Por Fredy González Zubiría – Investigador cultural*.

Los embarradores es una expresión cultural que hace parte de los Carnavales de Riohacha. Una manifestación única, exclusiva de esta ciudad. Un grupo de personas con saco y capucha, cubiertos de barro de pies a cabeza, salen en la madrugada del domingo de carnaval a embarrar casas y a las personas que a esa hora se encuentran a su paso. La versión tradicional del origen de los embarradores es que es francesa, evocando la Toma de la Bastilla de París.

La información documental apunta hacia otro lado. Hasta 1830, el 99% de las edificaciones de la ciudad eran de barro y bahareque. Los embarradores era el gremio más grande del sector de la construcción de Riohacha. Eran los encargados de rellenar con barro las estructuras de madera que instalaban los albañiles en las edificaciones.

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Las cartas de Antonio Arévalo -transcritas por Adelaida Sourdis- mencionan en varias oportunidades esta labor en su correspondencia al Virrey. En 1773 dice: “Se había empezado a hacer el embarrado de las paredes de la iglesia”; más adelante afirma: “Se enviaron para Orino 7 albañiles y 7 embarradores para hacer las paredes de la iglesia”, en otra carta menciona: “como también 2 carpinteros con alguna herramienta y trae embarradores para ir haciendo las paredes de la iglesia de aquel pueblo”.

En 1863, el gobierno nacional exoneró a Riohacha de impuestos de importación de materiales para construcción, desde ladrillos, baldosas, maderas, hasta tornillos y bisagras. En el centro muchas casas de barros se demolieron para dar paso a construcciones con los nuevos materiales. Lo que pudo suceder después no es difícil de deducir.

Los nuevos sistemas de construcción con madera, ladrillo y baldosa, exigieron la llegada de albañiles y obreros foráneos conocedores en estas técnicas, lo que significó el desplazamiento laboral de los embarradores, quienes se habían especializado en trabajar el barro.

Los embarradores desempleados pudieron haber aprovechado alguna noche de carnaval, que eran días de fiesta y relajo, para “vengarse” de quienes señalaban de haberlos dejado sin trabajo y procedieron a embarrarle sus puertas y ventanas. Los años lo convirtieron en tradición nocturna y anónima dentro del carnaval. Los 150 años que se dice que tiene la tradición de los embarradores, coincide perfectamente con la época en que buena parte de ese gremio perdió su mercado laboral.

Foto: Héctor Palacio.

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