Por Angel Roys Mejía.*

Torcer el cuello de los hábitos y rutinas ha sido la tarea más compleja de la cantidad de decretos, circulares, patrullajes y demás medidas expedidas por el gobierno para imponer el confinamiento y el aislamiento social. Con la consolidación del proceso híbrido de Riohacha, en el que crece intentando ser ciudad, pero sobre la persistencia de su alma de pueblo, impone un reto a la inteligencia colectiva y al gobierno creativo.

Gerardo Toro Aguilar, en solitario ha creado un fenómeno de audionovela, que semeja El Decamerón de Giovanni Bocaccio en medio de la peste negra de la Italia de 1347, una forma de eludir el miedo, el agobio, la ansiedad y la presión de la información que es como un asedio para la tranquilidad y la salud mental a través del curricán de una historia que flota como cometa. El relato por capítulos de Gerardo es una intriga intensa en la que todos sus personajes tienen sus nombres reales pero actúan en una trama de ficción.

La herencia de Gerardo Toro Aguilar es la clave de su narrativa. Por parte de padre le viene la retórica, el verbo fácil y encendido de Lacides, uno de los oradores más insignes que ha tenido el suelo guajiro. Por parte de madre los relatos de pueblo, calle y patio consignados en la memoria de Lourdes impregnados de sabores, ritos, olores y de semántica riohachera. Esta narrativa tiene sustento en el ancestro afro y wayuu del autor. Un cruce que lo dota de recursos como la hipérbole, lo cabalístico, lo premonitorio y la sonoridad de la expresión autóctona.

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El orquesta los efectos de sonido, imita con fidelidad todos los personajes, construye los diálogos, elabora el libreto y comparte a sus abonados los capítulos que en segundos inundan las redes sociales llenando el frágil vacío de la ciudad que se deja envolver por los momentos de tragedia, pasión y comedia que rodean sus personajes. El formato inédito de Pandemia de pasión, es una mezcla de radionovela y parodia; un best seller con sabor a pueblo.

Ramón María del Valle-Inclán, poeta y escritor de origen gallego perteneciente a los modernistas españoles ideo un subgénero teatral al que llamó esperpento, mezcla de expresionismo popular, voz castiza y desgarrada, brusquedad de los gestos, tránsito entre lo serio y lo ridículo de los personajes; vestido que le talla a la medida a los capítulos de ironía diaria de Pandemia de pasión.

El acento de la Riohacha raizal con su expresión categórica, llena de onomatopeyas, jitanjáforas, arcaísmos y voces ladinas. El discurso riohachero aprisiona y arrincona al interlocutor; es contestatario y repentista, invasivo, íntimo, intrigante, imprudente, descarnado, no deja cabo suelto, ni verdades a medias… vaciado en un carácter irascible, predispuesto al ninguneo, con extraordinaria capacidad para renombrar a través de apodos, motes, hipocorísticos y remoquetes propio de las sociedades rurales. Todo ello es recogido en los diálogos de la audionovela e interpretado por los personajes, los murmullos, el “jooo” y el “euu” sonoros adquieren un poder de comunicación determinante.

Ese bololó de origen africano que rodea la trama anuda las acciones sosteniendo la tensión de las escenas con el hilo conductor de las conversaciones y los cambios de espacio. De la herencia antillana, la chercha se manifiesta en la expresión de los personajes, en la mamadera de gallo con que se le da cuerpo a sus actuaciones. El hecho de nombrar a los titulares reales, introduce la incertidumbre de creer que la historia novelada, es verdad y que puede que esté ocurriendo en tiempo real.

El encierro se hace llevadero esperando que va a pasar al día siguiente en Pandemia de pasión, que deparan los nuevos capítulos y, con ello atenuar el impacto de saber que la curva no aplana, que aumentan los casos en el territorio, que la gente sigue parrandeando como si nada, que el trapo rojo continúa izado y al final convencerse de que la ficción es epidemia, mientras la realidad tiene más escenas que una pandemia.

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