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Por Abel Medina Sierra – Investigador cultural.

El pasado 10 de agosto, se conoció en La Guajira la resolución 1876 de la Dirección de apoyo fiscal del Ministerio de hacienda, emitido un día antes, a través de la cual, se dio por terminada la actuación correctiva de asunción temporal de competencias en la prestación del servicio educativo en las secretarías de Educación Departamental y las certificadas de Riohacha, Maicao y Uribia, la que se había iniciado en el 2017 ordenada por la resolución 0459. Ese ha sido, para algunos, la fecha más esperada; ese mismo día, ya en la noche, se celebraba la noticia en reuniones con tragos y en las que ya se estaban repartiendo canonjías y burocracia alegremente. Que los políticos estén frotándose las manos ante la “alentadora” noticia ya es mala señal.

Fueron muchos los comentarios en redes sociales, celebrando el fin de la intervención. Particularmente, tengo la impresión que, como pasa muchas veces, una mentira repetida tantas veces termina siendo asumida como verdad. En este casi ha sido así, los políticos que estaban con la intención aplazada de “asumir” las secretarías de Educación en los 4 entes territoriales, crearon una narrativa mitológica según la cual, todos los males de la educación en La Guajira ocurren por culpa de la Asunción Temporal (AT) y que ha sido peor el remedio que la enfermedad. Sin embargo, nunca han demostrado con cifras o evidencias que eso ha sido así. Cuando inició la asunción, el argumento más usual en esta narrativa era el ya manido según el cual “los cachacos se vienen a apoderar de los recursos de educación”.

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Fueron muchos los debates que en Concejos municipales y la Asamblea les hicieron a la Asunción Temporal (AT), todos apuntaban a lo mismo: alimentar la narrativa de mala imagen y presionar la salida de estos. Todos con los mismos resultados, nunca hubo denuncias concretas de corrupción o mal manejo; mucha espuma, poco chocolate.

Frente a este mito, gestado desde la clase dirigente y hasta con seguidismo entre docentes y la prensa regional, conviene escuchar otras voces para no salir a “tirar cohetes” tan rápido. Una muy reconocida rectora de institución pública en Maicao me lo explicaba: “Con la AT, a los rectores nos convocan a concertar en qué se va a gastar los recursos de infraestructura y le toca alguna mejora en cada institución. Los alcaldes nunca lo hicieron, invertían en aquellas instituciones donde sus rectores les ponían votos, esa era inequitativo y nos convierte en politiqueros”.

Ahí está la gran diferencia entre la AT y el manejo que era antes y viene ahora, con la AT se despolitizó el manejo de la educación en La Guajira y eso es gran avance. Pongámoslo en comparación. Todo el que sepa algo de política en La Guajira sabe que las secretarías de Educación junto a la de Salud, son la joya de la corona administrativa, es la dependencia más aprovechada por alcaldes y gobernadores para “cumplir compromisos”. Así que la contratación del PAE, trasporte, materiales, formación docente va para aquellos “amigos” que financiaron la campaña. Este “amigo”, tiene que sacar el peaje correspondiente, su aporte a la campaña, sus ganancias y, lo que quede, será para el objeto del contrato. En cambio, quienes manejaban la AT, no tenían compromisos ni “amigos” aquí en La Guajira, ni presiones locales, cualquiera podría licitar y ganar, conozco organizaciones que ganaron licitaciones sin siquiera conocer al alcalde o gerente de la AT. Cualquier docente del banco de la excelencia podría ser vinculado a un cargo provisional o licencia, con el manejo de los alcaldes, solo, quien le haya puesto votos y tenga un “padrino” puede hacerlo.

Muchas personas mal entendieron el espíritu de la AT, creyeron que con eso iban a terminar los problemas ya endémicos de la educación en Colombia: infraestructura, cobertura, calidad y hasta irregularidades de algunos contratistas con el PAE. Ni siquiera en Bogotá o Medellín han logrado ese estado ideal. La AT, llegó a intervenir la educación en La Guajira porque veía en riesgo los recursos de transferencias, para sanear fiscal y administrativamente las secretarías, porque había fallas en los reportes, porque había la necesidad de depurar deudas, porque la planta de personal de las secretarías no se ajustaba a carrera administrativa, porque había “carteles” como los de horas extras por donde se estaban esfumando los recursos, porque las uniones temporales se estaban quedando con casi toda la tajada de recursos de la educación.

Yo no lanzaría bengalas, porque todos los males que propiciaron la asunción, podrían venir de nuevo. Esta vez, quienes crearon la mala narrativa, no tendrán la excusa de echarles la culpa a los “cachacos”, esperemos que también llamen a rendir cuentas a los amigos por los que nos vendieron un humo que pronto se disipará. No hay nada que celebrar, los únicos que sí tienen motivos son “los amigos”.

medinaabelantonio@gmail.com