Por: María Isabel Cabarcas Aguilar*.

Hace unos días llevaba a mi hijo a un control médico con su querido Pediatra y tocayo, el Doctor Manuel Romero, por una gripa leve de esas que no faltan cuando llegan las lluvias así sea brevemente, y mientras nos encontrábamos en la sala de espera, observaba a una mamita y su adorable bebé de unos cuatro meses aproximadamente, quien le orientaba tiernamente agarrando su pequeño dedito ubicándolo sobre la pantalla de su dispositivo móvil, estando este además muy cerca de sus ojos. No me pude contener y le expuse respetuosamente lo que tempranamente leí no solo en los libros sobre maternidad a los que tuve acceso, si no en las múltiples aplicaciones que descargué cuando estaba embarazada y que aún hoy, me orientan en mi labor diaria de ser madre. La misma indicación la recibí en el Centro Educativo y de Estimulación Ecokids, donde la Pedagoga, me advirtió anticipadamente sobre la prohibición de mantener este tipo de aparatos cerca de mi hijo, quien en aquel tiempo era tan solo un bebé de tres meses y medio. Y, por otra parte, el sentido común de madres nos indica inequívocamente que nuestros hijos (en ciertas edades especialmente) no tendrían por qué tener, siquiera accidentalmente, acceso a cierto tipo de aparatos tecnológicos.

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Creo que he sido juiciosa, atendiendo esos sabios consejos. Mi teléfono móvil no es un juguete para mi hijo, y procuro al máximo, ponerle siempre música, videos o la serie La Casa de Mickey Mouse que tanto le gusta, en el televisor de forma supervisada, teniendo en cuenta siempre, hacerlo durante un tiempo prudente, pues, lo más importante para su desarrollo psicomotriz, actualmente, es un ambiente sano y agradable que lo estimule a través de juegos y juguetes didácticos seguros, de que realice los movimientos adecuados para su edad y del proceso de exploración segura del mundo que lo rodea, al cuál se viene adaptando desde su nacimiento.

Y es que, aunque los hijos no lleguen al hogar y la familia con un instructivo ni la paternidad cuente con un manual de funciones previamente definido, los padres debemos ser prudentes, intuitivos y muy responsables en el momento de elegir alimentos, de dar medicamentos, de exponerlos a determinados ambientes y de proporcionar actividades sanas y seguras para nuestros hijos, acordes a cada etapa de desarrollo. Indudablemente existen riesgos en todo lo que hacemos en nuestra vida diaria, pero también se hallan sabias fuentes de conocimiento como médicos, psicólogos, pedagogos, y profesionales en diversas disciplinas que apoyan y favorecen la toma de decisiones por el supremo bienestar de nuestros hijos. Por otra parte, existen fuentes confiables de información que las tecnologías de la información y las comunicaciones nos proporcionan, mediante útiles aplicaciones que periódicamente nos guían mediante boletines, infografías y foros de discusión, sobre diversos temas de interés, atinentes a nuestro actuar como padres o cuidadores, dando importantes pautas de salud, cuidado, estimulación, educación y nutrición.

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Por ello, basados en el amor que les tenemos y en la responsabilidad adquirida por el hecho de traerlos al mundo, no podemos descuidar cada detalle, especialmente en los primeros cinco años de vida, en los que su cerebro recibe información determinante para su optimo desarrollo cognitivo, afectivo y motriz. La buena nutrición es fundamental e incide significativamente en su salud, permitiendo además, a través de alimentos saludables el fortalecimiento de su sistema inmunológico. Por todo esto y muchas razones más, se debe procurar con desmedida dedicación, ser certeros en la toma de decisiones, y que a través de ellas se refuerce esa imprescindible dosis de amor, pues, es este justamente, el alimento más importante que le damos desde que están en nuestro vientre, a nuestros hijos, quienes con su vida representan la prolongación de nuestra existencia, y sin duda, nuestra mejor versión como seres humanos.

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