En La Guajira vale más caer en gracia que ser graciosos

Por Luis Eduardo Acosta Medina

“La envidia es un mal sobre la tierra Dios mio dame paciencia con tantos envidiosos”

Imposible iniciar nuestra publicación sin que viniera a nuestra mente la canción titulada “La Envidia”, de Dagoberto Osorio, que Diomedes y Franco grabaron en el año 2005, incluida en el álbum “De nuevo con mi gente”, a propósito de un tema delicado respecto del cual nuestra familia no puede seguir guardando silencio.

Somos conscientes de que en La Guajira está muriendo más gente de envidia que de enfermedad, y que toca convivir con eso, porque la gente buena —que es mayoría— nada puede hacer ante un tema que ya es patológico. Nos sucede lo mismo que a las abejas, que desde la historia sagrada han intentado convencer a las moscas de que el olor de las flores es más agradable que la pestilencia de la basura, pero no lo han logrado.

Nos referimos a una campaña soterrada, sistemática y calculada de desprestigio e invisibilización de las gestiones que, como senador de la República, realizó mi hermano Amylkar Acosta por La Guajira. Desde luego, porque en las placas que se colocan en las obras aparece siempre el nombre de los alcaldes y gobernadores que adjudicaron el contrato, pero no el del parlamentario que gestionó los recursos. Unos oscuros personajes se han dado a la tarea no solo de desconocer, sino de invisibilizar, y lo que es peor, colgarle el cartelito de ladrón a quien bien representó a su tierra y lo sigue haciendo, lo cual es inocultable: chorro de limón en la herida de la envidia y la incompetencia.

En nuestro departamento se vive en la actualidad un fenómeno sociológico de transculturación inversa que nos recuerda a Demócrito cuando dijo que “Todo está perdido cuando los malos sirven de ejemplo y los buenos de burla”. Ese es el caso de La Guajira, porque se aplaude a quienes tienen la política por negocio, que se han enriquecido a costas del hambre de sus semejantes, que han utilizado a nuestros hermanos wayuu como instrumentos eficientes de circulación de súbitos enriquecimientos, y lo que se dice de ellos es que “están trabajando bien”. Pero esos que elevan a la condición de héroes a reconocidos asaltantes del erario público, si en el mismo lugar se menciona el nombre de mi hermano, dicen: “Ese no hizo na por La Guajira, es un ladrón”.

La situación es más grave si se tiene en cuenta que eso es lo que ese sector minoritario de frustrados les dice a los muchachos. Y ellos son una esponja, y ni siquiera habían nacido o estaban chiquitos cuando Amylkar hizo en el Congreso memorables debates, entre otros, junto con el senador Serrano de Santander, denunciando que iban a privatizar a Electroguajira para entregarle el negocio a los privados y que eso sería fatal para los usuarios. Y el tiempo le dio la razón, porque ahí tuvimos a Electricaribe y ahora pasamos de las llamas a las brasas con Air-e. Tampoco saben que varias de las obras que existen en varios municipios, incluida la ciudad capital —y tres que los extorsionistas impidieron hacer— son fruto de su gestión, por lo cual haré un repasito necesario y conveniente para que no repitan como loros lo que le escuchan a la gente mala.

Como parte de las obras impulsadas para fortalecer la infraestructura institucional y cultural del departamento, se destaca la gestión del senador Amílkar Acosta en varios proyectos clave:

Centro Cultural de Riohacha – Gestión del senador Amílkar Acosta para el fortalecimiento de la infraestructura cultural del departamento.

Oficina de Instrumentos Públicos de Maicao – Acompañamiento del senador en la consolidación de esta sede para mejorar los servicios registrales en la región.

Centro Zonal del ICBF en Maicao – Gestión orientada a ampliar la capacidad institucional para la atención de niños, niñas y adolescentes del municipio.

Sede del SENA en Maicao – Apoyo del senador en el impulso a esta infraestructura educativa para ampliar la oferta de formación técnica y tecnológica en La Guajira.

Preliminarmente iniciamos con Riohacha. Todos sabemos que la obra más importante que se realizó en Riohacha en los últimos treinta años fue el Centro Cultural, pero allí no hay una placa que diga que fue Amylkar quien gestionó los recursos para que otros adjudicaran los contratos. Fue él quien gestionó también los recursos para una Villa Olímpica, y la plata se la robaron: nunca construyeron la obra, pero el ladrón es él por haber traído los recursos. Igualmente gestionó los recursos para la construcción de las variantes de Riohacha, Cuestecitas y Maicao, y los recursos se perdieron: los de Cuestecitas porque, después de ejecutada la obra, protestaron porque no podían vender sus productos y obligaron a cerrarla, y ahí sigue muriendo gente en el cruce; y las otras dos no se hicieron por oposición de sectores interesados en extorsionar, que todos saben quiénes fueron. A los contratistas los tuvieron que indemnizar, y quien lo dude que le pregunte al doctor Alcides Móvil Vieco, entonces director de Invías. Igual gestionó con su amigo Carlos Wolf la creación y construcción de la clínica Ramón Gómez Bonivento, la cual fue posteriormente liquidada y entregada a unos negociantes que la acabaron. De allí los usuarios del Seguro Social salían con sus medicinas en la mano y operados.

Fue Amylkar, de la mano con Jorge Juan Bendek, entonces ministro del Transporte, quienes lograron la pavimentación de la vía Chivo Feliz – Riohacha, la cual dejaron acabar por falta de mantenimiento. Pueden averiguar también con el señor Móvil. Todavía hay otros asuntos viales, porque fue él, a solicitud de Jorgito Jiménez, Aurelio y Moisés Arregocés, entre otros jóvenes, quien gestionó el primer pavimento que hubo en Albania antes de ser municipio. Y cuando se cayó el puente del Hatico, Amylkar logró su construcción por petición de la familia Pérez que vivía allá; de eso puede dar fe Miró Peralta.

El repasito sigue, porque las obras más importantes que existen en Maicao también se hicieron por su gestión. Allí no había Oficina de Instrumentos Públicos: él gestionó y logró su creación y la construcción de su sede. Asimismo, gestionó —por solicitud de la lideresa wayuu Cristina Gómez de Andreoli— la sede del ICBF en el barrio Loma Fresca; sus hijos y María Monsalvo pueden dar fe de lo que estoy diciendo. Y seguimos, porque fue él quien gestionó el proyecto para la construcción de la sede del SENA: se lo pueden preguntar a Rafael Ceballos. Y en el barrio Majupay, el líder “El Chévere” puede confirmar que gracias a Amylkar llegó el gas natural al barrio Majupay y barrios circunvecinos. Además, las hermanas Polanco pueden dar testimonio de que fue Amylkar quien llevó las obras de electrificación a su barrio Torres de la Majayura. Rodrigo Pinto, Aurelio Arregocés, Chichi Castro Bravo, Olga Colina, William Ballesteros y Omar Pinto pueden ser consultados para ver si estoy mintiendo. Lo que pasa es que vale más caer en gracia que ser graciosos; en Maicao los homenajes se los hacen a otros.

Como si lo anterior no fuera suficiente, gracias a su amistad con Carlos Wolf Isaza volvieron los bancos a Maicao en plena crisis, y siempre los comerciantes —liderados por Segundo Hernández, Berna Mejía y Monid Beidum— contaron con su compañía y con su ayuda para que el Gobierno Nacional los escuchara. Los que están vivos que me desmientan. Ahora pregunto: ¿qué otra obra de importancia ha llegado a Maicao después? Pero no: la gente mala dice que “no ha hecho na”, mientras aplauden a los culpables de la miseria de sus pueblos.

Fue igualmente quien gestionó el Centro Zonal del ICBF en Fonseca; si lo dudan, pregúntenle al exalcalde Miró Peralta, a quien también ayudó con los recursos para la construcción de la avenida principal de Fonseca. Todavía hay ñapa: Wilmer González Brito puede ratificarlo. Fue Amylkar quien le ayudó —con su gestión parlamentaria— para la construcción de la vía Cuatro Vías–Uribia, y también logró que en Nazareth, donde mi hermano sacerdote Evaristo era director del internado, se instalara una estación de la Radiodifusora Nacional, que luego dejaron acabar. En Barrancas fue él quien logró que allí se radicara la sede de Ecocarbon.

En San Juan del Cesar gestionó la creación de la Oficina de Instrumentos Públicos; de ello pueden dar testimonio Moisés Daza, mi compadre Beto Amaya, Carmelo Fuentes y James Aragón. Igual los recursos para la construcción de la variante de Villanueva también los gestionó conjuntamente con Jorge Juan.

Para redondear, fue quien logró que a La Guajira se le duplicaran las regalías por un proyecto de ley de su autoría. Como no hay más espacio, en la próxima sigo con un especial de Monguí.
En vez de hacer daño con la lengua, que cojan un metro y midan. ¡Ya está bueno!