En el primer día de recorrido por la alta guajira, la primera dama mostró sensibilidad y talante, fue fuerte en sus discurso pero sensible ante las múltiples carencias que la comunidad le manifestaba.
Un hecho para resaltar es que que los niños se mostraron muy cercanos, y ella les correspondió igual.
Fueron momentos emotivos, los niños le arrancaron lágrimas y risas, y es así como algunos de ellos la invitaron a acompañarlos al ritmo de la Yonna.
Para muchos de los presentes este corto momento 𝐧𝐨 𝐟𝐮𝐞 𝐮𝐧 𝐛𝐚𝐢𝐥𝐞 𝐦á𝐬 𝐝𝐞 𝐥𝐚 𝐩𝐫𝐢𝐦𝐞𝐫𝐚 𝐝𝐚𝐦𝐚 , sino una forma de acercamiento con esos esos niños wayuu que claman por una mirada más certera del Estado a esta población.