“Me lleva él o me lo llevo yo pa’ que se acabe la vaina, Morales a mí no me lleva porque no me da la gana”.
Justo y a la medida el aparte transcrito de la canción titulada “La Gota Fría” de Emiliano Zuleta Vaquero, grabada por primera vez por Guillermo Buitrago con su guitarra y su voz, con el nombre de “Qué Criterio”. Esto porque cada día se va tropezando uno con gente mala que hace cosas malas, como decía Gandhi, con el silencio, y yo agregaría que con el aplauso de la gente mala; frente a lo cual muchas personas con evidente inocencia supina dicen “déjaselo a Dios”, pero pienso que al Todopoderoso no se le puede dejar todo: hay que ayudarlo haciendo lo que hay que hacer, porque él está muy ocupado.
Esta es la segunda parte de nuestra respuesta a los frustrados, envidiosos, perversos y malintencionados que se han empeñado, con bodegas y todo, en poner su letrina al servicio del desprestigio de Amylkar, mi hermano, y de la invisibilización de las obras que por su gestión se han realizado en Riohacha y en toda La Guajira.
Para continuar, hacemos referencia al municipio de Barrancas. Este municipio, cuando Amylkar asumió por primera vez la representación en el Senado de la República, recibía unas regalías representativas pero no suficientes, y el departamento también. Gracias a su gestión parlamentaria, a través de un proyecto de ley que fue finalmente aprobado por el Congreso, esas regalías se duplicaron no solo para Barrancas sino para el departamento; y después benefició a Albania y Hatonuevo. Gracias a esos recursos —con los que nunca hubieran contado sin su gestión— les sirvieron y les han seguido sirviendo para ejecutar obras cuyos contratos fueron adjudicados por los alcaldes y los gobernadores. Quien lo dude, que consulte con los exgobernadores Francisco Javier Daza, Luis Felipe Ovalle, con los investigadores César Arizmendi y el exgobernador e investigador Wilder Guerra Cúrvelo.
A propósito de Barrancas, todos sabemos que la sede central de Ecocarbon se encontraba en Bogotá, y Amylkar exigió, propició un debate sobre el tema y lo consiguió: que esa entidad tenía que tener su sede en La Guajira, que es donde están los más grandes yacimientos de carbón. Así fue posible traer de la capital de la República a la cuna de los barranqueros esa importante presencia institucional. Quien piense que no digo la verdad, que consulte con José Soto Berardinelly, Vicente Berardinelly, con el exalcalde Miguel Fonseca Gámez y con James Aragón Roys.
Cuando, muy a pesar de su oposición a la venta de Carbocol —mal negocio que fue aplaudido por mucha gente en La Guajira para congraciarse con Pastrana—, fue Amylkar quien, ante la imposibilidad de cazar con perros, decidió hacerlo con los gatos. Él exigió que parte de esos recursos de la venta se destinaran específicamente al Fondo de Pensiones Territorial de La Guajira, el mejor homenaje a nuestro padre, que antes de morir reclamaba trato digno para los pensionados, a quienes se les pagaba cada dos, tres o cuatro meses. Por eso, gracias a la gestión parlamentaria de mi hermano, hoy esos pensionados territoriales en La Guajira reciben su mesada pensional puntualita. Y quien lo dude, que le pregunte al pensionado Asdrúbal Henríquez. Mi padre no tuvo esa dicha.



Después de leer mi columna de la semana pasada, el exalcalde de Riohacha Rafael Ceballos me hizo caer en la cuenta de que gracias a la gestión de Amylkar se logró el reconocimiento al Distrito de Riohacha y Manaure de los recursos adicionales del impuesto por la explotación del gas, que hizo posible ejecutar las primeras obras para el Malecón de Riohacha, que se hizo y que va a ser ampliado. Igual que fue él quien hizo las gestiones para la construcción y habilitación de los pozos de agua en la comuna 10 de Riohacha.
El exalcalde de Fonseca también me llamó para decirme que en Fonseca, sin la ayuda de Amylkar desde el Congreso, no tendrían la avenida de cuatro pelos que tienen; era una carreterita angosta donde había accidentes permanentes, y que también le ayudó en la dotación de infraestructura educativa en los establecimientos públicos educativos.
Recordemos, en el repasito de Riohacha, que la licencia para la emisora Uniguajira Estéreo, de la Universidad de La Guajira, la ayudó a gestionar Amylkar cuando fue ministro de Minas, y se la trajo personalmente a su rector Carlos Robles Julio el 1.° de noviembre de 2015. Él y Poncho Medina pueden confirmarlo.
Lástima que el palabrero de la radio, Enrique Herrera, ya no está con nosotros, porque atendiendo sus consejos, siendo ministro de Minas y de la mano con Rafael Ceballos, hicieron realidad la estación de gas natural vehicular en Riohacha.
Ahora pido que alguien me diga cuáles son las grandes obras ejecutadas en La Guajira —aparte del puente sobre el Riíto— distintas de las que Amylkar gestionó.
A alguien también se le ocurrió decir, sin previa averiguación: “No ha hecho na’ por su pueblo”. Preliminarmente es bueno recordar que a nosotros nos enseñaron en la casa que es más importante para los Monguieros la inversión en el conocimiento que en cementos y ladrillos. Por eso, gracias a su gestión, se creó y después se construyó por Promigas la primera infraestructura de la Institución Educativa Evaristo Acosta Deluque de mi pueblo, su dotación; y cada vez que puede, allá va a llevar ayudas para mejorar la calidad educativa.
La primera repotenciación del acueducto, sustituyendo el sistema de bombeo con motobomba diésel por energía eléctrica con toda la infraestructura de transmisión, fue gestionada por él. Las bancas de la iglesia de Monguí fueron su donación. La pavimentación de las variantes y de la calle principal de Monguí fue gestionada por él, y no se ha podido concluir la pavimentación porque también —con su impulso y la voluntad de gestión de Rafael Ceballos— se iniciaron las obras de alcantarillado y fueron suspendidas durante casi 8 años por una perversa denuncia en Corpoguajira, y no se puede pavimentar sin concluir esas obras.
Fue quien logró la reposición de todas las redes y postería para el servicio de energía en el pueblo. Fue quien nos ayudó en las gestiones que permitieron que Monguí fuera el primer pueblo en el sur de Riohacha que tuvo comunicación telefónica. Gracias a su acompañamiento se logró la ejecución del proyecto de “Sustitución de casas vulnerables en sitio propio”, que permitió que en Monguí 34 familias pudieran vivir dignamente, pero en cada una de ellas no hay una placa donde diga quién ayudó para que ello fuera posible.
Durante la pandemia, solo él, con sus hermanos, en nuestra casa llevamos apoyo a la gente durante la emergencia, y gestionó con Ruth Berardinelly y otros amigos del Cerrejón otras ayudas.
Fue Amylkar quien pagó el estudio que permitió promover la acción popular en virtud de la cual el departamento y el distrito están obligados a ejecutar las obras de optimización de los acueductos de Monguí, Cotoprix, Machobayo, Tomarrazón y Matitas. Y está impulsando las obras de construcción de la Casa de la Cultura y del Centro de Integración Comunal.
Lástima que no tengo más espacio.
Si Amylkar hubiera usado la política para hacer negocios, seguramente le hubieran levantado un monumento al lado de Padilla.
¡¡Esto es pa’ que se acabe la vaina!!
