Mario Edgar Hoyos Benítez, el educador que dejó huella en Uniguajira

“Hay hombres que luchan un día y son buenos. Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay quienes luchan muchos años y son muy buenos. Pero hay quienes luchan toda la vida: esos son los imprescindibles”.

Bertolt Brecht


Hablar de Mario Edgar Hoyos Benítez, es en sí, una proeza. Es reconocer a un hombre que dedicó su vida al conocimiento, la educación y la construcción institucional de la Universidad de La Guajira. Un Intelectual, políglota, melómano y académico que desde que llegó a la institución asumió un papel activo que incidió de manera directa en su desarrollo académico y administrativo.

Se puede afirmar que la lucha fue una constante en su vida. Nació en Condoto, Chocó, el 26 de enero de 1954. Fue el sexto de nueve hermanos, hijo de Benjamín Hoyos Lozano y América Benítez de Hoyos. Creció en una familia numerosa y de recursos económicos limitados, donde el estudio se convirtió en una de las principales herramientas para abrirse camino y ampliar sus oportunidades.

Desde niño asumió el aprendizaje con disciplina. Leía, escribía y estudiaba de manera constante. Fue riguroso y metódico en sus actividades, una forma de actuar que mantuvo durante toda su trayectoria académica y profesional. Su formación no fue producto del azar, sino del trabajo sostenido y de una exigencia personal que marcó su manera de entender la educación y ejercer su profesión.

Era licenciado en Ciencias de la Educación, con énfasis en Lingüística, Literatura, Español e Inglés, por la Universidad La Gran Colombia, y realizó estudios posdoctorales en Gestión Integral de Instituciones de Educación Superior. Además fue PhD en Ciencias de la Educación.

Uno de sus logros más relevantes fue su participación en la traducción de la Constitución Política de Colombia de 1991 al wayuunaiki. El trabajo, desarrollado entre 1991 y 1994 por el Centro Colombiano de Estudios de Lenguas Aborígenes (CCELA) de la Universidad de los Andes, representó un avance significativo en el reconocimiento, la valoración y la preservación de las lenguas indígenas en Colombia.

La familia, su prioridad

Contrajo matrimonio con Loord Panesso Mena, con quien tuvo dos hijos: Sara Nayibe y Mario Esteban. Para él, la familia ocupó un lugar central en su vida.

Su hijo, Mario Esteban, lo recuerda como un padre cercano, respetuoso y dispuesto a acompañarlos. Entre su memoria está un viaje a Nueva York, donde matriculó a sus dos hijos en un curso de inglés y decidió inscribirse también.


El docente Mario Hoyos con sus hijos, Mario Esteban y Sara Nayibe, recibiendo un galardón en el marco del Guachupé de Oro.

“Él mismo nos llevaba al salón y, aunque dominaba el idioma, decidió ingresar también para repasar y acompañarnos. Hoy, como padre, entiendo el significado de ese gesto”, evoca.

También conserva sus llamadas, consejos, abrazos y el sentido del humor con el que solía decir que su sueldo era más de sus hijos que de él. Destaca, además, su disciplina para estudiar y la seriedad con la que asumía la enseñanza.

Su hija, Sara Nayibe, lo describe como un hombre brillante, de carácter fuerte y, en ocasiones, irreverente, pero también generoso, bondadoso y afectuoso.

Entre sus recuerdos estaba la costumbre de reunir a la familia alrededor de la mesa. Almorzar o cenar juntos era una práctica habitual. También rememora su gusto por la cocina, una actividad que, según ella, utilizaba como una forma de compartir y cuidar a los suyos.

Otro elemento presente en su vida fue el trébol de tres hojas. Lo incorporó en proyectos, nombres y espacios relacionados con su familia. Para él representaba la idea de que la perfección no existe y que la imperfección también puede tener valor.

Su obra

En 1993 llegó a la Alma Máter invitado por el entonces rector Francisco Justo Pérez Van-Leenden. Fue decano de la Facultad de Ciencias de la Educación y contribuyó directamente en la creación de nuevos programas, entre ellos la Licenciatura en Etnoeducación e Interculturalidad y Trabajo Social. Su trabajo no se limitó a una sola facultad; también intervino en procesos relacionados con los pregrados de Derecho, Psicología, Medicina y Arquitectura.


El maestro Mario Hoyos, durante la preparación de las visitas de acreditación explicando la estructura y esencia del PPEI.

Uno de sus principales aportes fue la construcción y consolidación del actual Proyecto Político Educativo Institucional (PPEI), labor que desarrolló junto con la profesora Claribel Guadalupe Ochoa Romero. El documento estableció los principios, valores y lineamientos para orientar el desarrollo institucional de la Universidad de La Guajira durante el periodo 2017-2030.

La calidad como cultura institucional

Para Dair Samir Redondo Granadillo, vicerrector de Calidad de la Universidad de La Guajira, el trabajo de Hoyos Benítez aportó una visión diferente sobre la calidad institucional.

“En una época en la que esta comenzaba a consolidarse como un eje estratégico de la educación superior colombiana, propuso una visión innovadora. Entendió la calidad no como un conjunto de requisitos por cumplir, sino como una cultura institucional que articula el desarrollo, la evaluación, la regulación y la toma de decisiones en función de la misión y del compromiso social de la universidad”, puntualiza.

Esa concepción quedó incorporada en el PPEI, documento en el que se planteó una educación superior sustentada en la pertinencia, la interculturalidad, el desarrollo humano y la construcción colectiva del conocimiento.

Desde esta perspectiva, la calidad debía superar el cumplimiento de requisitos administrativos y convertirse en un proceso permanente de evaluación y mejoramiento institucional, relacionado con la formación, la investigación, la proyección social y la gestión académica.

Un hombre de lealtades

La amistad también ocupó un lugar importante en su vida. Quienes compartieron con él espacios académicos y profesionales, destacan su franqueza, lealtad y compromiso.


La docente Claribel Ochoa y el maestro Mario Hoyos, presentando el PPEI ante el Consejo Superior.

Entre esas relaciones sobresale la que mantuvo con la profesora Claribel Guadalupe Ochoa Romero, con quien compartió años de trabajo académico y se convirtió en su coequipera en la construcción del PPEI. Ochoa ecuerda que Hoyos Benítez defendía la necesidad de que los integrantes de la Universidad de La Guajira asumieran la honestidad como una práctica cotidiana y no solo como una declaración institucional.

Su propuesta incluía la incorporación de valores como la honradez, la tolerancia, la ecuanimidad, la rigurosidad, la transparencia, la austeridad, el reconocimiento, la solidaridad, la afectividad, el trabajo en equipo, la equidad, el sentido de pertenencia, el respeto y la lealtad.

Marietes

Cecilia Constanza Lemos Ruiz, licenciada en Lenguas Modernas de la Universidad del Valle, doctora en Métodos de Investigación y Diagnóstico en Educación de la Universidad Complutense de Madrid y una estudiosa acérrima de la historia de Uniguajira, afirma que Mario Hoyos Benítez fue, ante todo, un líder académico natural. Su percepción no surgió de los cargos que ocupó ni de los reconocimientos que recibió, sino de la manera en que asumía el trabajo universitario y de su capacidad para orientar discusiones y convertirlas en acciones.

Fue después de regresar de España, tras culminar su doctorado, cuando Lemos Ruiz tuvo la oportunidad de compartir con él un espacio de trabajo. Ese encuentro le permitió conocer de cerca al académico que hasta entonces había observado desde la distancia.

Al regresar a la universidad, fue ubicada en una oficina que compartía con varios docentes como Mario Hoyos Benítez, Airadín Pinedo, Geovanni Valdivieso y Alberto Celedón. “A Mario comencé a llamarlo con afecto Marietes, un apelativo que terminó formando parte de la relación cotidiana entre compañeros”, sostiene Lemos.

La oficina también estuvo marcada por una de esas historias de la llamada “vieja universidad”. Se decía que varios de los profesores habían terminado allí como consecuencia de una sanción por algún hecho que supuestamente habían cometido. Sin embargo, ninguno llegó a saber con certeza cuál había sido la razón. El episodio quedó como una anécdota de aquellos años, con más preguntas que respuestas.

En ese contexto, Mario ya estaba concentrado en un asunto que comenzaba a ganar importancia en la educación superior colombiana: la evaluación, la autoevaluación y la regulación de los procesos académicos. Su interés estaba relacionado con el registro y la acreditación de programas e instituciones, un campo que por entonces todavía se encontraba en proceso de consolidación en Colombia y América Latina.

Lemos Ruiz recuerda que esa preocupación no era circunstancial. Mario entendía que la universidad necesitaba organizar sus procesos, evaluar lo que hacía y establecer criterios para orientar su desarrollo académico. Años después, esa línea de trabajo tendría un resultado institucional importante con la acreditación de Alta Calidad de la Universidad de La Guajira, obtenida en 2024.


Carlos Arturo Robles, rector de Uniguajira y la directora de Talento Humano Lauren González Camargo reconociendo su trayectoria en la institución.

Pero antes de que ese proceso alcanzara esa dimensión, el grupo tuvo una tarea concreta: participar en la construcción del Proyecto Educativo Institucional (PEI) de 2005. Allí trabajaron de manera conjunta y cada docente aportó desde su experiencia. Posteriormente se incorporaron otros profesores vinculados mediante la convocatoria correspondiente, entre ellos Nora Posada y Rosalba Cuesta.

La elaboración del PEI no fue solamente la redacción de un documento. En ese momento, la universidad estaba definiendo con mayor precisión su proyecto académico, su estructura y el rumbo que debía seguir. Las discusiones sobre lo que debía ser la institución tenían que traducirse en decisiones, criterios y acciones.

En ese escenario, Mario tuvo un papel que Lemos Ruiz considera determinante. Su aporte estaba en la capacidad para plantear preguntas, promover discusiones y llevarlas al terreno de las decisiones. No se limitaba a participar: ayudaba a organizar las ideas y a convertirlas en trabajo institucional.

Por eso, al reconstruir aquellos años, Cecilia Constanza Lemos Ruiz no recuerda a Mario únicamente como un compañero de oficina. Lo evoca como un académico que ejercía liderazgo antes de que ese liderazgo tuviera un reconocimiento formal.

Marietes era el nombre cercano con el que lo llamaban sus compañeros. Pero detrás de ese trato cotidiano estaba un profesor que ya participaba en la construcción de asuntos que marcarían el desarrollo de la Universidad de La Guajira durante los años siguientes. Su liderazgo no apareció de repente: se fue construyendo en las discusiones, en los documentos, en el trabajo colectivo y en las decisiones que ayudó a impulsar.

Un legado que permanece

Falleció el 11 de febrero de 2025 en Medellín. La acreditación institucional en Alta Calidad fue uno de los propósitos que acompañó su trayectoria. Mario Edgar Hoyos Benítez, deja una historia que forma parte de la memoria de Uniguajira. Su legado está en las ideas que defendió, en los procesos que ayudó a construir y en la institución a la que dedicó una parte fundamental de su vida. Su ausencia marca el final de una carrera, pero no borra el aporte de un hombre que hizo de la educación y del fortalecimiento universitario una tarea permanente.

Doris Cabeza Escobar

Periodista Uniguajira