Por Weildler Guerra Curvelo*.

La entrega del informe final de la Misión Internacional de Sabios 2019 no podía ser más oportuna en momentos de incertidumbre y de malestar social en las calles del país. Las luces dadas por un conjunto de 45 investigadores de distintas disciplinas académicas y diversas nacionalidades son producto de largas y enriquecedoras discusiones acerca del papel del conocimiento en la solución de los gigantescos retos sociales y ambientales que enfrenta hoy el país y de cómo este puede contribuir al crecimiento de su economía y la consolidación de sus sociedades. El informe señala que la ciencia que produce ese conocimiento es parte inseparable de la cultura. La gestión del conocimiento no puede concebirse como la tarea solitaria de unas instituciones aisladas, sino como un esfuerzo colectivo de la sociedad colombiana.

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Un criterio que deseo resaltar es el de la adopción de una inclusiva concepción de conocimiento fundamentada en la diversidad cultural y regional del país. Conocimiento que incluye la ciencia, las humanidades, las artes y los saberes ancestrales, y es considerado como un activo fundamental para el desarrollo de nuevas y creativas alternativas a la crisis actual. Otro criterio transversal es el de la regionalización. Partiendo de la existencia de profundas disparidades regionales en educación, se propone un fuerte sistema de incentivos para enfrentarlas. Se busca también romper la brecha de la ausencia de contenidos y textos educativos sobre contextos regionales. Se propone la creación de Sistemas de Innovación Regional (SIR), considerados relevantes, dado que la escala regional traduce más rápidamente las oportunidades y los retos globales.

La Misión identifica retos, pero también potencialidades con qué enfrentarlos en el curso de la próxima década. Colombia tiene hoy el reto y la oportunidad de desarrollar el conocimiento para aprovechar el valor del agua y prepararse para el cambio climático global. El segundo reto es el de modificar la estructura productiva del país aprovechando los recursos de su diversidad biológica y cultural para construir una bioeconomía que integre el conocimiento de esos recursos naturales y culturales a unas actividades limpias que ocuparán un lugar significativo en la producción nacional. El tercer reto tiene que ver con la inequidad actual. La Misión considera que el crecimiento económico “solo es sostenible si se acompaña de equidad, inclusión, participación democrática y respeto por el ambiente, y si las políticas sociales van más allá de los subsidios”.

Identificados estos retos, la Misión propone organizar su investigación en misiones multidisciplinarias y en la complementación entre actores y comunidades distintas. Además de las misiones, se impulsará la investigación basada en la curiosidad, que no se opone al conocimiento aplicado, como estrategia complementaria para abrir nuevas oportunidades para el país.

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Sería imposible condensar las 291 páginas del informe en esta columna, pero es insoslayable resaltar que se trata de reflexiones sosegadas y creativas, fundamentadas en el altruismo, la formación y la experiencia de los participantes de la Misión, que pueden servir como un derrotero estimulante para la nación colombiana y un reservorio de visiones de futuro en medio de las tensiones sociales, justo cuando se han cumplido 200 años de nuestra trayectoria como república.

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