- El Mundial 2026 aún no ha comenzado, pero su impacto económico ya se siente en distintos sectores. Desde el turismo internacional hasta el consumo digital, la cita futbolística más esperada del mundo ha activado una cadena de inversiones, viajes y estrategias comerciales que anticipan un movimiento económico de gran escala.
Aunque el primer partido del Mundial 2026 se disputará el próximo verano, el evento ya impulsa un notable movimiento económico global. Sectores como la infraestructura, el turismo y el comercio digital registran un aumento en la actividad, impulsados por la preparación de las sedes y la planificación anticipada de millones de aficionados.
“El turista internacional gasta de tres a seis veces más que el visitante local, generando beneficios significativos para las economías anfitrionas”, afirma José Bonal, profesor del Global Sport Management de la Universidad Europea.
Tras el sorteo de grupos, el mercado de entradas del Mundial 2026 y los paquetes turísticos deportivos experimentó un ajuste inmediato. Con las sedes ya definidas, los aficionados comenzaron a comprar con mayor criterio, lo que elevó el valor de los partidos más atractivos, algunos de los cuales han llegado a triplicar su precio oficial meses antes del torneo.
“No es solo fútbol, es turismo, consumo digital y un fenómeno cultural global”, señala Bonal. El experto explica que el Mundial funciona como una experiencia integral, en la que el gasto del visitante incluye vuelos, alojamiento, gastronomía, ocio y productos oficiales, convirtiendo al evento en un motor clave para las economías anfitrionas.
Desde la Universidad Europea, los análisis indican que un aficionado internacional puede gastar hasta seis veces más que un visitante local, una diferencia que explica el interés de agencias de viajes y plataformas de experiencias, que ya promocionan paquetes temáticos que combinan deporte, turismo y comunidad.
Las marcas deportivas también se anticiparon al torneo. “La camiseta oficial de cada selección es hoy un símbolo cultural y generacional, especialmente entre el público joven”, destaca Bonal. A esto se suma el auge de contenidos digitales, videojuegos y experiencias inmersivas, que posicionan al Mundial como un producto global antes del inicio de la competencia.
La edición de 2026 será la más grande de la historia, con 48 selecciones y múltiples sedes, lo que también plantea retos. “Hay algunas sedes, especialmente de Canadá sin tradición futbolística y hay que ver si logran movilizar al público local”, advierte el especialista, al referirse a la ocupación de estadios en partidos de menor atractivo mediático.
Más allá del torneo, el legado económico del Mundial 2026 podría redefinir el crecimiento del fútbol en mercados como Estados Unidos y Canadá. “Es un punto de inflexión. Lo que se siembra ahora marcará el futuro del ecosistema deportivo de toda la región”, concluye Bonal.
