Por Abel Medina Sierra – Investigador cultural*.

En los 1.122 municipios con los que cuenta Colombia, incluyendo los distritos, nos encontramos en un periodo de aprestamiento al cambio de gobierno municipal; un interregno en el que existe un alcalde en ejercicio y otro electo, uno que debe estar haciendo balances de cierre y, otro que espera recibir el beneficio de diagnóstico e inventario durante el proceso de empalme.

En este tiempo de transición, son comunes ciertas prácticas y actitudes que se repiten cada cuatro años, si es que no hay elecciones atípicas, y me atrevo a decir, que se reiteran en todos los municipios, en especial, cuando el alcalde entrante es de una alianza política diferente a la del saliente. A esas actitudes y prácticas, las llamaré “modos”, y puedo identificar seis que van desde el momento de conocerse los resultados electorales, hasta la segunda mitad del mandado en manos del alcalde entrante.

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El primer modo es el “Prepotente”. Los candidatos, equipo de campaña y seguidores, muy exultantes, desbordados en júbilo y henchidos de euforia, los primeros días asumen una actitud muy sobradora. Se creen que “ahora si van a saber lo que es gobernar”, que todos los que pertenecen a la administración saliente son ineptos, corruptos, que “no hicieron nada por el pueblo”, que perdieron humildad y se volvieron “bollones”, que hay que hacer “limpieza” pues nada sirve. En contraste, creen que tienen mejor preparación, intenciones y ética que los salientes.

Pasados los días, viene el segundo modo: el “Inquisidor”. Los más cercanos al alcalde electo, no desaprovechan para “dañarle el oído” descalificando a los funcionarios del gobierno que está de salida. La práctica de satanizar a los actuales administradores se hace insidiosa, van elaborando el diagnóstico de prioridades para postular a los primeros “que hay que echar del cargo” una vez asuma el nuevo mandatario. Marcan a los enemigos en un revanchista plan de desquite, sin pensar que cuatro años después, les puede pasar lo mismo.

Con el proceso de empalme ocurre el tercer modo, el “Auditor”. Según las normas del país, hay dos tipos de empalme, uno protocolario e informal y otro reglamentario y formal. El real empalme sucede cuando ya entra el alcalde nuevo y su equipo, se hace entre responsables de oficinas. Sin embargo, los miembros del equipo de empalme entrante, se creen con investidura oficial sin tener acreditación aún como funcionario público, presumen el derecho de hacer auditorias, inventarios, acceder a documentación oficial, a claves de cuentas cuando solo le está permitido recibir (ni siquiera constatar), los informes escritos y orales que les presente el responsable de oficina. Es común que suelan amenazar con las “asustadurías” cuando se presentan a las reuniones de empalme donde todo lo ven con sospecha.

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Entra el nuevo año y toma posesión el alcalde y su equipo de gobierno, es tiempo del cuarto modo “Adánico”. Es muy común en los gobernantes nuevos, reitero, en el caso de ser contrarios, escuchar frases como estas: “No encontramos nada”, “Se llevaron toda la información”, “Dejaron el pelero”, “Encontramos un desgreño”. Todo este diagnóstico pesimista busca justificar la teoría según la cual: “nos va a tocar arrancar de cero”, típico del complejo de Adán, ser el punto de partida.

Muy seguido a este, viene el cuarto modo, el “retrovisor”. El gobierno no arranca, el tiempo pasa y la realidad no cambia, las expectativas de la ciudadanía se dilatan. Es el momento de echarle la culpa de todo el gobierno saliente, todo lo malo del actual gobierno es una “herencia” del anterior.

Pasan las semanas. Los nuevos gobernantes se van a topar con la dura realidad del día a día, de los retos a resolver, con la tramitomanía y el quehacer rutinario y alienante. Ya no sirve echarle la culpa de todo al anterior gobierno. Hay que mostrar algo. Es el tiempo del quinto modo, al que llamaré “Usurpador”. En su afán de “mostrar algo” y aquietar a los ciudadanos que ya reclaman resultados, los alcaldes se ponen en la afanosa tarea de buscar obras gestionadas y contratadas por la anterior administración para inaugurarlas, eso sí, cacareando un huevo que nunca pusieron. Si hay alguna obra del gobierno nacional o departamental, allí estará muy vitrinero el nuevo alcalde, para sacar rédito político de los logros ajenos.

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Pasa uno o dos años de gobierno. Es el sexto modo: “Relajado”. Al equipo ya no le parece que los anteriores funcionarios fueron “tan malos”, incluso, a veces terminan vinculando a uno que otro con el que ya hicieron las paces o como producto de acuerdos burocráticos con los concejales. Administrar no resultó ser tan fácil como se pensaba, se comienzan a repetir las prácticas que al comienzo eran mal vistas, como el ausentismo laboral. Muchas veces, las promesas no se cumplen, al programa de gobierno estancado. Es tiempo de “relajarse” y más bien sacar algún provecho personal, por si acaso se pierde la próxima elección y el ciclo de los seis modos se vuelva a repetir.

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