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Por Pedro Rosado Ríos – Miembro del taller de creación literaria Relata Guajira.

Aurora es el nombre de un teatro al aire libre construido en Riohacha en los años 40. Esta reliquia de esos años dorados se resiste a morir entre la ruina y el olvido.

Tuve la fortuna de entrar a ese cine al aire libre. Las balaceras de las películas del oeste y los gritos de Bruce Lee, se confundían con el ruido de los carros que pasaban a las afueras del teatro. Dos espectáculos, la película proyectada en la pared y el hermoso cielo estrellado.

Las desvencijadas y oxidadas sillas metálicas del teatro eran duras y para nada cómodas, pero los amigos que entraban de primero las aseguraban, porque cuando la película era nueva las sillas eran escasas. El ruinoso Teatro Aurora a pesar de todo era romántico y elegante para las parejas de enamorados con escasos espectáculos públicos donde coincidir, si no fuera los escasos circos repetidos con los mismos animales y los mismos payasos y payasadas, o la misma ciudad de hierro que volvía todos los años como los gitanos de Melquiades a Macondo.

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El antiguo Teatro Aurora repetía las mismas películas sobre Jesucristo todas las semanas santas, y así como se repetían las películas, repetían a verla cada Semana Santa los mismos espectadores.

Cada noche riohachera los muchachos salían felices del Teatro Aurora imitando y simulando las escenas de la película vista. También salían asustados cuando al terminar la función alguien gritaba:

—Afuera está el ejército reclutando.

La divertida fiesta de cine, se oscurecía ante el reclutamiento obligatorio, el Gobierno colombiano aprovechaba estos espectáculos para conseguir carne fresca para el llamado glorioso Ejército Nacional. El reclutamiento masivo a la salida del Teatro Aurora cambiaba toda la escena divertida de cine por el del miedo. Dejaban salir solo a las mujeres y ancianos. Los hombres mayores de 18 años quedaban como enjaulados corriendo asustados buscando una posible escapatoria, era imposible, las altas paredes del teatro hacían imposible la fuga. Comenzaba entonces la terrorífica y triste película, la de los atrapados para la guerra, para una guerra ajena, desconocida y lejana. Muchos de estos jóvenes dispuestos tal vez a las acostumbradas y tristes guerras familiares, rehuían a esta otra guerra a la que los llevaban a pelear contra su voluntad.

Afuera del Teatro Aurora, continuaba entonces la película de las madres y familiares llorando e insultando a los soldados reclamando a sus seres queridos, que eran subidos a camiones militares rumbo hacia el batallón más cercano.

El Consejo Departamental de Patrimonio Cultural de La Guajira aprobó en sesión extraordinaria, la propuesta para declarar el Teatro Aurora como un “Bien de interés cultural de carácter departamental”. La buena intención se quedó pérdida entre los intereses de los grupos políticos interesados más en quien se queda con el contrato de su restauración. Si no lo hago yo, no lo haces tú.

El desvencijado Teatro Aurora volvió a ser espectáculo. No de las mismas películas repetidas y vueltas a repetir. No del triste espectáculo de reclutamiento de jóvenes para la guerra. Ni del romántico encuentro de tímidas y asustadas parejas de enamorados clandestinos. Ni de los distintos grupos políticos guajiros interesados en el contrato. El Teatro Aurora fue el epicentro de una batalla, entre jóvenes que luchan por cambiar este país de crímenes, pobrezas e injusticias sociales y la llamada “gente de bien” que consideran que se debe conservar por los siglos de los siglos todo como está.

Las paredes del Teatro Aurora se pintaron y se despintaron. El arte callejero, muestra de rebeldía y crítica social de los jóvenes son cubiertas con una capa de pintura sin ningún sentido del arte, como sin sentido social son las mentes de los que las cubren.

Así como el Teatro Aurora se resiste a morir, así se resiste a cambiar una clase política acostumbrada a la corrupción como forma de vida. Pero los jóvenes triunfaron, llamaron la atención de una sociedad riohachera dormida, envejecida como el teatro aurora. Podrán borrar las paredes, ya los jóvenes despertaron y hay muchas paredes por pintar.

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