Por Jairo Antonio Ceballos Sandoval*.

Tristeza, angustia, preocupación, sentimientos encontrados, sienten por estos días los habitantes de Puerto Colombia. Pues sí, es real, una isla de basuras llegó al buen Puerto, recientemente; las playas del municipio quedaron llenas de residuos sólidos y las autoridades competentes no podían creer que este fenómeno artificial llegara y condujera a un problema ambiental tan significativo, cientos de porteños salieron a limpiarlas en un acto de pertenencia por su recurso natural y los quiero felicitar, pero queda una pregunta al aire ¿quiénes son los responsables?

El pasado 29 de mayo, un día antes de que estos residuos nos invadieran, una noticia del New York Times llamó mi atención, la generación exponencial de los plásticos de un solo uso en China es abrumador: “Los científicos calculan que el negocio en línea de la comida a domicilio en China fue responsable de 1,6 millones de toneladas de basura de empaques en 2018, nueve veces más que lo desechado dos años antes. Eso incluye 1,2 millones de toneladas de contenedores de plástico, 175.000 toneladas de palillos desechables, 164.000 toneladas de bolsas de plástico y 44.000 toneladas de cucharas de plástico”.

Soy honesto: los responsables directos de esta contaminación por plásticos somos todos. Los residuos están afectando los recursos naturales, pese a que algunos gobiernos han promulgado políticas que establecen el rumbo a seguir en cuanto al cuidado del ambiente, las acciones y responsabilidades que deben tomar para minimizar el impacto negativo que tienen sobre su entorno, es muy bajo, la realidad es que este proceso ha sido lento y muchas industrias no quieren asumir su responsabilidad en esta área. Entre las estrategias implementadas por los países -Colombia no es ajena a ellas-, para estimular la gestión ambiental, entra en juego la prohibición de los plásticos de un solo uso, como una de las prácticas, que le permita a las personas adoptar una apropiación social del problema y tomar acciones que contribuyan dentro de su quehacer, mitigar los impactos al ambiente, reducir sus residuos sólidos y poner de manifiesto estrategias que permitan dar cara al problema del cambio climático, donde estén involucrados todos los actores sociales, la comunidad, la academia, el Estado y, evidentemente, las empresas.

De acuerdo con lo anterior, el quehacer formativo debería jugar un papel fundamental en los sectores económicos, donde se puedan generar posibilidades que contribuyan al desarrollo de las regiones, siendo consecuentes con la ética ambiental y responsables de sus actos frente al cambio climático, al crear condiciones para la aplicación de un sistema productivo sostenible y limpio como lo es la ‘Economía circular’ y la aplicación de la Resolución 1407 de 2018 para la Gestión Integral de los Residuos Sólidos por parte de las empresas. Esto es primordial, además de compartir espacios de participación ciudadana, donde se construyan e impartan conocimientos coherentes con las necesidades sociales y que puedan ser ejemplos tangibles, para una sociedad que está en constante transición para la buena gestión de sus residuos y vuelvan entrar a la cadena de valor, es decir, reaprovechamiento del plástico, en consonancia con los valores culturales y ancestrales de la región.

La Apropiación Social del Conocimiento también es clave; es una herramienta estratégica que pretende que cada vez más ciudadanos no simplemente cuenten con conocimientos que les permitan una comprensión de su entorno sino que, además, les permitan generar capacidades para participar activamente en la toma de decisiones políticas que tengan dimensiones científicas y tecnológicas para la salvaguarda de nuestros recursos naturales.

El cambio climático, no es un mito, es una realidad… Nos está tocando la puerta. Entender un proceso sobre el cambio climático no es una tarea fácil, la sociedad en general debe apropiar estos conceptos para percibir de una mejor forma el problema de este fenómeno climático. Para que un proceso de apropiación sea exitoso y adoptado en un determinado núcleo social, las relaciones entre las buenas prácticas de la sociedad, universidad, empresa y estado, requieren de la reproducción de proyectos ambientales exitosos y sostenibles donde todos seamos los beneficiados.

Es tiempo de actuar, mañana será tarde…

*Docente- investigador de la Universidad Simón Bolívar.

*Las opiniones expresadas en este espacio son responsabilidad de sus creadores y no reflejan la posición editorial de revistaentornos.com