de todos los tiempos. Detrás de muchas obras memorables, parte esencial de la madurez cultural de Occidente, subyace una serie de eventos non sanctos para la pacatería de algunos exégetas en trance de moralistas: Dante se enamoró de Beatrice cuando ésta sólo tenía nueve años de edad; Petrarca amó los doce años de su Laura; Novalis nutrió la poiesis de su obra a partir de los doce años de Sophia von Khuhn; Edgar Allan Poe honró los trece años de Virginia Clem; Lewis Carroll no ocultó nunca su entusiasmo por los doce años de Alicia Lindell y, de proseguir, los ejemplos se harían hostigantes. El marco de edad señalado expresamente por Nabokov se cumple en todos los casos y la identidad de la nínfula se hace cada vez más nítida y precisa: Lolita -nombre que, como dice el autor, la gente se cuida de ponerle a sus hijas ya que después de la publicación de su novela sólo se le endilga a los logros o a “ciertas perras de agua”-, junto con Ada, Lucette y Ninka, concilia en su imagen todos los elementos que, probablemente desde las hijas de Lot, tipifican a esa muchachita entre ingenua y pervertida que retoza para mayor deleite de unos cuantos adultos elegidos”.

Lolita una novela que llega a ser un escándalo y que fue vetada en muchos países( Estados Unidos, Inglaterra, Argentina) donde no estaban preparados para la ficción amorosa y carnal que se contaba dentro de ella. Una obra tachada de pornográfica y lasciva a la familia y las buenas costumbres. La actitud de un adulto que corrompe a una niña y logra en ella un despertar de lo sexual y libidinoso. La obsesión de un profesor y su atracción enfermiza por las menores de edad en una historia cargada de erotismo y lenguaje netamente poéticos. Una obra que hace su contribución a la literatura Universal.

¿Por qué nos gusta una adolescente y nos repele una mujer adulta?

Según Humbert Humbert: “Nos enamoramos simultáneamente, de una manera frenética, impúdica, agonizante. Y desesperada, debería agregar, porque este arrebato de mutua posesión sólo se habría saciado si cada uno se hubiera embebido y saturado realmente de cada partícula del alma y el corazón del otro; pero ahí nos quedábamos ambos, incapaces hasta de encontrar esas oportunidades de juntarnos que habrían sido tan fáciles para los chicos callejeros. Después de un enloquecido intento de encontrarnos cierta noche”.

¿Cómo funciona el deseo por una menor de edad?

Humbert Humbert nos lo esboza de la siguiente manera: “Era una voz musical, con dulzura de manzanas. Sus piernas se estremecieron un poco. Y allí estaba ella, reclinada contra el ángulo derecho del escritorio. Lola la colegiala, devorando su fruto inmemorial, cantando a través de su jugo, perdiendo una zapatilla, restregando el talón de su pie desnudo contra un sucio tobillo, contra la pila de revistas viejas amontonadas a mi izquierda, sobre el sofá… y cada movimiento suyo me ayudaba a ocultar y mejorar el oculto sistema de correspondencia táctil entre mi ente enfermo y la belleza de su cuerpo con hoyuelos, bajo el inocente vestido de algodón”.

¿Qué mecanismos guardan una misteriosa lógica en la que se combinan química, psicología por hacer el amor con una menor de edad?

Humbert Humbert nos traza la respuesta de la siguiente manera: “Allí, en la muelle arena, a pocos metros de nuestros mayores, nos quedábamos tendidos la mañana entera, en un petrificado paroxismo, y aprovechábamos cada bendita grieta abierta en el espacio y el tiempo; su mano, medio oculta en la arena, se deslizaba hacia mí, sus bellos dedos morenos se acercaban cada vez más, como en sueños; entonces su rodilla opalina iniciaba una cautelosa travesía; a veces, una providencial muralla construida por los niños nos garantizaba amparo suficiente para rozarnos los labios salados; esos contactos incompletos producían en nuestros cuerpos jóvenes, sanos e inexpertos, un estado de exasperación tal, que ni aun el agua fría y azul, bajo la cual nos aferrábamos, podía aliviar”.

¿Es el deseo hacia las nínfulas un gusano ciego en nuestra mente?

Dice Humbert Humbert: “Ella tembló y se crispó cuando le besé el ángulo de los labios abiertos y el lóbulo caliente de la oreja. Un racimo de estrellas brillaba plácidamente sobre nosotros, entre siluetas de largas hojas delgadas; ese cielo vibrante parecía tan desnudo como ella bajo su vestido liviano. Vi su rostro contra el cielo, extrañamente nítido, como si emitiera una tenue irradiación. Sus piernas, sus adorables piernas vivientes, no estaban muy juntas y cuando localicé lo que buscaba, sus rasgos infantiles adquirieron una expresión soñadora y atemorizada”.

¿Qué entramado subjetivo que me lleva a desear a una púber?

Según Humbert Humbert: “Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía. Lo-li-ta: la punta de la lengua emprende un viaje de tres pasos desde el borde del paladar para apoyarse, en el tercero, en el borde de los dientes. Lo.Li.Ta. Era Lo, sencillamente Lo, por la mañana, un metro cuarenta y ocho de estatura con pies descalzos. Era Lola con pantalones. Era Dolly en la escuela. Era Dolores cuando firmaba. Pero en mis brazos era siempre Lolita”.

¿Qué papel cumple la palabra sumisión?

Para Humbert Humbert: “Ella gritó con una súbita nota chillona en la voz, y agitó el cuerpo, y se contorsionó, y echó atrás la cabeza, y mi boca quejosa, señores del jurado, llegó casi hasta su cuello desnudo, mientras sofocaba contra su pecho izquierdo el último latido del éxtasis más prolongado que haya conocido nunca hombre o monstruo”.

Rescatamos algunas frases poéticas donde se refleja ese amor de H.H. por su Lolita. Nabokov es un poeta y cuando desea volcar toda la pasión a través de las metáforas suelta una de los siguientes enunciados que es o reflejo seguro como un espejo de la pasión por las Ninfas:

“De repente estábamos locamente, torpemente, desvergonzadamente, agónicamente enamorados el uno del otro…”

“Pienso que todo es una cuestión de amor; cuanto más amas a un recuerdo, más fuerte y extraño es”.

“Nos amamos con un amor prematuro, con la violencia que a menudo destruye vidas adultas”. …“Bajo el sol de medianoche los sueños tienden a ser de vivos colores”.

“Oh Lolita, tú eres mi niña, así como Virginia fue la de Poe y Beatriz la de Dante”.

«Mi corazón pareció latir en todas partes al mismo tiempo. Nunca en mi vida…” Era amor a primera vista, a última vista, a cualquier vista”.

Lolita (1997).

Nota: Todavía hasta el día de hoy, 26 de Julio de 2021, cuando ingresa la palabra Lolita en el buscador más utilizado en Internet Google aparece:

“Advertencia | Pornografía infantil es ilegal | google.com.co‎
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Webgrafía:
• Nabokov.; V. Lolita. Editorial: Anagrama. Barcelona 1995.
• Lolita de Vladimir Nabokov, Una Novela de terror Eguren Carlos J. https://www.moonmagazine.info/lolita-de-vladimir-nabokov/ consultado el 09/12/2018.
• Bansinath B. El dolor de descubrir que eres Lolita en: https://www.nytimes.com/es/2018/02/16/modern-love-lolita-tio-abuso/ Consultado el 09/12/2018.
• Moreno D., Rafael H. Nabokov: ninfas y otras lascivas especies de dorada pubescencia. Revista Colombiana de Psicología; No 4 (Año 1995) Universidad Nacional de Colombia encontrado en: https://revistas.unal.edu.co/index.php/psicologia/article/view/15924 Consultado el 09/12/2018.