Por Abel Medina Sierra – Investigador cultural*

Mucho se habla en Maicao sobre la apertura de varios supermercados en los últimos días. No solo es un asunto de “novelería”, también es un refrescante hito para el optimismo de la ciudadanía. El tema ha dado, incluso, para que se le quiera sacar rédito político a la esperada presencia de empresas nacionales de cadenas de supermercados. Ha sido toda una noticia porque Riohacha, incluso, en municipios con menor población que Maicao como San Juan del Cesar y Fonseca, han tenido ese privilegio antes que en la frontera.

Con muchas expectativas los maicaeros esperan la apertura de la super tienda Olímpica, hace poco la cadena D1 abrió su tienda, ya antes la marca Justo y Bueno abrió dos tiendas ante lo insuficiente que resultó una sola. Me cuentan que la cadena Ara también pide cancha en la competencia por el mercado colombo venezolano de esta ciudad.

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Vale la pena preguntarse, porqué ahora es cuando las cadenas de supermercados miran a Maicao como apetecible comercialmente y por qué no antes. Por muchos años Maicao ha sido no solo la vitrina comercial sino el punto de recepción de la producción del mundo industrializado en la región y en Colombia. Luego, con la migración venezolana y la práctica del bachaqueo, las calles y negocios de Maicao se inundaron de productos de ese país a precios muy por debajo de los nacionales. Pero, como Maicao es un pueblo que vive de las coyunturas, esa oferta extranjera hoy es mínima. Para las supertiendas nacionales era desventajoso ofrecer productos nacionales en un mercado donde la gente se acostumbró a una oferta más económica de productos extranjeros. Nadie iba a comprar una espuma de afeitar a 12 mil pesos cuando en las pulgas no valía más de 4 mil. 

Hoy el escenario es otro en la frontera. Un aparato productivo vuelto trizas en Venezuela, que no proporciona lo que la gente necesita. Hoy son cientos los venezolanos que llegan a diario a Maicao a comprar productos básicos. Decenas de camiones van “fuleteados” de productos nacionales para aprovisionar a los vecinos. Un fin de semana, se ha vuelto difícil encontrar habitación disponible en un hotel en Maicao ya que las reservan familias de lado venezolano que llegan a comprar. Muchas de estas, para evitar las largas colas en las pocas supertiendas, se van hasta Riohacha.

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Los primeros que explotaron esta nueva demanda fue la cadena Justo y Bueno, ya cuenta con dos tiendas en las que las colas son interminables. La gente madrugada a hacer colas, hay personas que viven de la venta de cupos en la cola.  Es tanta la demanda de los venezolanos que son pocos los maicaeros que se someten a esa tortura de largas filas. Ante el éxito de esta empresa, nuevas marcas se apuntan para copar este segmento de mercado con miles de clientes disponibles.

Ahora bien. Lo que no es tan cierto, es que por primera vez Maicao cuenta con supermercados. Trataré de hacer un ejercicio de memoria para sostener la tesis que Maicao es la ciudad pionera de los supermercados en La Guajira. A finales de los años 70´s, ya en Maicao había supermercados como Las Dunas en la calle 11 con carrera 10 y Provisiones Chichi de la familia Abuchaibe en la calle 13 con la misma carrera. Como dato especial, su oferta era exclusiva de productos extranjeros. Podía el cliente comprar caviar europeo, sardinas portuguesas, queso amarillo holandés, papel higiénico norteamericano y cientos de productos traídos de cualquier continente. Ya para los años 90´s, se creó el supermercado Cumaná, que años después llevó tres de sus sucursales a Riohacha donde sobrevive una de éstas aún. En Riohacha, según he podido conocer, el primer supermercado fue el de Comfaguajira que tuvo auge en los inicios de los años 90s.          

Como conclusión, esta nueva coyuntura de compradores venezolanos que está generando la presencia de empresas nacionales de supermercados, demuestra lo que dice nuestro amigo Luis Eduardo “El Nene” Acosta Medina, “A Maicao como a la música vallenata, lo han dado por muerto muchas veces y ahí sigue, vivito”. También es la oportunidad de recordar que la vitrina comercial también tiene el mérito histórico de los primeros centros comerciales de la región.       

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