Por Limedis Castillo Mendoza – Poeta, narrador y cronista.

Es un lunes plomizo, inicio de la semana. Hace calor. En el aire se siente la humedad de la brisa que viene del mar. En la escuela hay árboles de mango, nísperos y mamón: — sus hojas de color verde claro— se mueven con los vientos del nordeste. Huele a barro y moho, el rumor de la lluvia está cerca, el trópico en su perpetuidad de lluvias venideras.

Los estudiantes no están en clase, no ha llegado la alternancia, después de un año de pandemia nos hacen falta las habladurías en los salones de clase, la risa de los niños, las algarabías en los recreos, el murmullo de las docentes en las aulas.

El profe se llama Eduardo Rafael Lázaro Arroyo, nació en una mañana lluviosa, en un pequeño pueblo llamado Santa Rosa de Lima, corregimiento de Chinú en el departamento de Córdoba, un 4 de mayo de 1957. Es un hijo de la tierra oscura y de campesinos laboriosos, en un pueblito de palmas y bareque rodeado de haciendas ganaderas y agrícolas. Allí en su infancia observaba el mundo con los ojos de la inocencia como si la creación apenas iniciara, como si iniciara el tiempo y el mismo instante.

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Estamos en Riohacha, el Distrito turístico y cultural en lo más norte de Colombia. Habíamos pactado una posible crónica sobre su experiencia docente en La Guajira y la pedagogía de los pájaros.

Son las 9:10 de la mañana, es abril, un sol tropical se revienta entre los mangos. Hago caso omiso de seguir metaforizando el mundo. Lo que quiero es producir o crear una crónica con un colorante literario al estilo de Truman Capote o Gay Talese. Trataré de hacerla como lo plantea el teórico G. Martín Vivaldi cuando alega “el cronista, al narrar algo, nos da su versión del suceso, pone en su narración un tinte personal”.

Lázaro afirma que se graduó de licenciatura en biología y química en la Universidad de Magdalena y por cosa del destino vino a dar a La Guajira, más exactamente a la Institución Almirante Padilla, en la capital, por intermedio del sociólogo y doctor en Historia Edgar Rey Sinning quien fungía como rector, para aquel entonces corría el año 1987.

De pronto, su memoria se activa: — El tipo tenía una visión de arte, agrega con vehemencia sobre Rey Sinning.

—Nosotros veníamos de un proceso con las danzas de la Universidad del Magdalena y habíamos tenido un recorrido a nivel nacional e internacional. Entonces nos dijo Rey Sinning: —“Listo ustedes son lo que yo necesito”. Mi esposa en ese entonces bailaba con el grupo. Yo dirigía al grupo de percusión de la universidad, así fue que llegamos acá, precisamente a trabajar.

Señala que como docente de biología y química y su esposa como docente de español e inglés se abrieron paso en esa Guajira apacible. Trabajaban dando clases de mañana y en las tarde con los estudiantes conformaron un grupo de danza. Allí arrancó su proceso pedagógico en La Guajira, tres años en el Almirante Padilla y después pasó a la Institución Helión Pinedo Ríos, con una temporada de 12 años de academia. Revela que en esta última formó una banda musical en la que la trabajó mucho, e incluso algunos estudiantes quedaron vinculados a ese proceso de la música. Finalmente llega a la Institución Educativa Centro de Integración Popular IPC, donde labora actualmente.

—Podemos reconocer a muchos egresados de la Universidad del Magdalena haciendo presencia en La Guajira, es decir ejerciendo la docencia. Yo lo interpelo.

—Claro, agrega, y su voz sale como la melodía de un pájaro desconocido. Tememos a maestros como Luis Rangel Terán, Máximo Granados, Daisy Socarras, Edgar Granados e Inés Blanco, docentes comprometidos en los procesos pedagógicos y apostándole a los jóvenes de La Guajira y pues hemos sido muy bien reconocidos porque somos dinámicos, somos trabajadores duros, desde las áreas de conocimiento en que nos hemos formado.

Cuando Carmen Vega, su esposa y él llegaron a La Guajira, el embarazo estaba adelantado, nace la primera hija en Santa Marta.

—Nos desplazamos allá por la familia, asevera.
Luego después de ese periodo de receso regresa nuevamente a La Guajira; donde nacen sus otras dos hijas.

—Siempre hemos tenido una expectativa con nuestras hijas, argumenta.

—Procuro rodearlas y rotarlas en todas las artes; en la danza, la música, el teatro, la cuentería, la literatura, las artes plásticas y los idiomas. Probar un abanico de posibilidades incluso quería que una fuera médica pero cada uno escogió su propia profesión.

Ana Karina Lázaro Vega, la hija mayor, estudió negocios internacionales en la Universidad del Norte. Hoy cuenta con una experiencia en China de 7 años. En estos momentos se encuentra en Europa por la cuestión de la pandemia; pero quiere regresar pronto a su destino la ciudad de Shenzhen en China.

Melisa Lázaro Vega, segunda hija del matrimonio, terminó comunicación empresarial en la Universidad de Medellín y hoy se encuentra trabajando con unas Ongs en Estados Unidos, en el estado de Washington. Por su parte, la hija menor Paola Andrea Lázaro Vega (músico de vocación) estudió diseño gráfico publicitario y está cursando una maestría en Argentina en la Universidad de Buenos Aires. Enfatiza que ya terminó académicamente y en estos momentos realiza su tesis y labora en una empresa internacional de productos de belleza.

Le pido que me hable de la pedagogía de los pájaros; como tratando de que su experiencia de muchos años en la ciencias naturales nos lleve por caminos indescifrables de la naturaleza misma. Sus ojos son de un cardenal guajiro y su voz es cautelosa, comienza a hilvanar y me comenta:

—Jean-Jacqes Rousseau nos enseña “hay un libro abierto siempre para todos los ojos: la naturaleza”, ese libro abierto está allí y nosotros tenemos que reconocerlo y debemos problematizarlo y sacar nuestros recursos pedagógicos para que los estudiantes se apropien de ese contexto que está en la naturaleza.

Yo pienso en la historiadora Caridad Brito Ballesteros y en la crónica que debo entregarle. Espero que me salga bien. Y pueda presentarla en el taller de crónicas del área cultural del Banco de la República. No es fácil escribir una crónica sobre todo porque es un oficio de mucha observación y escucha activa. Desde la posición de Salcedo Ramos la crónica es una amalgama entre literatura e investigación, así lo argumenta en su texto “La crónica rostro humano de la noticia. Pasos esenciales del género, desde la selección del tema hasta la escritura final”.

Dice Salcedo Ramos: “Por su despliegue de profundidad y de creatividad estilística, pero también por el criterio informativo que demanda, la crónica es uno de los géneros periodísticos más exigentes. Para dominarlo es preciso combinar ciertas dotes de escritor con habilidades de investigador”.

—Esto no es una tesis sobre la crónica. Deja de conjeturar Limedis Castillo. Me digo a mismo.

Regreso de mis divagaciones en relación a la crónica que estoy haciendo. Presto atención a las palabras del maestro Lázaro y me dejo llevar de la cadencia de su voz, por su trinar de canario errante. Coge impulso como para decirme un secreto íntimo.

—Ahorita tenemos un grupo llamado Utta (Pájaro palabrero) lo conforman los estudiantes: Jaison González, Samuel Ortega, Paulo Polo, Fedrich Jiménez, Yosuan Moreno, Deilys Meléndez, Cándida Oñate, Samuel Ochoa, Luis Fernando Muñoz, José Daniel Pérez, Tulio Oñate y Lader Toro; con ellos tememos el proyecto de avistamiento de aves, al cual aplicamos el método científico y allí empleamos las ciencias naturales para reconocer las especies que tenemos aquí en La Guajira.

Semillero Utta IPC.

Lázaro hace una pausa, mira el horizonte, de forma inverosímil y repentina un Pitirre vuela por un cielo indefinido y atrapa una libélula: su desayuno. Yo miro al maestro fijamente y ruego mentalmente para que siga su discurso y no me hable del Pitirre, de su anidación, ni de su nombre científico.

—Y entonces con los estudiantes realizamos salida de campo vamos y observamos las aves, el hábitat, la anidación, indagamos sus hábitos alimenticios y reproductivos. Ellas son un indicador de la salud del medio ambiente y ellas operan como indicadores. Si hay abundante variedad de especies y hay una serie productiva de los vegetales, existe entonces la posibilidad de una estabilidad en la naturaleza.

Yo le interrumpo. — ¿Cómo podemos integrar aquello que se ha llamado la pedagogía de los pájaros en las escuelas públicas? ¿Cómo podemos nosotros involucrar más docentes para que ellos puedan caminar hacia una didáctica más relacionada con el entorno y la vida misma no solamente se trata de lecturas, de copiar textos, o convertir a los estudiantes en unos transcriptores de textos, o memorizar conceptos que no le sirven para la vida. ¿Cómo involucrar esa pedagogía de los pájaros en el proceso de enseñanza-aprendizaje?

—Nosotros hemos tenido una experiencia alrededor de eso, con el semillero de investigación Utta, nos preguntábamos ¿Cómo podemos involucrar el área de artística en este proceso? Sencillamente a través de la pintura. Nosotros desarrollamos con los estudiantes; uno de ellos pues ya pintaba y dibujaba los árboles, dibujaba las aves de manera espectacular, entonces fíjate, con los rudimentos que tiene de artística podía hacer ese proceso. Podemos también involucrar el área de Lengua Castellana, nosotros tenemos docentes como Teresa Mesa, Reyes María Ramírez y Yuleidis Ojeda que podrían trabajar desde el lenguaje; puesto que los estudiantes hacen una descripción de los pájaros, de su comportamiento, entonces desde allí empieza en ellos a producir sus propios textos que sean texto con contextos, que ellos asuman estás descripciones y esas observaciones de una manera narrativa.

—Claro, me digo a mí mismo, —la crónica también obedece a una intensión narrativa.

El maestro Lázaro se levanta de la silla como si estuviera en un auditorio del Instituto Smithsoniano, toma la palabra y manifiesta:

—En el avistamiento también están utilizando los códigos de la ciencia puesto que pueden darle el nombre científico, el nombre vulgar y su nombre en la lengua wayuunaiki, (la lengua de los Wayuu). Pero también se pueden recoger los mitos que tiene la cultura local frente a las aves, también ellos van apropiándose de esa experiencia que tiene los campesinos, los indígenas alrededor de las ciertas aves; los mitos, las creencias, las leyendas y los poemas todo eso hace parte de un contexto real y que ellos lo apropian y lo pueden modificar y lo pueden procesar y lo pueden recrear, eso ha ocurrido en nuestra escuela”.

—Es cierto, digo. —La literatura y la poesía hace un registro detallado de esos seres alados. Yo tengo un poema que se llama Pájaro en fuga. Me pide que lo recite. En un instante le pronuncio:

Vuelas y el cielo azul se desparrama. Hay un instante y me pregunto. ¿Cómo hiciste tu prenda blanca? Tus ojos de hierro fundido. Tu pico de tijeras eternas. Tu plumaje de perla y nácar. (Yo hubiera querido tener unas alas de pájaro, para perforar el templo azul del horizonte y dejar mi nombre regado en las conchas y los arrecifes del mar). Nada más hermoso que tú. Pájaro de luz. Pájaro del silencio insondable. Sacerdote del viento. Ave del rocío primigenio. Pájaro en fuga…

Queda perplejo, acaso el poema lo ha llevado a descubrir la posibilidad de encontrar un pájaro de luz. No insisto en el tema poético y sigo con el ejercicio.

Se habla actualmente en La Guajira de una descarbonización, en la película llamada Billy Eliot, muestra la huelga del carbón en 1984, en el condado de Durham. Me llamó poderosamente la atención. ¿Será que se podrá descarbonizar a La Guajira? Es decir que pase o haga el tránsito a un proceso de caminar hacia el turismo de naturaleza, al aviturismo, y por qué no a lo que llamamos la gran industria sin chimenea. Cómo lo tiene Costa Rica, como un destino perfecto para descubrir la extraordinaria diversidad ornitológica también está el Parque Nacional de Manu (Perú), y el Parque Nacional de Soberanía (Panamá). En Colombia existen empresas como Nature Colombia especializada en el turismo de la naturaleza y el avistamiento de aves.

Me mira con sus ojos de pájaro y proclama:

—El escenario es bastante prometedor, aquí tenemos unas condiciones biogeográficas importantísimas tenemos lagunas, ríos, mar, playa, tenemos montaña, mangles y humedales en todos estos contextos hay una diversidad de aves. Nosotros podemos ir al Santuario de Flora y Fauna de los Flamencos en el corregimiento de Camarones del Distrito de Riohacha y podemos ver aves migratorias y también algunas que son endémicas de esta zona y si nos trasladamos a la Serranía del Perijá a 1400 metros sobre el nivel del mar y si nos vamos para el Cerro Pintado en el municipio Villanueva encontramos muchas especies. Entonces fíjate, tenemos aquí las condiciones propicias para crear un aviturismo bien interesante, incluso en el río Ranchería, en la desembocadura tenemos los mangles donde se encuentran el río con el mar hay una zona muy importante biodiversa, allí encontramos aves playeras, aves de bosque seco tropical y pues los turistas que llegan se impacta con esa diversidad.

Trato de hacer con él una pausa activa. En cosa de unos minutos ya son las 9: 40 a.m. hace un calor como de lluvia. Quedamos en silencio. Se queda escudriñando la naturaleza de las nubes. Unas tortolitas se aparean en una rama de un árbol de mamón. Lázaro las observa detenidamente y se lamenta de no haber llevado consigo su cámara Nikon. Los dos tenemos sed. No hemos traído agua. Hago caso omiso a mi sed y continuamos.

Le muestro un artículo impreso “Tres cóndores de los Andes fueron avistados en La Guajira” publicado en la Revista EntoRnos que dirige Matty González. Lo coge con sus manos de gorrión y confiesa:

—Hago parte de un proyecto nacional que surge a partir de que los biólogos en Colombia no saben exactamente cuántos cóndores hay a nivel nacional. Se supone que hay alrededor de 130 cóndores, pero no hay la certeza se hace un proyecto a nivel nacional de avistamiento del Cóndor donde participan todo el país. Se convocan a todos los activistas que le gusta el avistamiento de aves para que se involucren, y aquí en La Guajira surgen tres grupos uno se va para Cerro Pintado, otros se va para el sector de las colonias; estos ubicados en la Serranía del Perijá y el otro para acá en las estribaciones de la Sierra Nevada de Santa Marta a un sitio que se llama Cerro Bañaderos. Duramos tres días observando cuántos cóndores podemos contabilizar, realmente se observan tres cóndores en esta zona y pues eso se envía a un centro de estudios dentro de un mes se dice cuántos cóndores realmente hay en el país. Se han hecho mucho esfuerzo para que los cóndores puedan permanecer con nosotros, porque es importante para el medio ambiente, el medio ecológico, incluso se introdujo de Estados Unidos una parejas de cóndores puesto que en algunas regiones había desaparecido; entonces queremos mantener esa especie en nuestro territorio colombiano.

Coge un respiro y sigue:

—A mí me acompaña un sobrino que es ingeniero ambiental y le gusta también el avistamiento de aves, él se llama Lenix Lázaro Molina con quien en el año 2019 participamos de la convocatoria Global Big Day a nivel mundial y formamos parte de una misma pasión “la observación y conservación de las aves”, por tal motivo decidimos crear la Fundación Ornitológica de La Guajira – Iisho. Nosotros hacemos registro fotográfico con nuestras cámaras especiales para poder obtener unas esas buenas fotos y la colgamos en el laboratorio de la Universidad de Cornell en los Estados Unidos. Ellos allí tienen una plataforma (eBird) que recoge información de todos los continentes sobre las aves y sirviendo de apoyo para los investigadores.

Yo me olvido de la crónica que debo entregar y de los postulados de Salcedo Ramos como por ejemplo de procurar que haya espacio para las emociones y esta otra perla cuando dice que “es recomendable, además, que haya conflicto, es decir, obstáculos entre el personaje y sus metas, enfrentamientos con otros seres o a veces consigo mismo, choque con su entorno, dificultades en su rutina cotidiana”.

Yo trato de terminar esta crónica, salga como salga, de seguro que el maestro Lázaro seguirá haciendo pequeñas salidas con sus estudiantes, donde invitará a padres de familia para que le acompañen. Realizarán avistamiento muy cerca de la ciudad de Riohacha para mantener ese ambiente de estar monitoreando las aves. Deseará que en la Institución educativa Centro de Integración Popular haya mucho más docentes que se vean involucrados en ese proyecto de las aves. Tendrá proyectado hacer un plegable con las aves que merodean la Institución Educativa.

Eduardo tiene en sus manos un libro, me lo muestra con decoro como si fuese un turpial. Es un libro de Miles McMullan, un irlandés que ha dibujado y reseñado 1.984 especies de aves en Colombia. Yo le traigo un libro mío para obséquiesele. Coge el libro “Ritual de arena y viento” y como si fuera una reliquia lo guarda entre sus cosas personales.

—Voy a leerlo y te cuento, después seguimos hablando de pájaros. Me dice como obedeciendo a un deseo insospechado.

Se va de mi vista como volando entre los arboles de mango y nísperos que rodean la escuela. Es abril. Cae una leve llovizna como agujas de plomo. El cielo está allí casi ausente. Yo me quedo recitando en mi soledad un poema de Gómez Jattin:

Amado Abril beso tu piel de esmeralda
Me entristezco bajo tus cielos grisáceos
Con las voces de tus pájaros
Me hago un nido del tamaño de mi deseo “.