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Por Amylkar D. Acosta M. – Exministro de Minas y Energía y Miembro de número de la ACCE.

Ha partido hacia Jepira, el cielo wayuu, el alma de nuestra gran amiga María Idalides Plata de Brugés, con el mismo orgullo y satisfacción del deber cumplido en vida, la que consagró a la enseñanza. Ella se preciaba de sus raíces wayuu y de su membresía al clan Sapuana, del cual era una de sus más caracterizadas exponentes. Ida-lides era reconocida en su natal Uribia, la capital indígena de Colombia, como la maestra de maestras, como una gran líder cívica, consejera mayor de las autoridades administrativas y de las tradicionales también. Sus conocimientos, su carisma, su don de gentes, su amor por la literatura que cultivó y por la pedagogía, hacían de ella un ser excepcional, de esos que al partir, como dice Alberto Cortés, dejan “un tizón encendido que no se puede apagar ni con las aguas de un río”.

Su propio nombre hablaba de ella, lid en el diccionario de la Real Academia Española quiere decir lucha, combate y ella fue una luchadora, una combatiente, siempre pacífica y afable, por las causas más nobles de su pueblo y de su gente, quienes ahora sienten su orfandad por su temprana partida. Todas las causas que lideró las coronó con éxito para beneficio de quienes veían en ella una persona, un personaje ejemplar y ejemplarizante, que predicaba a diario con su propio ejemplo de superación y de compromiso, sobre todo con los más vulnerables de los vulnerables, su pueblo Wayüu, el mismo que hoy la llora desconsolado.

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La literatura, el magisterio y la cultura han perdido a su gran gestora, ya no nos podrá seguir deleitando con sus poemas y sus declamaciones esta ilustre e ilustrada dama, que lucía impecable sus mejores galas en las festividades del 1º de marzo de cada año, día de la fundación de su entrañable municipio de Uribia. Era esta la oportunidad para ella lucir uno de sus incontables y hermosos sombreros, los cuales estaban reservados para ocasiones tan especiales como esta y la hacían ver como era, una dama distinguida.

Nos preciamos de su amistad y no pocas veces compartimos con ella esos momentos de felicidad, porque con su proverbial hospitalidad y gentileza lo hacía sentir a uno como en casa. Ella, que tanto cultivó la historia de Uribia ahora que por designio divino entregó su alma a Maléiwa pasa a hacer parte de esa historia. Su memoria perdurará en todos aquellos que ella quiso y de quienes se hizo querer, especialmente aquellas personas a las que les dejó como legado, tanto en Uribia como en Manaure, la profesionalización de la docencia, que para ella fue más que un propósito una obsesión.

Le expresamos nuestras condolencias a su esposo, el abogado Eleazar, a sus tres hijas María Idalides, Ericka y Yackeline, demás familiares y amigos, que son la prolongación de la familia y a Uribia toda!

Amylkar David Acosta Medina y señora.

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