Por: Cesar Arismendi Morales
La migración es un fenómeno tan antiguo como la humanidad misma, actuando como un motor de desarrollo que ha dado forma a sociedades enteras. A lo largo de la historia, se ha considerado un flujo natural que enriquece la diversidad cultural y fomenta el crecimiento económico. Sin embargo, en el contexto global actual, la forma en que se percibe ha cambiado drásticamente, convirtiéndose en un tema de seguridad nacional y un punto candente de debate político.
El Foro Mundial sobre Migración y Desarrollo (FMMD) se enfrenta a esta complejidad en su XV Cumbre, que tendrá lugar en Riohacha, La Guajira, Colombia, del 2 al 4 de septiembre de 2025. La agenda del evento refleja la naturaleza multifacética de la migración, con conversaciones que abarcan desde la integración socioeconómica de los migrantes hasta el impacto de las nuevas tecnologías en la gestión migratoria.
Mientras el FMMD busca enfoques colaborativos, la realidad política en muchos países muestra un endurecimiento de las posturas antimigratorias. La política de Estados Unidos se ha vuelto notablemente más restrictiva, en contraste con la de la Unión Europea. Aunque la Unión Europea también enfrenta sus propios desafíos, ha adoptado una postura diferente, especialmente en lo que respecta a la migración desde África, lo que pone de manifiesto las distintas percepciones sobre cómo gestionar la movilidad humana.
La militarización de las fronteras es una consecuencia directa de estas políticas. En el Caribe, los movimientos militares cerca de la costa de Venezuela añaden una capa de complejidad. Estos despliegues, aunque pueden tener objetivos estratégicos variados, tienen el potencial de desestabilizar la región y provocar nuevas olas migratorias.
Las comunidades indígenas, como los wayuu y paraujanos, que habitan cerca del Lago de Maracaibo, son especialmente vulnerables a cualquier aumento en los conflictos. Si la situación militar en la región se desestabiliza, estas poblaciones podrían verse obligadas a desplazarse, convirtiéndose en migrantes por motivos de seguridad y añadiendo un componente humanitario crítico a la ya complicada situación regional.
Los eventos del Foro de Riohacha reconocen esta interconexión. Las mesas redondas que abordan temas como la «interacción de medios y cultura para construir y deconstruir la realidad migratoria» y el «cambio climático: rutas laborales seguras como puente hacia la prosperidad» demuestran que la migración no es un fenómeno aislado. Está profundamente relacionada con factores ambientales, económicos y políticos que trascienden las fronteras nacionales.
El endurecimiento de las políticas migratorias no solo impacta a quienes buscan un futuro mejor, sino que también desestabiliza las regiones de origen y tránsito. Esto genera ciclos de desplazamiento y privación que a menudo son difíciles de revertir. La criminalización de la movilidad humana no soluciona los problemas subyacentes, sino que los agrava.
A pesar de las barreras y la retórica en contra de la migración, los beneficios que trae son innegables. Los migrantes revitalizan áreas que han visto un estancamiento demográfico, ocupan trabajos esenciales y contribuyen a las economías a través de impuestos y remesas. El diálogo en el Foro de Riohacha sobre «remesas y contribuciones de la diáspora» resalta la importancia de este flujo económico.
Para superar las barreras que enfrentamos hoy, es crucial cambiar la narrativa. En lugar de ver a los migrantes como una carga, deberíamos considerarlos como un valioso recurso. Las conversaciones sobre «soluciones duraderas para el desplazamiento interno» y la «integración social y económica de las personas migrantes» en el Foro subrayan que la integración es fundamental para liberar todo este potencial.
La cooperación y la integración regional son esenciales para establecer un marco de gobernanza migratoria más humano y eficiente. Al unir fuerzas, los países de origen, tránsito y destino pueden crear rutas de migración seguras y regulares, lo que ayuda a disminuir la dependencia de las redes de contrabando y protege a los migrantes de la explotación.
Además, el uso de datos y evidencia en la formulación de políticas es clave para superar la polarización. El lanzamiento del panel digital interinstitucional de estadísticas migratorias, una iniciativa de Panamá, es un gran ejemplo de cómo las buenas prácticas pueden ayudar a desmantelar mitos y promover una gobernanza basada en hechos.
La migración es una fuerza poderosa para el desarrollo. Aunque la política anti migratoria ha ganado fuerza en muchos países, los beneficios de la movilidad humana son claros. El Foro Mundial sobre Migración y Desarrollo en Riohacha ofrece una plataforma vital para repensar estas dinámicas y fomentar un enfoque que reconozca a los migrantes como agentes de cambio y colaboradores en la construcción de sociedades más prósperas.
Crédito foto portada : Gobernación del Quindío
