Por Abel Medina Sierra – Investigador cultural*.

Aunque faltan casi dos meses para que La Guajira elija gobernador para el periodo 2020-2024, los sondeos de opinión, los cálculos politiqueros y el sentido común de las fuerzas convergentes, parecen apuntar a una muy probable victoria de Nemesio Roys en la carrera hacia el Palacio de La Marina. No se trata de creerse vate, sino de una ventaja considerable de Roys sobre los demás candidatos desde la temporada pre electoral, a lo que se suma las fuertes alianzas que tradicionalmente son las que garantizan resultados en La Guajira. Si a esto se le agrega el voto de opinión que arrastra desde su campaña a la alcaldía de Riohacha, su paso por el DPS y que su más cercano rival no solo es parco, duro de vender y de bajo perfil y liderazgo, lo más seguro es que esta aventurada cábala mía se refrende en octubre.

Si esto sucede y los caballos en carrera hacia la Gobernación se mantienen en su carril, ocurriría un hecho sin precedentes en la historia política de La Guajira desde que existe la elección popular de gobernadores y alcaldes, que “Los Jorge”, es decir, los primos Bernier- léase Pérez y Ballesteros- quedarían por fuera del pastel burocrático en La Guajira. Como bien saben todos, a veces juntos y en otras enfrentados; en unas personalmente y en otras, “en cuerpo ajeno”, pero siempre ha habido un Bernier con poder y decisión sobre los recursos humanos y financieros de la Gobernación.

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Ballesteros tiene mayor opción si Delay Magdaniel da un poco probable salto mediático y los astros toman una inusitada alineación que no es rara en la imprevisible política. Pero, Jorge Pérez tiene un camino más difícil si insiste en la contumaz y veleidosa empresa de imponer a su hijo como gobernador.

Jorge Pérez Bernier ha sido la mayor figura política de La Guajira en los últimos tiempos, el gran gamonal, el gran elector, “el pluma blanca”, el gran animal político. Era el jefe máximo y líder natural del grupo Nueva Guajira que ha sido el que más elecciones ha ganado y disfrutado del poder; su voz era acatada y reverenciada como incontestable. Ha sido el político temido, tanto por sus copartidarios como por adversarios; sagaz y meticuloso. Hombre que nunca se le ve reír, de pocos amigos y de temperamento irascible; tan pragmático como maquiavélico. Todo eso lo erigió como el hombre más influyente en el terreno electoral.

Pero, en las actuales elecciones, el gran Patriarca, como en la ingeniosa obra del García Márquez, parece estar padeciendo su otoño. Se creyó que aún tenía el capital simbólico para imponer a su hijo como candidato y con ello fracturó su alianza. Hoy, Alfredo Deluque, uno de sus mejores alumnos en las argucias y componendas políticas, parece llevarle ventaja y fundando reino.

Jorge Pérez Smith, hijo del Patriarca, no despega, su padre no ha logrado grandes alianzas con los barones electorales, los inversionistas ven la campaña como una apuesta muy riesgosa; hoy un viejo adepto le dice sí, pero mañana quita la publicidad de “El pelao” y la remplaza por otra. En suma, el Patriarca, hoy con libertad restringida y esperando ser juzgado por la Corte Suprema, no tiene ya el respaldo y los seguidores de antes, ni “El Pelao” logra convencer a la gente que tiene la experiencia, la formación o el liderazgo que necesita La Guajira en estos momentos.

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Para un viejo zorro pletórico y henchido de jactanciosa egolatría, dar una reculada en estos momentos sería vergonzoso. Llegar con el rabo entre las piernas a colarse en la campaña de Nemesio Roys parece impensable y hasta se expone a la humillación por su posición arrogante. Parece que el camino, según los corros politiqueros, es el de pedir cancha prestada en la campaña de Delay Magdaniel. Pero, el peso de Jorge Pérez en estos momentos no le permite pedir mucho a cambio, ni siquiera que su hijo sea apoyado para unas próximas elecciones o una gran tajada burocrática. Algunos llegan a conjeturar que, incluso, en caso de aterrizar del lado de Delay, gran parte de su fuselaje electoral caerá al lado contrario, es decir, el de Nemesio, por mayor afinidad política. Hoy por hoy, el gran elector de La Guajira es una figura desgastada y devaluada, y nadie lo ve como una fuerza que incline la balanza a favor de algún aspirante a ser gobernador.

Solo el tiempo dirá si, poniéndose de hinojos y echando la reculada, recupere un poco de su participación política para seguir respirando. Si no sucede así, es posible que el Patriarca comience a escuchar el inexorable llamado del otoño.

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