Por Fredy González Zubiría – Investigador cultural.*

Ya estuvieran presos el gobernador y los 15 alcaldes. Estarían judicializados todos los secretarios de salud y directores de hospitales. Habrían cerrado el aeropuerto y bloqueado con tanquetas los límites de Palomino y Urumita.

Un barco de guerra se hubiera apostado frente de Riohacha para que ningún enfermo escapara por el mar. Los contagiados serían procesados por narcovirosis, contrabando de enfermedades o intentos de guerra química contra el país.

Los periodistas nacionales harían grandes esfuerzos para averiguar los apodos de familia, hipocorísticos de los procesados para hacerlos pasar como delincuentes, a los Pedros alias Peyo, Roberto, alias Tico, María, alias Marucha, Juan, alias juacho, Alberto, alias beto.

Se amenazaría con destitución aquellos directores de entidades públicas que enviaran para sus casas a los empleados. Se aconsejaría, para ahorrarle dinero al Estado, que las mascarillas que regale el gobierno le dieran la vuelta un día de por medio.

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La medida presidencial de choque para enfrentar la epidemia de La Guajira sería enviar 300 ataúdes gratis y para ser consecuentes con la cultura local regalarían 2.000 velas de velorio y 200 pacas de café.

La Presidente recomendaría a los wayuu de rancherías evitar regar los jardines con mangueras y mantener los grifos cerrados de los lavamanos para ahorrar agua, así mismo les pediría que evitaran la brisa con arena.

Finalmente, enviaría a la policía y al ejército por todo el departamento porque su servicio de inteligencia le aseguró que las rancherías estaban llenas de “chinitos”.

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