Por Weildler Guerra Curvelo* 

La historia me la contó cuando era niño mi tío abuelo materno. Había en tiempos antiguos en La Guajira un afamado rastreador de caballos indígena que cuando era buscado para encontrar a un animal extraviado exigía que no se le dijese nada sobre sus características. En una ocasión fue llevado hasta el último rastro de un corcel perdido y pudo señalar que este era tuerto del ojo izquierdo pues solo mordisqueaba las plantas del lado derecho en la senda que dejaba a su paso. Sus huellas, en forma de almohadilla, le permitieron identificar con asombrosa exactitud la región arenosa de dónde provenía descartando un posible origen de las serranías pedregosas por la forma de sus cascos y así continuó hasta que pudo recuperar al preciado animal. Este rastreador murió viejo y reconocido pero su oficio prácticamente ha desaparecido en la medida en que el número de caballos disminuye significativamente.

El impacto del caballo en el mundo después de 1492 es el tema central del libro Horse Nations de Peter Mitchell. El encuentro entre algunas sociedades indígenas americanas y el caballo fue una especie de amor a primera vista. Antes de esta fecha el caballo estaba confinado al Viejo Mundo, pero al arribar a este continente se expandió hasta los más lejanos confines de Suramérica y a las grandes planicies norteamericanas. Empleado en la caza del bisonte y otros mamíferos, en la agricultura, el pastoreo, la guerra y el comercio, el caballo permitió la ampliación de la movilidad humana en tiempo y espacio. Pueblos como los navajos, los comanches, los piesnegros, los wayuu, los mapuches y otros grupos indígenas introdujeron el caballo con fines y sentidos diversos.

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Los caballos hicieron posible el surgimiento de los “nómadas ecuestres” y facilitaron la aparición de sociedades pastoralistas. Ellos fueron un recurso democrático que facilitó la irrupción de nuevas formas de poder, pero también hizo posible que algunos grupos humanos pudiesen resistir y subvertir un poder dominante. Su condición de mamíferos grandes y poderosos llevó a que muchos pueblos indígenas, a diferencia de lo que comúnmente se cree, no los viesen como híbridos atemorizantes, sino que los asociaran con los grandes ciervos del norte, con los venados de las sabanas tropicales y con los guanacos del sur del continente.
Los caballos sostuvieron fuertes nexos emocionales y sociales con los humanos. generaron un complejo de elementos materiales como sillas de montar, arneses, cuerdas y primorosos tejidos ornamentales. Ellos no fueron elementos pasivos en el ambiente, sino que evidenciaron capacidad de agencia pues propagaron semillas, abrieron caminos y también erosionaron suelos. Otros se hicieron cimarrones en los montes y desiertos de América. Su presencia es poderosa en el pensamiento indígena, en sus rituales, competencias tradicionales y en los mitos de las sociedades que los incorporaron.

Muchos pueblos amerindios pudieron pensarse a sí mismos a través del caballo. ¿Que son los caballos? Para los wayuu son humanos caídos, parientes cósmicos que fueron transformados debido a conductas transgresoras en un tiempo mítico en el que todo estaba mezclado y nada distinguía a los humanos de las demás especies animales.

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