Por :Ā MarĆa Isabel Cabarcas AguilarĀ
La primera vez que lo visitĆ© tuve la impresión pasajera de haber llegado a un resort en una isla paradisiaca. Sus bellos corredores exteriores los cuales se recorren entre verdes plantas, generosos Ć”rboles y flores caribeƱas de vibrantes colores del bosque seco tropical guajiro y la refrescante sombra de los techos tejidos de yotojoro que protegen las cabaƱas del sol canicular, evocan un jardĆn Ć©tnico en el que el nordeste se posa inexorablemente cada tanto, para aliviar el sopor de las hermosas tardes riohacheras que tanto los visitantes como los locales, disfrutan en su amplĆsima sede estratĆ©gicamente situada en un sector naturalmente llamado a ser, de gran importancia para el desarrollo turĆstico de la capital guajira.
Sus cómodas cabaƱas ofrecen un ambiente tan estĆ©ticamente confortable que creo que todos los que allĆ nos hemos hospedado, hemos querido irremediablemente prolongar la estadĆa. En sus paredes se hallan obras de arte que dan cuenta tanto de la belleza de nuestra tierra como del talento de los artistas autores de estas. Una de ellas es la joven MarĆa Beatriz Vence Ćvila cuyas tiernas pinceladas transportan al observador, a admirar la inesperada belleza en su temprana inspiración. Junto a la comodidad de las habitaciones, otras sorpresas se pueden encontrar si detallan los otros espacios: ĀæAlguna vez se han duchado entre plantas, con la luz de la luna entrando desde el cielo estrellado por las rendijas del yotojoro, sobre un piso vintage? Esa sublime experiencia la vivĆ allĆ, y definitivamente, como muchos, quiero volver a vivirla.




La hermosa piscina es el centro de encuentro de la vista compartida de las cabañas, lo que genera, ademÔs, como puede suponerse, una sensación de frescura por la hermosa postal del agua azulada de ese delicioso espacio común, estéticamente bordeado por plantas que estÔ llamado a disfrutarse plenamente.
Bajo la sombra de un inmenso kiosko de palma se encuentra el bellĆsimo y extenso comedor, permitiendo la entrada de la luz y la brisa con la misma intensidad. Esto no es menor pues se trata de un hotel ubicado frente al mar Caribe en la primera avenida de SuramĆ©rica, llamada 14 de mayo a la que popularmente se le conoce como calle primera. La decoración de este espacio es tan particular como hermosa, pues entre bifes coloridos y cómodas mecedoras, los comensales podrĆ”n escoger en cual ambiente desean disfrutar de su variada y deliciosa carta a travĆ©s de la cual se transita por un sendero de sabores entre la tradición y la modernidad de los saberes culinarios autóctonos e internacionales.
Para quienes las prefieran, tambiƩn estƔn disponibles las habitaciones de esa emblemƔtica casa, las cuales gozan de una privilegiada vista a las hermosas y extensas playas de Riohacha. Desde el segundo piso, los atardeceres se pueden contemplar a plenitud en la comodidad de un chinchorro, viendo el sol desaparecer sobre el mar en el horizonte, entre las siluetas de los cayucos y las hondonadas de arena dorada por la imponente luz del ocaso que entre tonos anaranjados y rosƔceos invaden de paz y bienestar a quien presencia desde la gratitud.
En ese icónico lugar edificado desde mediados de los ochenta, se filmó en el aƱo de 1996, la telenovela Guajira, protagonizada por la actriz venezolana Sonya Smith y el actor Guy Ecker. Recuerdo con exactitud haber presenciado la grabación de escenas en aquella amplia terraza, siendo partĆcipes como extras algunos amigos y amigas. LlegarĆa incluso el momento en el que yo misma participarĆa como tal pues todos caĆmos reclutados a sus grabaciones, con la esperanza tambiĆ©n, de obtener fotos y autógrafos de los famosos actores de esa Ć©poca dorada de la televisión colombiana en la que las novelas con sello de identidad se imponĆan como tendencia creciente captando los afectos del pĆŗblico nacional e internacional, posteriormente.
Los espacios interiores como la sala y el lobbie, dan cuenta de los objetos que eran imprescindibles en los hogares riohacheros entre principios y mediados del siglo XX. Aquà la ineludible nostalgia transporta también a otras épocas en donde los ancestros familiares de instantes quizÔs no presenciados son protagonistas a través de la imaginación: la tradicional agua manil, los percheros y las cómodas, objetos fabricados entre el peltre y la madera, llevan a quien observa con detalle la añoranza que los elementos y los espacios propician. Quien llega allà se encontrarÔ quizÔs, atravesando un viaje en el tiempo hacia un pasado remoto como el relatado con meticulosidad en las novelas garciamarquianas, permitiendo vivenciar un ambiente de calidez de hogar, desde el primer momento en que se abren las puertas de Guajira Casa del Mar.
Su equipo de colaboradores da cuenta de una cultura de la calidad y la excelencia muy bien aprendida, puesta al servicio de la causa turĆstica que tanto nos debe convocar a los guajiros. AllĆ he hallado con sorpresa y alegrĆa a quienes fueron mis estudiantes en el programa de Administración Hotelera y TurĆstica de la Universidad de La Guajira.
Antonio Ćvila Carvajalino es su gerente, y quien se ocupa de cada detalle en la operación de este magnĆfico lugar que abrió sus puertas hace mĆ”s de dos aƱos en el bello distrito cultural y turĆstico de Riohacha. Sus estudios de pregrado en Administración de Negocios los culminó en Hult International Business School en Londres, continuando luego la maestrĆa en el I. E. Business School de Madrid (EspaƱa). Para este joven profesional riohachero, su tierra es un lugar lleno de oportunidades por lo que volver para aportar a su desarrollo y crear empresa, motivado por ese espĆritu emprendedor de su generación se convirtió en una decisión irrevocable, siendo hoy, ademĆ”s, generador de oportunidades y empleo para otros. Haber transitado durante sus estudios por ciudades como Dubai, Shangai, San Francisco y Boston, le permitió adquirir una visión mĆ”s global de los negocios, llegando incluso a ser parte del equipo de Honeywell en Shangai (China), proponiendo desde sus prĆ”cticas acadĆ©micas, procesos de mejoramiento en la medición de carga en los puertos. Para Antonio La Guajira es como Emiratos Ćrabes pues se encuentra entre el mar y el desierto. Ver crecer el hotel, ha fortalecido el sentido de pertenencia y el anhelo de contribuir al crecimiento del lugar donde nació y dónde estĆ”n sus raĆces familiares. Desde el turismo, este visionario y proactivo riohachero cuyo pensamiento estratĆ©gico lo llevó a invertir a este hermoso proyecto personal junto a su hermana Luciana, sabe que es este uno de los mĆ”s valiosos renglones del desarrollo económico local y por supuesto, aunque es largo el camino, sigue siendo estimulante saber, que lo que comenzó como un sueƱo, paso a paso se sigue haciendo realidad.
Buen viento y buena mar como el que cada dĆa se contempla desde Guajira Casa del Mar, a la consolidación de este gran hotel como el inigualable templo del hospedaje que es y que seguirĆ” siendo. Una experiencia Ćŗnica y completa que deja huella en los visitantes y locales, y que contribuye activamente al desarrollo turĆstico y económico de La Guajira, liderado con profesionalismo y excelencia, desde el amor por nuestra hermosa tierra.
