Como se ha vuelto costumbre en Colombia, cada fin de año la puja por la definición del aumento del salario mínimo es la discusión que ronda todos los hogares, comercios, empresas y sector público. Sin embargo, esta vez cuenta con particularidades socioeconómicas que generan disparidades en las propuestas de alza entre quienes intervenían en la estipulación. Pese a esto, finalmente el Gobierno de manera independiente definió un aumento del 23.7 %, siendo el salario base $1.746.882 y el auxilio de transporte en $253.118, para un total $2.000.000.

Aunque en términos nominales suena muy apetecible, la realidad es otra, siendo el salario mínimo algo parecido al camino lleno de migajas de pan que la bruja le dejaba a Hansel y Gretel para comerlos; la diferencia es que, en esta historia, los consumidores no tienen un final feliz y las decisiones del gobierno central pesan más de lo que creemos.
Piense en los negocios y comercios de Riohacha, particularmente los que son originarios de aquí. No piense en las entidades financieras, bancos, ni los supermercados, piense en las pequeñas empresas formalizadas, como las ferreterías, algunos restaurantes, hoteles, empresas de viajes y muchas otras, que son propiedad de sus conocidos y amigos, ese amigo que usted sabe que ha estado afrontando problemas por la situación económica, y ahora se verá obligado a pagar un salario mayor, cuando las ventas están cada vez más bajas. Piense en el trabajador, el mesero o el recepcionista de ese negocio, desafortunadamente, la opción más rápida es prescindir del costo variable, representado por los trabajadores para aminorar los costos totales.
Riohacha, desafortunadamente, pasó el año 2025 dentro del ranking de las tres ciudades con mayor informalidad, la noticia de mayores costos, sobre todo en las pequeñas empresas alimentará aún más esta cifra. Además, golpeará fuertemente a los futuros graduados, que verán un mercado laboral para emplearse o emprender más complejo, sobre todo, sabiendo que el salario mínimo impacta sobre el incremento de muchos elementos que rigen nuestro diario vivir, como es el caso de los precios de los arriendos, algo tan básico, pero tan necesario en el bienestar humano.
Pero no solo el arriendo mide el bienestar, considere el efecto sobre su canasta alimenticia, el arroz que es imprescindible en nuestras comidas, será más costoso, los huevos, el café y otros productos de consumo diario, dejarán de ser algo de fácil acceso a algo nos costará adquirir.
El incremento del salario mínimo más que una bendición, es un camino de migas de pan sin final feliz, desafortunadamente, muchos bienes y servicios cambian en función del salario mínimo (indexación) y el incremento planteado no es suficiente para todo subsanar el aumento de la inflación total, sobre todo, en una economía que ha venido en los últimos años (desde 2023) creciendo únicamente por el gasto en contratación del estado, dejando en números rojos el aporte del sector industrial, lo que ha sido evidenciado por medio del índice de producción industrial y los mismo informes del DANE, particularmente en los rubros del sector manufacturero y gasto del estado.
El país presenta un escenario complejo en términos económicos, un árbol navideño adornado con tasa de interés nacional rígida como resultado de la deuda pública y la misma tasa de la Reserva Federal (FED), contracción productiva en el sector industrial, problemas de seguridad, la posibilidad de mayores impuestos originados por la emergencia económica y todo esto, complementado con una estrella: el nuevo salario mínimo. Claramente, nadie desea que el país le vaya mal; pero, la actual decisión no es más que un crecimiento espurio sin base económica solida; ¿qué nos espera? Quizá una posible espiral inflacionaria que golpeará mayormente a estratos uno, dos o tres, como usted y yo, más no a los 2.000 más ricos del país.
