El inmortal Joe Arroyo

Por María Isabel Cabarcas Aguilar

“Rompe tu risa el cristal de mi soledad, ¡mi Mary!”… entona con su inconfundible voz el maestro Joe Arroyo en una de sus más hermosas composiciones, cuya musa es la madre de sus hijas: Tatico y Peloti Arroyo, a quienes tanto nombró en sus canciones. Las muchas Mary que admiramos al maestro cantamos esa canción a todo pulmón, practicando quizás un ritual de autodedicatoria no solo por la bellísima letra, sino, también, por la exquisitez de su melodía, en la que, como siempre, resalta la sonoridad del piano del maestro Chelito De Castro.

Estos días han transcurrido recordándolo con nostalgia y añoranza. Visitó mi memoria algo sucedido en 1998 durante el tradicional bazar del Gimnasio Cerromar, que tanto esperábamos los que nos habíamos ido a estudiar fuera para disfrutar, en las vacaciones en Riohacha, de alguna agrupación musical que usualmente era vallenata. En aquella ocasión, los organizadores traían el talento del gran Álvaro José Arroyo hasta la capital guajira. Por aquel año guardaba luto por mi padre, quien había fallecido el 6 de diciembre de 1997. Rigurosa como era mi madre con los rituales de duelo, en casa ella y yo guardábamos luto, manteniéndonos lejos de celebraciones y fiestas. Recibí, en aquel momento en el que los celulares comenzaban a ser parte de nuestras vidas, la llamada de una gran amiga del colegio, quien desde un móvil prestado logró que escuchara al maestro entonando desde aquel bazar la canción “Tal para Cual”, que fue un hit de la “Joemanía” a mediados de los 90 y que tanto nos gustaba a ambas.

Recordar al maestro es como dar un paseo por la banda sonora de la vida de los caribeños. Cada canción nos lleva a un hito de nuestra historia personal. A mi sobrina Hellen Mery, quien ya es madre de cuatro hijos: Josué, el mayor; mis dos ahijados, los Mellos; y Joti, el menor, compaye de MADJ, cuando era niña le encantaba “A mi Dios todo le debo”. La cantaba alegremente en su media lengua: “Ay, Papá, tú eres muy bueno, Papá”, mientras mi mamá, quien fuera su madrina; mi tía Cuny, su abuela; y sus demás tías la aplaudían y se reían con desparpajo.

Recientemente, en medio de esa nostalgia que llega para invadir la vida por su partida, hace 15 años, un 26 de julio, me hallé una mañana buscando sus canciones en YouTube. De repente, después de “Musa Original”, otra de sus más queridas composiciones y que también me encanta, comenzó a sonar una canción que no reconocía. La detuve y encontré la información del video: “Bolombonchi” (que se traduce como un hematoma protuberante o lo que llamamos coloquialmente un chichón o, también, huevo de ganso en papiamento), en la voz del cantante arubiano Robert Jean D’or, quien la escribió y arregló junto con Bito Oduber y Vicente Kelly en 1977. Al contarle esta anécdota, que me causó curiosidad, a su hermana Lennie Jean D’or, quien hizo parte de la Misión Familiar de Turismo Étnico y Cultural Regenerativo Bek Na Raíz, que visitó Riohacha entre el 29 de abril y el 6 de mayo, proveniente de Oranjestad, me contó que Joe Arroyo la escuchó y grabó en 1982 y que, por esa razón, cuando canta, le envía saludos a Aruba.

Por otra parte, en Instagram, desde el perfil de la fundación que lleva su nombre, se hizo una publicación con su canción “Centurión de la Noche”, en la que el maestro le canta a su insomnio y se declara de forma poética como tal: “Aurora soy centurión de la noche, aurora, mírame aquí sin dormir. No sé qué es lo que duele sin sentir, pero tengo en el alma mi sufrir, centurión de la noche me volví, mírame aquí, sin dormir”. Con el ingenio que caracterizó sus notables pasos artísticos, el maestro convirtió su enfermedad en una canción icónica de su gran obra musical. Qué bello se escucha hoy, aunque imagino esas largas noches sin dormir, ya que también atravesé algunos episodios de insomnio en algún momento. De lo que sucede, incluso de aquello que no genera comodidad, también nace arte, como poesía, como canción o como prosa. Mientras escribo estas letras querido lector, deseo que, en esa búsqueda permanente de bienestar mientras se anda el camino de la vida, el arte y la inspiración nos encuentren constantemente a ti y a mí.

Transitando a través de sus canciones, he recordado el maravilloso legado artístico del maestro Álvaro José “Joe” Arroyo y cómo sus canciones han marcado instantes de mi vida. ¿Cuáles canciones de él han marcado la tuya? Hoy te invito a recordarlo con admiración y cariño, celebrando y honrando su inmenso legado musical, a quince años de su partida. Por siempre en el corazón de sus fans, el gran Joe Arroyo.