Por: Abel Medina Sierra-Investigador Cultural*.

Corría el año 2003 cuando mi doblemente colega (escritor y docente) compadre y amigo, Edgar “Poncho” Camargo, me entusiasmó con un proyecto de aula que estaba implementando en la Institución Educativa Ismael Rodríguez Fuentes de El Molino, donde laboraba para entonces. Se trataba de una experiencia inspiradora de animación de la lectura y escritura, cuya actividad final era un encuentro de escritores guajiros en el bien intencionado espíritu de promoción de la literatura regional, tan ausente en el currículo de la región.

Camargo y sus estudiantes invitaron a varios escritores del departamento, pero solo asistí yo a esa cita con los actores educativos de El Molino. Comenzó así la historia del que llegaría a ser el más importante festival literario no solo de La Guajira sino de la región. En sus 16 años, no solo fui el único escritor que no se perdió de ninguna versión, sino que cuando ya iba por su tercera versión propuse a su creador, que instituyéramos una fundación para gestionar la concurrencia económica y dimensionar el evento. Así nació la Fundación Letras Guajiras, conformada por escritores como Víctor Bravo Mendoza, Emmanuel Pichón, Hanner Freyle y varios docentes de la institución.

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En estos 16 años, el evento pasó de ser un certamen intramural a insertar a El Molino y La Guajira en el mapa de los eventos literarios de dimensión no solo regional. El Molino se volvió el punto de encuentro anual de un promedio de medio centenar de escritores venidos ya no solo de La Guajira sino de todo el Caribe colombiano, Bogotá, Bucaramanga o Cali. Al Molino, sin que sus alcaldes siquiera se han dado por enterados, han llegado altas figuras de las letras, muchos de ellos ganadores de premios, el periodismo literario, la literatura infantil y juvenil, de la música y el cine, expertos en promoción lectora.

En el Molino pude conocer al más laureado cronista de Colombia Alberto Salcedo Ramos, a la destacada experta en promoción de lectura Clemencia Villegas, a ganadores de grandes premios de literatura como Celso Román, Pilar Lozano, John Jairo Junieles y Luis Fernando Afanador. Este evento acogió al gran Roberto Burgos Cantor, de lo más destacado en el país y recientemente fallecido. Allí se han reunido críticos literarios como el italiano venezolano Cósimo Mandrillo y el colombiano Ariel Castillo Mier; la poeta chilena Gladys Aqueveque, directores de programas de maestría en literatura de prestigiosas universidades como del Atlántico, del Valle y del Zulia. Músicos como Rosendo Romero y el salsero Roberto Solano han conversado sobre la relación entre literatura y música; cineastas como Nina Marín, Elizabeth Pirela y Leiqui Uriana lo han hecho sobre el matrimonio entre literatura y cine. Escritores de gran trayectoria de Venezuela, como la ex diputada Atala Uriana y Carlos Ildemar Pérez y otros del vecino país, autores del Cesar, Magdalena, Bolívar, Sucre y otros departamentos se han integrado con los guajiros para concertar sus idearios estéticos y éticos en el evento que se ha llamado “la fiesta de las letras”.

El evento fue creciendo de un conversatorio de estudiantes con escritores guajiros, a tres días con casi 20 actividades simultáneas, con un trabajo previo de varios meses con talleres literarios en escuelas de la mayoría de municipios del departamento. Cada año asisten estudiantes y docentes de todo el departamento, incluso de Valledupar, a ese encuentro con la literatura y la cultura letrada. El recital que se ofrece en la plaza de El Molino es considerado el más concurrido en La Guajira, cada año unas 300 personas son convocadas por la magia de las palabras, lo que demuestra que el público molinero es sensible a la poesía.

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Sin embargo, a pesar que el Concejo de El Molino declaró este evento patrimonio cultural del municipio, durante el gobierno de la actual alcaldesa, los organizadores no han podido “arañarle” un solo peso para la co-financiación del evento. Una sola vez acudió cuando supo que el gobernador Weildler Guerra asistiría, allí prometió aporte y apoyo ante las maravillas que Guerra Curvelo habló del evento y la solicitud para hacer de El Molino el epicentro literario de la región. Nunca apareció el apoyo ni este ni ningún otro año.

Los crecientes gastos que implica el evento y el nulo apoyo local han terminado por desestimular a organizadores y a su creador, quien en las últimas versiones ha tenido que apelar a créditos personales para solventar el evento. La fiesta de las letras llega a su fin, con él se acaban los eventos literarios en La Guajira y la única vitrina para promocionar a El Molino. Marucha acabó la fiesta, los escritores nos despedimos de El Molino.

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