Por Abel Medina Sierra

Dos casos en torno a novedades literarias me llamaron curiosamente la atención recientemente. Se trata de sendas obras de dos autoras, que apenas se estrenan en la experiencia editorial. Dos autoras guajiras de las que nunca tuve conocimiento de sus inclinaciones hacia la escritura, pero que se atrevieron a publicar obras en el muy lucrativo y recurrente tema de la auto superación. Lo curioso es que, están publicitando sus obras con dos muy prestigiosas credenciales. La primera, la obra se publicó en Estados Unidos. Para cualquier lector, si una obra fue publicada en el extranjero y, en especial en ese país, es un probable indicador del gran potencial literario o de contenido de la obra que tiene en sus manos. La segunda, mucho más convincente y “cachetosa”: se trata nada menos que de un best seller.

Cuando se habla de best seller, se entiende que se está en la cúspide de las ventas, “lo más vendido” traduce literalmente, y lo más vendido es lo más leído. Que estas obras de nuestras paisanas se estén promocionando con una etiqueta externa que dice “Best seller”, puede llevar a pensar a cualquier ingenuo que ya se codean con Stephen King, Irene Vallejo con su “Infinito en un junco”, Carmen Mola, para solo mencionar algunos de los más leídos últimamente. Nada de eso. En el caso de nuestras nuevas autoras guajiras, se trata de libros que no se han vendido más que cualquier otro de la producción editorial hecha en el departamento.

Para dar un contexto, en Estados Unidos, considerado el mercado editorial más grande del mundo, para cualquier libro, ya sea digital o impreso, se necesita vender unos 3.000 en la primera semana para acceder a la lista de “The Wall Street Journal”  y unos 9.000 para la muy codiciada de “The New York Times” . Para estar en el honroso y codiciado escalafón de best seller, se requiere superar el millón de unidades vendidas. ¿Será que estas obras, de las cuales se sabe poco, tuvieron tanta acogida? No creo. Pero veamos cómo se logra hackear el sistema del mercado editorial y arrogarse el derecho a posar como best seller.    

Muchas críticas le han surgido a esta nueva modalidad engañosa, en la que se editan obras en el extranjero que se divulgan en formato digital a través de plataformas como Amazon y que, no se trata más que de humo detrás de supuestas ventas millonarias.    Hay empresas que proporcionan por unos cuantos dólares esa oportunidad de oro para “espantajopear” como escritor muy leído y vendido. Una de estas es la compañía ResultSource, fundada por Kevin Small y cuya sede se encuentra en la ciudad californiana de San Diego. Otra es la empresa para asesorías de ‘marketing’ creativo para autores y empresas de comunicación Brass Check.

Aunque Amazon, la mayor vendedora de libros en formato digital, no es directamente responsable, sí le atañe culpa pues estas empresas terminan engañándola y sus filtros, a veces, no les permiten detectar las trampas para vendernos humo.

Un caso que tuvo notoriedad internacional fue el de Brent Underwood.  Un ciudadano del común que tuvo esa misma curiosidad que hoy me asalta: libros de dudosa calidad y de autores que no han dado muestras de ser buenos escritores, que se emiten con sello de best seller desde su primera edición. Underwood decidió ponerle una trampa a Amazon. Tomó una foto de su pie e hizo una portada de ‘Putting my foot down’ (algo así como “pisando fuerte”)  de lo que aparentemente era un libro. Hoy existen muchas aplicaciones para que uno pueda hacer ediciones digitales sin ser experto. Así que le dio formato de libro, en el interior de la obra presentó una imagen del mismo pie de la portada.

El hasta entonces anónimo autor, contrató una de esas empresas, animó a un amigo a comprarlo digitalmente y él pagó dos más, así que, con solo tres ejemplares de lo que solo era la foto de pies, logró escalar a la lista de los best seller como él mismo lo explica: “La gente llega al ‘top’ de una categoría y, aunque dure solo una hora, se apresura a indicarlo en todas sus biografías y presumen de ello durante el resto de su vida”. Es decir, se vende por solo unos minutos la etiqueta exterior de “Best seller”.

Un engaño a los lectores, una impostura que solo vende humo usando una etiqueta que se han ganado autores a través de años de dedicación y sacrificado oficio, es lo que nos ofrece esta falsa etiqueta de “best seller” que, ojalá no se vuelva una moda entre quienes quieren presumir con el rótulo de escritores.