Por Abel Medina Sierra – Investigador cultural*

Mucho revuelo causó en el sector comercial del país el pasado 14 de septiembre,  la múltiple y simultánea intervención del CTI de la Fiscalía General y la Sociedad de activos especiales (SAE), al realizar 20 capturas y ocupar con fines de extinción de dominio la “pendejadita” de 1.100 bienes avaluados en 1.2 billones de pesos pertenecientes a la, hasta entonces, exitosa cadena de almacenes de ropa Tierra Santa.

Se trataba, según palabras del fiscal Barbosa, de una investigación de 60 meses motivada porque, desde 2009 esta empresa familiar, no solo habría ingresado productos de contrabando desde Panamá, Ecuador, China, India, Singapur y Hong Kong, sino que había creado todo un entramado de empresas fachadas para lavar activos. La conexión fraudulenta incluía el uso de la banca en Líbano, país de origen de la familia Gebara (se pronuncia “Yebara”), propietaria de la marca Tierra Santa, una de las  más reconocidas entre las cadenas de almacenes  de ropa en Colombia.

Si en el país la noticia generó escándalo, mucho más lo fue en Maicao, ciudad desde donde se inició este emporio que llegó a tener más de 70 locales en el país y muchos más en la modalidad de franquicia.  Es que fue en “la vitrina comercial” que comenzó esta historia, cuando en 1996, la pareja libanesa conformada por María Karameddin y Ahmad Ibrahín Gebara, abrieron el primer almacén para vender ropa “barata” que compraban en remates y outlets de Panamá. Con el tiempo se fueron extendiendo a casi todo el país y se fueron vinculando sus hijos Bilal Gebara Karameddin y Khaled Ahmed Gebara Karamedinn, así como otros parientes. Hoy, tanto el socio fundador como sus hijos y varios de sus familiares, socios y trabajadores, están siendo procesados por la justicia colombiana y los almacenes están en poder de la SAE.

La antes emprendedora y visionaria familia radicada en Maicao y luego extendida por el país, hoy es calificada como una «organización multicrímen trasnacional» por dedicarse al lavado de activos mediante la conformación de empresas fachada. Según revelaciones del diario El Tiempo, se ha descubierto la existencia de una sociedad financiera conformada por al menos 60 empresas ‘de papel’ en varios países. Empresas que son creadas con un capital de 200 millones de pesos y el mismo año generan ingresos brutos operacionales por más de 7.000 millones de pesos.

El escándalo se hace mayor cuando aparecen negocios de la empresa Tierra Santa con el Fondo Global de Construcciones SAS, propiedad nada menos que del cuestionado empresario árabe-colombiano Álex Saab, hoy preso en Estados Unidos por su ligazón con el gobierno de Nicolás Maduro. También Tierra Santa tuvo operaciones con otro descendiente de libaneses, Elías José Yamhure Daccarett, socio de Ticket Ya, vinculada al escándalo de reventas de boletas para partidos la selección de la Colombia. Para las autoridades, causa sospechas que el conglomerado ha tenido operaciones en sectores como las frutas, explotación de canteras y de químicos que están muy lejos de su reconocimiento como principal surtidor de ropa bajo el lema: bueno, bonito y barato.

Pero, el sonado caso de Tierra Santa, no ha sido el único de ese tipo que ha tenido su origen en Maicao y con proporciones mayúsculas. En el año 2016, explotó el caso de la familia Waked, quienes fueron denominados desde entonces como los “zares de los perfumes”. Los waked fue una familia que se asentó, una parte en San Andrés islas y otra en Maicao, donde fue famosa su cadena de perfumerías, siendo la casa matriz el almacén Capri. Hoy en día, al menos uno de sus almacenes permanece en la ciudad.

En Maicao, los Waked fueron unos muy exitosos y pudientes empresarios, en especial Alí Waked. Se dieron el lujo de construir el palacio municipal donde funciona la alcaldía, a cambio que le permitieran usar en comodato la primera planta para sus almacenes y bodegas. También patrocinaron al emblemático Deportivo Maicao.    

El escándalo tuvo proporciones internacionales en mayo del 2016, cuando en Bogotá fue apresado con fines de extradición el empresario barranquillero de origen libanés y nacionalidad panameña y española, Nidal Ahmed Waked Hatum, era el heredero y socio principal del imperio económico Wisa S.A, un conglomerado con más 68 empresas y 11 países.

Waked Hatum, era solicitado por una corte del Distrito Sur de la Florida por lavado de activos del narcotráfico y fraude.  Nidal, así como sus parientes Abdul, Jalal Ahmed, Ali Waked y Gazy Waked Hatum, han sido vinculados a la nada prestigiosa Lista Clinton. Todo esto por investigaciones que los hace parte de las redes de lavado de dinero internacional.

Abdul Waked, el jefe de la familia, ha sido destacado por parte de la revista Forbes. Llegó del Líbano a Colombia en 1956, cuando apenas tenía 10 años. Ayudó a su papá en un almacén de ropa en San Andrés. Luego pasó a electrodomésticos del que dio paso a la perfumería. Creó una de las más poderosas casas de perfumería del mundo: La Riviera. Esta empresa fue creada en Panamá en 1992. Para entonces, ya era un imperio familiar llamado Waked Internacional S. A que incluía varios almacenes en Maicao.

Al crecer, el grupo pasó a llamarse Wisa S.A, con empresas no solo en el sector de la venta de perfumes, también dueño de la petrolera Strategic Oil Group, Hometek, negocios en el sector de las construcciones, de la empresa panameña Balboa Securities y el banco Balboa Bank & Trust. Según la revista Semana, en el 2014, el grupo Wisa contaba con 104 duty free (áreas libres de impuestos) en aeropuertos, fronteras y puertos, adicional a los 133 establecimientos en varias de las principales ciudades de Latinoamérica. Incluía negocios de cosméticos, relojes, chocolates, cigarros y licores. También son los dueños de los periódicos panameños ‘La Estrella’ y ‘El Siglo’. Los waked, operaban en 14 países y tenían unos 6.000 empleados.

Pese a la férrea defensa del abogado Jaime Granados, el “jeque” de los Waked fue extraditado el 20 de septiembre del 2016, para entonces lo presentaron como uno de los mayores lavadores de dinero del narcotráfico.  El subdirector de la DEA, Jack Riley, dijo entonces que Nidal Waked “tiene una larga historia de blanqueo de dinero en beneficio de algunas de las redes criminales y de tráfico de drogas más implacables y sofisticadas del mundo”. 

Dos historias que enfrentan el poder y la decadencia, el éxito y la caída, la gloria y la deshonra. Historias de migraciones libanesas en Colombia con sus altos y bajos y que, en una pequeña esquina de Colombia, Maicao, causan un profundo impacto porque tienen como protagonistas dos casas comerciales que tuvieron su origen en esta frontera. Hechos lamentables que aportan a la larga cadena de estigmas que se han atribuido a la ciudad. Historias no tan santas, pero que no debe generalizarse a cientos de comerciantes libaneses laboriosos que siguen en la ciudad en su diaria y honrada brega. *Las opiniones expresadas en este espacio son responsabilidad de sus creadores y no reflejan la posición editorial de revistaentornos.com