Por Noralma Peralta Mendoza*.

Ayer entre las 12:00 y las 4:30 de la mañana, tuve el honor, el privilegio de ser el público unitario de un talento silencioso que ha aportado tanto y más a nuestro folclore vallenato, sin que la gran mayoría de nosotros lo supiéramos. Hace 33 años, lo conocí en San Juan del Cesar, el municipio al que pertenece La Peña, mi poblado amado, tendríamos 14 y 15 años, era un pelao’ flacucho, de ojos inquietos y lengua mordaz (como buen sanjuanero), que me exasperaba con su risa burlona. A sus pocos años ya cargaba con su guitarra a cuestas, entonces, no me pregunté como era que un niño de 14 años ya tocaba muy bien la guitarra, hoy despúes de saber que componía canciones desde los 9 años, no necesito explicación, es un don divino.

La primera canción que hizo se la escribió a la virgen María, cuando me la cantó ayer en la madrugada, al escuchar su estructura literaria, poética y melódica llegué a la misma conclusión que llegué una y otra vez durante las 4 horas y media de conversación: este hombre es un prodigio y pocos lo saben. Luego de esa canción la de su madre, aún con mayor solidez estructural la canción a su primer amor, la primera a un desamor, otra de desengaño y despecho y esa que más me gustó, Mi Trigueñita, escrita a un amor que nunca fue y que sigue flotando en el tiempo, eran canciones de un profesional compuestas por un niño entre los 9 y los 14 años, demasiado sorprendente para mí. Más asombroso conocer después su talentazo para hacer arreglos musicales entre los 15 y 17 años, desarrollando un estilo en cada compositor que le pedía su apoyo para pulir sus canciones antes de presentarlas en festivales.

Leonardo Bermúdez González.

Así, sin pretenciones, simplemente estaba en su naturaleza y salía natural de su mente creadora hacía sus manos para hacer sonar de manera diferente cada canción. Como si el espíritu de cada compositor estuviera en él, les fue marcando un estilo único. Canción que “Leo” tocaba, canción que ganaba, solo en algunas ocaciones, quedaban el segundo lugar. Obviamente, eran pedidas por los grandes de la música vallenata y al ser entregadas al cantante para ser grabadas, conservaban exactamente todos los arreglos armónicos y melódicos que el joven prodigioso había hecho a las obra de Hernán Urbina Joiro, Aurelio Núñez, Luis Egurrola, los hermanos Beto, Efren, Roberto y Amilkar Calderón, Leonardi Vega, Marciano Martínez, Hernando Marín, Deimer Marín, Juancho Rois, Máximo Móvil; exitosos y reconocidos compositores sanjuaneros e incluso del valduparense Ivan Ovalle. Pero nadie sabe que implicito en el éxito de ellos, va el talento inminente de el gran “Leo” Bermúdez.

Que honor más grande, que un colosal como éste me haya elegido para mostrar su maravillosa obra. Obra que irónicamente por más buena que es, no fue expuesta a jurado en festivales o a grabación, con excepción de dos grabadas por Las Chicas del Vallenato con Madeleine Bolaños en el acordeón. La canción “El Precio del Dolor” en voz de Rosibel Fuentes y la canción “Vivo en tu Recuerdo” en voz de Iranys Urbina, ambas de San Juan del César como “Leo” Bermúdez.

A medida que pasaban las horas en ese concierto exclusivo, personal y a capela más favorecida me sentía y de paso sin él proponérselo, se agigantaba mi admiración, mi alma se llenaba de orgullo sanjuanero, guajiro y colombiano. Sin dudarlo me prometí hacer mi parte para que el mundo sepa el legado artístico y cultural que Leonardo Fabio Bermúdez González, va dejando a la humanidad.

“Leo”, despertando de su inocencia pueril, fue dándose cuenta que poseía un talento que debía perfeccionar. Decidió irse a Bogotá a estudiar lo que ya sabía, tecnificó y elevó el nivel. Fué en este tiempo que los connotados compositores que disfrutaban de las virtudes de Leo, lo valoraron; Leo ya no estaba para ponerle el toque especial a sus canciones, notaron que no era lo mismo sin Leo.

El muchachito burlón, recochero, gritón, se aplomó – solo un poco – se convirtió en músico, productor y arreglista musical. La guitarra y el bajo tienen en Leonardo al mejor intérprete y los cantantes y compositores, un arreglista de talla mundial.

A mi gusto exalto entre todos sus dones el de guitarrista, basta ver los trabajos que realizó con el tenor samario Miguel Scaff, Bajo el palmar, por ejemplo y cada presentación al lado del compositor sanjuanero Adrián Villamizar, tal es el caso de Cómo me voy a olvidar. Para saber que hay magia en sus manos, que convierte en arte, lo que es normal.

Adrián, merece capítulo aparte en la vida de Leo, 22 años de amistad, cofradía, investigación musical, caminos andados en busca de nuevos sonidos en el alma de los pueblos, infinitas parrandas, todas las presentaciones, valiosas locuras de acordes y melodías, que han marcado un nuevo estilo musical único, brillante, en el que la genialidad creadora de estos dos monstruos de la música, unen sus ya afinados corazones, guitarra, violina, pasión por la música (toda), amor por el vallenato, y producen deleite, crean sensaciones, dibujan nuevas notas en el pentagrama, enloquecen a los doctos del vallenato, creando la Nueva Trova Vallenata, matrimonio entre la música Caribe – Antillana, la gaita indígena de los pueblos de la Sierra, los tambores africanos, de los pueblos de Bolívar, las melodías de la brisa, del viento, de las aves, del mar, y la poesía, la nostalgia, la añoranza, la ensoñación, los amores y los desamores; llevando el vallenato a otro nivel tan alto como incomprendido aún. Me atrevo a profetizar que este estilo hará un gigantesco aporte internacional a nuestra amada música vallenata.

Quizás los grandes que bebieron de la fuente del joven prodigio, sin percatarse del genio que tenían al frente, al ver el trasegar de Leo por la música, vallenata y no vallenata, han sentido orgullo en sus corazones, de saberlo a sus 47 años, maestro entre maestros, los músicos doctos al escuchar sus arreglos armónicos, melódicos y producciones musicales impecables, seguramente hacen venia delante de su presencia, reconociendo su valía y grandeza, y conociendo a Leo, conociendo su nobleza, su amor desinteresado y pasión por lo que hace, y hace muy bien, sé, que le es suficiente. Más yo, después de escuchar, los arreglos hechos para Noches de Arreboles y La Brisita, interpretadas por el Tenor Miguel Scaff, sentí que me ardía la mente, y el corazón no me dejaba dormir en paz, hasta que abrí la página blanca y simplemente mis dedos cobraron vida propia para rendir honores a uno lleno de grandezas enormes, que ustedes merecen conocer y yo, no pude callar.

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