La caída de los balcones de la casa de Juancho Pinedo vuelve a poner sobre la mesa una pregunta urgente: ¿qué estamos haciendo para preservar las edificaciones que cuentan la historia de Riohacha?
Por Astrid Herrera Gómez
Publicista
Magíster en Gestión de Proyectos Culturales
Astridhg22@hotmail.com
En Riohacha, las casas antiguas son mucho más que construcciones de otros tiempos. Sus balcones, puertas, patios, corredores y fachadas guardan recuerdos de familias, comerciantes, personajes y acontecimientos que contribuyeron a construir la identidad de la ciudad. Son testimonios materiales de una historia que todavía permanece en nuestras calles, aunque cada vez resulte más difícil reconocerla.
Sin embargo, este patrimonio enfrenta una amenaza silenciosa: el deterioro progresivo de muchas edificaciones del centro histórico, algunas de las cuales llevan años expuestas a la humedad, las lluvias, el desgaste de sus materiales y la falta de mantenimiento.
La reciente caída de los balcones de la casa de Juancho Pinedo, que terminaron sobre un vehículo estacionado en la vía, es una señal de alerta que no podemos ignorar. El hecho, ocurrido durante las lluvias del 13 de octubre de 2026, ocasionó daños materiales y puso de manifiesto un riesgo que trasciende los límites de una propiedad particular.


La situación invita a reflexionar sobre un asunto fundamental: conservar el patrimonio arquitectónico no es solamente una responsabilidad cultural. También es una tarea de prevención, seguridad y planificación urbana.
Una casa privada también puede tener valor colectivo
La casa de Juancho Pinedo representa la compleja relación entre la propiedad privada y el patrimonio cultural. Aunque el inmueble continúa siendo privado, su historia y sus valores potenciales forman parte de una memoria urbana que interesa a toda la ciudad.
El Decreto Distrital 0243 del 23 de diciembre de 2019, expedido por la Alcaldía de Riohacha, reconoce la Lista Indicativa de Candidatos a Bienes de Interés Cultural (LICBIC). En el ítem 19 de su artículo segundo incluye la Casa de Juancho Pinedo dentro del conjunto de edificaciones identificadas por sus posibles valores patrimoniales.
Pero hay una precisión jurídica fundamental: estar incluido en la LICBIC no equivale a haber sido declarado Bien de Interés Cultural (BIC). El propio decreto advierte que la lista constituye un registro de información y que la inclusión no implica, por sí sola, protección administrativa.


Esto significa que la casa no pierde su carácter privado por aparecer en ese listado, pero tampoco puede afirmarse que su inclusión le otorgue automáticamente todas las medidas especiales de protección previstas para los inmuebles formalmente declarados BIC.
La distinción es importante porque permite comprender que identificar una edificación con posibles valores históricos, arquitectónicos o culturales es apenas el comienzo de un proceso que exige investigación, valoración y decisiones institucionales.
De la lista indicativa a la declaratoria: un proceso que exige rigor y compromisos
En Colombia, la declaratoria de un Bien de Interés Cultural se rige por la Ley 397 de 1997, modificada por la Ley 1185 de 2008, y por el Decreto 1080 de 2015, junto con sus modificaciones.
Una vez incluido un inmueble en la LICBIC, la autoridad competente debe determinar si requiere un Plan Especial de Manejo y Protección (PEMP). Este instrumento no es obligatorio en todos los casos de declaratoria individual, pero puede resultar necesario cuando las características del bien y sus condiciones de conservación así lo exigen.
El procedimiento requiere estudiar los valores históricos, arquitectónicos, estéticos y culturales del inmueble, sustentar su significación patrimonial y someter la propuesta al concepto del Consejo de Patrimonio Cultural correspondiente. Si se cumplen los requisitos, la autoridad competente expide el acto administrativo que formaliza la declaratoria.
Cuando se requiere un PEMP, su formulación supone un trabajo técnico adicional que puede comprender estudios históricos, arquitectónicos, urbanos, jurídicos y financieros. El plan establece medidas para la protección, conservación y sostenibilidad del bien, define condiciones para las intervenciones y puede contemplar acciones relacionadas con su entorno.
La declaratoria tampoco constituye un reconocimiento meramente honorífico. Un inmueble declarado BIC queda sometido al Régimen Especial de Protección previsto en la legislación colombiana, lo que implica obligaciones de conservación y la necesidad de obtener las autorizaciones correspondientes para las intervenciones que las requieran.
Estas obligaciones deben entenderse de acuerdo con el ámbito de la declaratoria, las características del inmueble y las disposiciones aplicables. La protección patrimonial no elimina el derecho de propiedad privada, pero sí puede establecer condiciones para su ejercicio en función de la conservación de los valores culturales reconocidos.
En el caso de la Casa de Juancho Pinedo, el Decreto 0243 de 2019 acredita su inclusión en la LICBIC, pero no demuestra, por sí solo, que exista una declaratoria individual como BIC ni que se haya aprobado un PEMP para el inmueble.
Por ello, sería pertinente que el Distrito informara cuál es el estado actual del proceso de valoración de las edificaciones incluidas en la lista de 2019, cuáles han avanzado hacia una declaratoria formal y qué medidas se han previsto para atender aquellas que presentan deterioro o riesgos para la ciudadanía.
La protección patrimonial exige procedimientos rigurosos, pero también continuidad institucional. Una lista indicativa necesita traducirse, cuando corresponda, en estudios, decisiones y medidas de gestión que permitan pasar del reconocimiento documental a acciones concretas de conservación.
Más que paredes: memoria, identidad y oportunidades para Riohacha
¿Por qué debemos conservar las casas antiguas? La respuesta va mucho más allá de su apariencia.
Una edificación histórica puede conservar información sobre las técnicas constructivas de otra época, los materiales utilizados, la organización de los espacios domésticos y las relaciones sociales y económicas que dieron forma a la ciudad. Cuando desaparece sin documentación ni valoración, también pueden perderse conocimientos sobre los oficios, las formas de construir y las memorias asociadas a ella.
La UNESCO, mediante su Recomendación sobre el Paisaje Urbano Histórico de 2011, propone comprender los centros históricos como espacios en los que interactúan la arquitectura, el entorno natural, las actividades económicas, las prácticas sociales y los valores culturales. Conservar una ciudad histórica no significa congelarla en el tiempo, sino gestionar sus transformaciones sin borrar aquello que le da identidad.
En Riohacha, esta perspectiva adquiere un significado especial. Las casas tradicionales permiten acercarnos a la historia comercial, familiar y cultural de una población vinculada al mar Caribe, al intercambio entre territorios y a las transformaciones de La Guajira.
La Casa de Juancho Pinedo, además, guarda una historia que merece ser mejor conocida: la relacionada con el telégrafo y con la trayectoria familiar de Gabriel García Márquez.
La casa del telégrafo: una historia que puede conectar a Riohacha con Gabo
Según el Inventario de Atractivos Turísticos de La Guajira, en esta edificación funcionó la primera estación telegráfica de Riohacha y allí trabajó Gabriel Eligio García Martínez, padre de Gabriel García Márquez, quien ejercía el oficio de telegrafista.
Este antecedente le otorga al inmueble un valor que trasciende su arquitectura. El telégrafo conectaba poblaciones, transmitía noticias y transformaba las comunicaciones. La historia de la casa permite acercarse a ese periodo y a los vínculos familiares que forman parte de la biografía del Nobel de Literatura.
La prensa regional también ha reconocido la importancia de estos lugares mediante iniciativas como la ruta cultural y turística «La Riohacha de Gabo». Este vínculo abre una posibilidad que merece ser estudiada: integrar la Casa de Juancho Pinedo a una estrategia de turismo cultural que articule arquitectura histórica, memoria de las telecomunicaciones y literatura.
Una iniciativa de esta naturaleza podría conectar el inmueble con otros lugares significativos de la ciudad y contribuir a que residentes y visitantes comprendan mejor la relación de Riohacha con la historia de Gabriel García Márquez.
Sin embargo, convertir ese potencial en una experiencia turística sostenible requiere más que incluir la casa en un mapa o instalar una placa conmemorativa. Es necesario documentar su historia, evaluar su estado estructural, preservar sus características arquitectónicas y establecer condiciones de seguridad para cualquier uso público. También sería indispensable concertar las iniciativas con sus propietarios y definir un modelo de gestión viable.
La casa no necesita convertirse necesariamente en un museo para adquirir relevancia cultural. Puede formar parte de una ruta patrimonial bien documentada, acompañada de recursos interpretativos, relatos históricos y contenidos educativos.
Conservarla significaría preservar no solo una edificación, sino también un lugar desde el cual Riohacha puede contar una parte de su propia historia y fortalecer su proyección cultural y literaria en el Caribe colombiano.
El deterioro no comienza el día en que algo se desploma
La caída de los balcones también nos recuerda que las emergencias suelen estar precedidas por señales que merecen atención.
Las grietas que aumentan de tamaño, los desprendimientos de pañete, las filtraciones persistentes, las cubiertas deterioradas y los elementos que parecen desprenderse son indicios que deben ser evaluados por personal competente.
En las construcciones antiguas, la humedad puede afectar progresivamente los materiales, las uniones y los elementos estructurales. Las lluvias intensas pueden agravar problemas preexistentes, pero no es posible atribuir una causa técnica específica al colapso de un inmueble sin una inspección profesional.
Por eso, la conservación comienza antes de que aparezca una emergencia. Requiere identificar los riesgos, documentar los daños y actuar oportunamente.
En edificaciones ubicadas junto a andenes y vías transitadas, esta labor tiene una dimensión adicional: proteger a peatones, residentes, comerciantes y conductores. Cuando existe riesgo de desprendimiento, la prioridad debe ser asegurar el área y solicitar una evaluación técnica. No es recomendable ingresar a estructuras inestables ni intentar reparar balcones, cubiertas o muros sin asesoría especializada.
¿A quién le corresponde cuidar el patrimonio?
La respuesta exige reconocer distintas responsabilidades, sin reducir el problema a señalar culpables.
Los propietarios cumplen un papel fundamental en el cuidado de sus inmuebles. El mantenimiento preventivo, la atención a las señales de deterioro y la búsqueda de asistencia técnica pueden contribuir a evitar daños mayores. Cuando existen declaratorias y medidas especiales de protección, también deben atenderse las obligaciones y autorizaciones establecidas por la normativa.
Las autoridades distritales tienen responsabilidades relacionadas con la gestión del patrimonio cultural dentro de sus competencias, la planificación urbana, la prevención y atención del riesgo y la aplicación de las normas correspondientes. Esto incluye identificar situaciones peligrosas, evaluar los mecanismos de intervención disponibles y promover políticas que permitan conservar los bienes de valor cultural.
La ciudadanía también tiene un papel relevante. Reconocer el valor de las casas antiguas, reportar riesgos y participar en iniciativas de memoria y apropiación social contribuye a construir una cultura de conservación.
La protección del patrimonio no puede depender exclusivamente de la capacidad económica de cada propietario ni limitarse a la intervención de las autoridades cuando ocurre una emergencia. Requiere mecanismos de cooperación, orientación técnica y soluciones que permitan conciliar los derechos individuales con el interés colectivo de preservar la memoria urbana.
¿Pueden los incentivos tributarios ayudar a conservar las casas?
La conservación también debe analizarse desde una perspectiva económica. Restaurar una edificación antigua puede representar una inversión considerable, especialmente cuando se requieren intervenciones especializadas para recuperar balcones, cubiertas, carpinterías, muros y otros elementos constructivos.
En Riohacha existe un antecedente normativo relevante. El antiguo Estatuto Tributario Municipal, adoptado mediante el Acuerdo 015 de 2007, contemplaba una exoneración del 80 % del impuesto predial unificado para determinados inmuebles calificados como patrimonio histórico, cultural o arquitectónico, sujetos a las condiciones de uso previstas en esa norma.
Posteriormente, el Acuerdo 011 de 2020, que actualizó y compiló la normatividad tributaria del Distrito, incluyó en su artículo 417 una exención del impuesto predial unificado para los inmuebles considerados patrimonio histórico, cultural o arquitectónico de Riohacha. La disposición establece que la Secretaría de Planeación Distrital debe entregar a la Secretaría de Hacienda y Gestión Financiera una lista de estos predios.
Este antecedente abre una pregunta importante: ¿cuenta Riohacha con un procedimiento claro y efectivo para identificar los inmuebles que pueden acceder a estos beneficios, informar a sus propietarios sobre los requisitos y promover que los incentivos contribuyan a su conservación?
Es necesario precisar que la inclusión de una casa en la LICBIC no demuestra, por sí sola, que cumpla los requisitos para acceder a una exención tributaria. En el caso de la Casa de Juancho Pinedo, las autoridades distritales deberían aclarar su situación jurídica y tributaria, así como determinar si puede ser incluida en el listado previsto por el Estatuto vigente.
Los incentivos tributarios no sustituyen las obligaciones legales ni resuelven por sí solos el deterioro. Sin embargo, cuando están debidamente regulados y acompañados de seguimiento, pueden contribuir a distribuir de manera más equilibrada los costos de preservar un patrimonio que tiene valor para toda la ciudad.
¿Qué puede hacer Riohacha desde ahora?
El deterioro de las casas antiguas no se resolverá con una sola obra ni con declaraciones ocasionales de preocupación. Se necesita una estrategia que conecte la prevención del riesgo con la conservación cultural.
Una primera medida sería realizar un diagnóstico actualizado de las edificaciones antiguas del centro histórico, identificando su estado de conservación, sus valores patrimoniales conocidos y los riesgos que puedan representar para las personas. A partir de esta información, el Distrito podría establecer prioridades de atención, comenzando por los inmuebles que presenten peligro de colapso o desprendimiento de elementos sobre el espacio público.
También sería conveniente revisar la situación jurídica de las edificaciones incluidas en la LICBIC de 2019, determinar cuáles han avanzado hacia una declaratoria formal y establecer qué instrumentos de protección, planificación y financiación podrían aplicarse en cada caso.
Una segunda línea de trabajo debería centrarse en la educación patrimonial. Las instituciones educativas, las universidades, los arquitectos, los historiadores, los propietarios y las organizaciones culturales pueden contribuir a documentar las casas, recuperar sus historias y divulgar buenas prácticas de conservación.
Una tercera medida consiste en fortalecer la participación de los propietarios y de la comunidad. Un programa de conservación será más viable si quienes tienen vínculos con estos inmuebles pueden acceder a información clara, orientación técnica y alternativas de gestión.
Finalmente, la ciudad necesita reconocer que el patrimonio arquitectónico también puede tener usos contemporáneos. Cuando las condiciones lo permiten, los inmuebles recuperados pueden albergar actividades culturales, espacios de encuentro, iniciativas educativas o proyectos económicos compatibles con sus valores patrimoniales.
La recuperación debe ser respetuosa de la historia de cada edificio y de las condiciones de seguridad necesarias para su uso.
La memoria también necesita mantenimiento
Durante años, distintos medios de comunicación han advertido sobre el deterioro de las edificaciones antiguas de Riohacha. La caída de los balcones de la Casa de Juancho Pinedo vuelve a recordarnos que el problema requiere decisiones concretas y sostenidas.
No basta con lamentar la pérdida de una casa cuando ya es demasiado tarde. Tampoco es suficiente reconocer su importancia histórica si no existen acciones para conocer su estado, prevenir riesgos y hacer posible su conservación.
La Casa de Juancho Pinedo sigue siendo privada y su inclusión en la LICBIC debe interpretarse conforme al alcance real del Decreto 0243 de 2019. Al mismo tiempo, su historia como antigua estación telegráfica y su vínculo con la memoria familiar de Gabriel García Márquez muestran que su valor potencial va más allá de sus límites físicos.
Su situación nos invita a una reflexión colectiva: ¿cómo podemos proteger la memoria urbana de Riohacha, respetar los derechos de los propietarios y garantizar la seguridad de quienes transitan por el centro histórico?
La respuesta requiere información, voluntad institucional, conocimientos técnicos, recursos y participación ciudadana.
Las casas antiguas no pueden cuidarse únicamente con nostalgia. Necesitan mantenimiento, estudios, proyectos viables y decisiones oportunas.
