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Por Abel Medina Sierra – Investigador cultural.

Cuando en 1642, Blaise Pascal, con tan solo 19 años, creó la máquina de calcular para liberar a su padre de la abrumadora carga de llevar contabilidad manual, el mundo comenzó a descubrir y perfeccionar uno de los inventos que sirvió de base para el imprescindible computador que hoy conocemos. No solo eso, sino que la exactitud y la precisión en la cifras comenzaban a superar los errores humanos de cálculo.

Como la mayoría de los inventos, la calculadora tiene una sana intención y fines nobles. Incluso, la dinamita fue creada para facilitar el trabajo del hombre, pero, esos mismos inventos, en manos de gente mal intencionada, se vuelven instrumentos dañinos. Esa reflexión me llega a la mente, ante la reciente visita del presidente Iván Duque a La Guajira y su pomposo anuncio que su gobierno traía nada menos que 13.6 billones de pesos para invertir en La Guajira.

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Que un presidente, anuncie con bombos y platillos, aupado por su comité de aplauso (integrado por las “Duquesas” expertas en pintar paredes de blanco y sobar chaquetas), no deja de descrestar a cualquier ingenuo o a quien solo se conforma con leer los titulares de prensa. A primeras de cambio, pareciera que estamos ante el gobierno más “generoso” con La Guajira. Pero, examinemos con escalpelo los anuncios del “magnánimo” presidente.

El presidente anunció 13.6 billones de inversión en La Guajira como si fueran una nueva noticia, en realidad, se trata de la suma de obras, algunas están en el presupuesto nacional desde el gobierno de Santos y que, parece que va a culminar el de Duque y aún no arrancan: como las vías a la Alta Guajira y hacia el Sur. Es decir, está aún prometiendo obras que ya debiera estar ejecutando y viene anunciando desde su primer año. Pero, eso es lo menos malo. En los 13.6, incluye 12.1 billones que invertirán en La Guajira las empresas privadas que pronto comenzarán a instalar los 14 proyectos de energía eólica. ¿Será que esa se puede considerar una inversión social del Estado? Tal inversión no alegra a nadie, porque ni siquiera regalías genera, solo impacto ambiental y despojo de territorio ancestral.

Sigamos descontando a los 13.6 billones del “paquetazo” a La Guajira. El presidente incluye la inversión de 157 mil millones de la concesión privada de la vía Santa Marta-Paraguachón, como si hubiese sido su gobierno el que se echó la mano al bolsillo. Cualquiera sabe que la rehabilitación hace parte de lo pactado al conceder la concesión como compromiso por cobrar peaje durante varios años. Si la empresa cobra peajes, está obligada al mantenimiento de la vía, es decir, esa obra la pagamos los que transitamos por la carretera y no el Estado.

Duque, en su visita, lo único que trajo de nuevo a La Guajira, fue la pírrica dotación para bomberos, pero quienes manejan su calculadora, sumaron obras que no son de su iniciativa, recursos privados y todos los programas sociales del Estado, incluso, los recursos de ICBF para este y el próximo año, o las ayudas solidarias. La idea del “paquetazo” era, “no llevemos nada, pero hagámosle creer a esos ignorantes que les llevamos todo”.

Pero, esa misma calculadora alegre y que, como Poncho Zuleta, solo sabe sumar y no dividir, es la que usa nuestro “orgullo guajiro”, el ministro Malagón. Recientemente inauguró tres pilas de agua en la misma cantidad de comunidades del municipio de Maicao, dentro de la también pomposa estrategia de “Guajira azul”. No sé qué marca es la calculadora de Mal-alagón, que anunció exultante que con esas tres pilas solucionaba definitivamente el problema de agua potable a 81 comunidades que representaban casi 11 mil indígenas. ¿En qué cabeza le cabe al ministro que una pila ubicada en Maasamana, a unos 10 kilómetros adentro de la carretera Cuatro Vías-Albania, va a surtir a todas las comunidades de los entornos de Maicao? Todos sabemos que, entre los wayuu, cada comunidad usufructúa sus recursos hídricos, ni siquiera las parcialidades cercanas como Warawarao o Santa Ana irían a Maasamana a surtirse se agua. Con una calculadora de esas, con razón es que Malagón y Duque sacan pecho a decir que ya le dieron agua a casi medio millón de guajiros.

Obras son amores, pero con cifras sacadas con ese tipo de calculadoras, tanto “amor” nos hará creer que con este gobierno nos convertimos en un paraíso.

medinaabelantonio@gmail.com