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Por María Isabel Cabarcas Aguilar.

En el año 2012 viví la grata experienia de representar la alegría del pueblo carnavalero riohachero al ser escogida por la Corporación Carnaval de Riohacha -CORCARI- como la primera (y hasta ahora única) Reina Embajadora del Carnaval de Riohacha. Contra todo pronóstico, a los 31 años, siendo esto una afrenta contra los reglamentos de algunas organizaciones y liderando una atrevida propuesta innovadora para visibilizar el carnaval a nivel nacional e internacional, frente a los medios de comunicación y la institucionalidad cultural del Caribe y de Colombia, asumí ese bello reto que también era un sueño.

Respecto al título de Embajadora expresé: “Pónganme el apellido que quieran, que haré mi tarea con amor”. Desde niña había anhelado ostentar ese título, pues se me había inculcado en casa el gusto por la más importante fiesta popular; crecí siendo parte de pilones, participando en los bailes de carnaval en el Club Federman y posteriormente, fui parte de las comparsas de mis amigas, las recordadas reinas Andrea Manjarrez Barros y Astrid Yolanda Herrera Gómez. Por aquellas épocas de la Fundación Jóvenes Profesionales y de carnestolendas llenas de anécdotas y vivencias al lado de grandes amigos, tomaba en mi libreta atenta nota de lo que quería hacer cuando tuviera la oportunidad de ser reina, confiando en que algún día ese sueño se hiciera realidad, como finalmente sucedió en aquel inolvidable año en el que fui coronada en medio de la puesta en escena: «Yo soy Carnaval», al lado de la señora Abigail Griego y de la bailadora y tierna niña, Linda Rodríguez Barliza.

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Recibí en ese entonces, la confianza de las organizaciones conformadas por los hacedores de las tradicionales fiestas carnestolendicas entre los cuales se encontraban la Fundación Cumbiamberas de Riohacha, las Pilanderas de la Comay Pipi, los Negritos del Barrio Arriba, Entierro de Joselito Carnaval, Todos somos Riohacha de la comunidad LGBTI, y por supuesto, los Embarradores de Riohacha. En medio del cariño, la camaradería, la laboriosidad y el incansable espíritu carnavalero de esas organizaciones, hallé figuras insignes como nuestra querida Reina Vitalicia, el cariño maternal de las cumbiamberas y las pilanderas, parejos de baile incomparables, un círculo de apoyo emocional a toda prueba, una chaperona muy especial, lugares llenos de música carnavalera como la K-Z de Chema Pinedo, y muchas amistades que se mantienen intactas al día de hoy. Fue un carnaval lleno de alegría, incluyente, colmado del respaldo popular y el apoyo incondicional de los medios de comunicación, quienes visibilizaron generosamente cada evento y mostraron su irrestricto apoyo a aquellas fiestas memorables cuyos increibles momentos quedaron para siempre en mi corazón.

Este año, la Fundación Embarradores de Riohacha sufrió un duro y doloroso golpe en su fraterna colectividad llena de camaradería, francachela y abrazos embarrados, pues dos de sus icónicos miembros, amigos entrañables entre sí, partieron a la eternidad en medio de una pandemia que deja para Riohacha y La Guajira un halo de profundo dolor entre sus gentes. Iván Brugés Mejía y Adalberto Ramírez Romero, carnavaleros a ultranza, cada uno con sus dones y talentos, puestos al servicio de la causa embarradora y del carnaval, con días de diferencia marcharon rumbo a la morada eterna del Padre, marcando con una tristeza colectiva esta época que en años anteriores colmaba de alegría la vida de los carnavaleros consagrados como ellos mismos, y como la multitud de amigos, familiares y coterráneos que lloran su partida. En ambos encontré el cuidado y el cariño en aquella fría madrugada de febrero en la que rodeada de la calidez y el entusiasmo que los caracteriza, fui llevada como Reina Embajadora hasta la emblemática Laguna Salá para ser nombrada como Embarradora número 153 del 2012. Aquel ritual incomparable selló con barro la promesa de afecto, fidelidad y gratitud, a la que se constituye como una de las más importantes, antiguas y autóctonas manifestaciones culturales del Carnaval de Riohacha.

Todo mi cariño, solidaridad y oraciones para los familiares de Iván y Beto, y para la extensa comunidad embarradora, en estos momentos de profunda tristeza. Brille para ellos la luz perpetua.

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