Por: Weildler Guerra Curvelo*.

Confieso que siempre me ha fascinado la historia que se encuentra detrás de Papillon, la famosa novela de Henri Charrière publicada en 1969, que se convirtió en un éxito de ventas en Francia y en todo el mundo. La novela narra las aventuras de un presidiario injustamente condenado, cuyo rasgo más distintivo es haberse tatuado una mariposa, quien se fugó en 1941 de las inhumanas cárceles de la Guayana Francesa. En ella se cuentan sus desventuras en la prisión, su arribo a La Guajira, en donde es apresado y trasladado a Barranquilla, y todos los hechos que, posteriormente, culminaron con la obtención de su libertad. Recuerdo que de niño, rumbo al colegio, pasábamos junto a la cárcel colonial en donde Papillon estuvo detenido en Riohacha y podíamos observar que al subir la marea las aguas anegaban el piso de la cárcel y centenares de  cangrejos armados de amenazantes pinzas se apoderaban de las celdas, obligando a los prisioneros a aferrarse a los barrotes mientras bajaba el nivel del mar.

Le puede interesar: Dicha por el mal ajeno

Hace pocos días ha llegado a mis manos el libro El judío que escribió el primer Papillon, de Cecilia Schmucker. Esta obra cuenta la historia de su padre, Carlos Schmucker, un judío nacido en Rumania que escribió un libro llamado Cuchillo de palo, publicado en Buenos Aires hacia 1942 bajo el seudónimo de Jerome Beschanel, con poco éxito editorial. Carlos Schmucker conoció a Henri Charrière en Caracas, cuando este mostraba poco o ningún interés en la literatura, y le obsequió el libro en el que el francés se basó y del que tomó literalmente muchos apartes para escribir su famosa novela Papillon.

Aunque ninguna novela está obligada al rigor etnográfico, siempre me llamó la atención la pobre descripción que Charrière hace de los wayuu, con quienes alega haber convivido y llegó, incluso, a alardear de que durante su estancia en la península le fueron obsequiadas dos jóvenes indígenas: Lalí y Zoraima, para que fuesen sus mujeres. Esta afirmación es poco creíble. Ningún padre wayuu entregaría a un hombre arrojado por el mar, carente de ganado, prestigio, familia y collares a dos de sus hijas a cambio de nada. En contraste, la actitud que Schmucker muestra en sus diarios hacia esta sociedad y sus costumbres es mucho más ajustada a la realidad y respetuosa. Carlos Schmucker terminó estableciéndose en 1943 en la idílica población de Villanueva, hoy situada en La Guajira, en donde fue un buen ciudadano, formó un hogar, ejerció el comercio y tuvo varios hijos. Murió en febrero de 1966 y su cuerpo se encuentra sepultado en el cementerio judío de Barranquilla.

Lea también: Presentación del libro “La Gran Colombia y la Gran Holanda 1815-1830 una relación entre sueño y realidad”

La obra de Cecilia Schmucker es una vindicación de la azarosa vida de su padre, de su libro publicado 26 años antes de que Papillon saliera a la luz pública, en el que denuncia el cruel sistema penitenciario francés de la época. Es la historia de un hombre interiormente atormentado y con claroscuros en su vida, en la que el amor filial de la autora se filtra incontenible en sus páginas.

*Las opiniones expresadas en este espacio son responsabilidad de sus creadores y no reflejan la posición editorial de revistaentornos.com

wilderguerra@gmail.com