Por Ana Sofía Gómez Archbold – Gestora cultural.*

Pareciera que la incoherencia es asintomática entre los colombianos empezando por el mismo presidente que nos gobierna. Después de casi una centena de días de confinamiento este gobierno promovió con bombos y platillos que el 19 de junio era el día de No-Covid, tal vez por aquello del 19, en su día el virus Corona estaría celebrando, mientras todos los ingenuos habitantes de “Polombia” debían aprovechar las ofertas fantasiosas de productos seguramente muy útiles para sobrevivir en los pasillos hacinados de hospitales y clínicas en donde hasta el algodón escasea.

De repente salir a la calle a gastar el dinero que este año no se ha producido, se volvió, según el gobierno, la actividad más importante, y el acecho de la pandemia debía ser cremado en la inteligencia colectiva y lo único que había que hacer era comprar, eso sí, de acuerdo al último dígito de su cédula, para alimentar la contradicción.

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Incoherente también la gente, la misma que día a día reclama por la falta de mercados, de ingreso solidario, de condonaciones de servicios públicos y hasta los que se quejan porque el impuesto solidario los empobrece, salió el día sin IVA a gastar sin regateos, a endeudarse sin control ni temor, convencido de que la vacuna contra el Covid es el tapaboca. Los porcentajes de venta de este viernes negro podrían ser tan altos como los de contagiados ante tanta irresponsabilidad ciudadana.

Nos hemos ganado los colombianos el destacado honor de llamarnos rebaño de país, sin el más mínimo reparo estamos sometidos por el régimen de la pandemia un día encerrados y al otro aglomerados.

¿Cuál será el próximo intrépido/experimental decreto presidencial? Tal vez el que nos diga que es cierto que el cloro cura el Covid 19, entonces saldremos a agotar la existencia nacional del curativo producto.

¿Para qué sirve volver desde el sábado 20 a la cuarentena y ampliarla ahora hasta el 15 de julio e irnos preparando para otra jornada igual de imprudente el 3 de julio?

No hay derecho a tanta improvisación expuesta, sentido común y algo de cordura ayudaría bastante para restarle velocidad al virus. Con este comportamiento desbocado podríamos confirmar, que contrario a lo que se cree, la lección del virus Corona no ha servido para enseñarnos a pensar y actuar en colectivo y mucho menos a vivir con lo esencial, seguimos igual de inconscientes y la convivencia seguirá siendo nuestra debilidad.

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