El lugar al que todos quieren volver

Masamana. Kilómetro 38. Maicao.

Si naciste o conociste Masamana no me asombraría que quisieras volver porque, ¿quién no quisiera volver a una comunidad amplia, donde corre brisa, todos son familia y trabajan juntos por lograr más y más cosas? Una comunidad que tiene todo para vivir: banco, tienda, repostería, taller de motos, billar para el ocio, punto de venta de comida, venta de bolis, alquiler de sillas… y eso es solo lo que hace parte de la cultura occidental, porque también hay tradicional: pastoreo, huerta, artesanías. ¿Seguro que no quisieras volver? Porque yo sí.

Masamana es un territorio de 92 familias que se abre a pasos agigantados entendiendo lo que es aprovechar lo mejor de los dos mundos: “Nosotros hemos mantenido la balanza en cuestión de lo que es el saber ancestral con el occidental porque creemos que debemos evolucionar. No es abandonar lo tuyo, es adquirir un poco de aquello que te hace llamativo. Entonces, sí es bueno, sí es autosostenible, sí puede permanecer y podemos practicarlo todo el tiempo sin dejar de hacer lo uno o lo otro”, mencionaLeticia Bonivento, líder de la comunidad.

En su nombre, Masamana, llevan un poder ancestral y sobrenatural. Según cuenta Leticia, no hay una mejor ni perfecta manera de llamarla que Mma, palabra en la lengua wayuunaiki que al español traduce tierra, que en su cultura es la madre de todos los wayuu: “Diría que definitivamente el territorio es, como su nombre lo dice, Mma, que es nuestra madre, no veo otra descripción más perfecta. Es esa madre en la que todos quisiéramos volver a estar. Aunque nos vayamos lejos, siempre retornamos a ella”.

Esta comunidad con un centro de negocios en su corazón y en el de su gente, busca que ellos y sus vecinos tengan la posibilidad de adquirir artículos de primera necesidad dentro del territorio. Sueñan con ser un modelo diferente y sostenible. “Es nuestro sueño tener un medio de vida en la comunidad para seguir aprovechando todos esos recursos, para que todos aprendan que no solamente hay que vivir de los sueldos. Yo sueño con una comunidad desarrollada y autosostenible que no depende de nadie. Sí se puede. Ya empezamos”, afirma Leticia.En ese mismo camino, Adelaida Bonivento, autoridad tradicional de la comunidad, busca una sola palabra: progreso. “En la comunidad estamos en crecimiento, ya los muchachos estudian, ya son profesionales los hijos, los nietos. Hay un progreso y sueño progreso”.

Y en la búsqueda de ese progreso, esta comunidad eligió de manera autónoma iniciativas de generación de ingresos, soluciones de agua y fortalecimiento cultural, dentro de las compensaciones acordadas en cumplimiento de la sentencia T-704 de 2016“Nosotros aprendimos a respetarnos, entendimos que éramos capaces de dialogar y salir adelante con todo. Así logramos un acuerdo tranquilo. Pensé inmediatamente en una solución de agua con lo que es propio, que cualquiera sabe arreglar, nuestro molino de viento; un taller de motos; una biblioteca; animales. Cada vez que Cerrejón tiene la oportunidad y nos dicen que vienen a la comunidad, decimos que aquí siempre están abiertas las puertas”, cuenta la líder.

Si algún día quieres ir al lugar al que todos quieren volver, Adelaida cuenta cómo llegar a ella: “Cuando nos quieren visitar yo les digo: “de Albania para acá es kilómetro 38, margen derecho. Hay un aviso que dice Masamana”, esa es mi explicación, mi dirección”. Seguramente amarás sus tortas, los productos que salen de su tierra o los que producen sus manos. Y entonces, solo entonces, querrás volver para siempre.

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