Por: Cesar A. Arismendi Morales*

El antropólogo Weildler Guerra Curvelo ha venido documentando que el Carnaval de Riohacha es uno de los más antiguos del Caribe Colombiano. Él se apoya en el cronista Nicolás De la Rosa (1742) cuando describe esta expresión del jolgorio colectivo y su estrecha vinculación con las festividades religiosas de la virgen de los Remedios.

El lingüista Francisco Justo Pérez, valora los símbolos e instituciones en La Guajira, llamando a la realización de un análisis del Carnaval de Riohacha y el papel de la mujer. La seriedad, responsabilidad y capacidad que ella despliega en este contexto, puede aportarle elementos organizativos y éticos al ejercicio de la política y al buen gobierno.

Guerra y Pérez coinciden que  en nuestro carnaval la reina central además de ser agradable, alegre y saber bailar, debe merecer ser y actuar como tal. Debe estar dedicada, concentrada en las actividades y conocer la tradición local, es decir, tener experiencia, experticia y un proyecto claro de carnaval. No se autopostula, la seleccionan después de evaluar a muchas otras candidatas. Sólo al terminar un largo y exigente proceso la destacan como tal. La sociedad le determina los valores que la regulan. Es de su responsabilidad mostrar una versátil, numerosa y competitiva comparsa con entrenamiento previo. Socialmente se le impone una agenda y en su cumplimiento debe ser prudente, deliberante, honesta y efectiva.

La reina central debe ser generadora de capital social y capaz de motivar la cooperación entre los grupos de trabajo. Los recursos económicos que se reúnen se destinan únicamente para organizar los eventos de la agenda; ellos son sagrados. Por ser autogenerados y escasos, no se admite que se gasten por fuera de los objetivos carnestoléndicos. No pueden hacerse en privado compromisos que no puedan cumplirse públicamente. De los patrocinadores, sólo se admite la búsqueda de reconocimientos sociales y no se les permite intervenir la agenda; si actúan deben renegociar colectivamente su presencia en la misma.

Estas características que se destacan de la mujer y su papel en el Carnaval de Riohacha, la sociedad debería apropiarlas, aprenderlas y exigirlas para la elección de sus gobernantes, de los equipos de gobierno y de las personas que profesionalmente se desarrollan y actúan en el medio político, ya que en ese entorno se impone y se practica todo contrario.

El candidato a una corporación pública no se selecciona, se autoproclama como el mejor. En la decisión muy personal no revisa ni consulta sus conocimientos, experiencias y experticia para autopostularse, acción que ejecuta sin tener en mente un proyecto de región o de ciudad. No muestra a su equipo y cuando lo hace, no trasciende su núcleo familiar extenso. No tiene una buena comparsa de conocedores como respaldo. Cuando es elegido, no logra arrancar ya que a él como a su equipo le falta entrenamiento previo. Llegan sin estudiar los temas del examen.

La sociedad espera buenas ideas y facilidad de expresión de su reina. A ella la califican; no se admite nota diferente a excelente. Del candidato solo se espera que el cd con música vallenata hable por él. Al gobernante se le permite rajarse y sacar insuficiente como calificación. Con seguridad, elevaremos nuestro nivel de vida y desarrollo social, cuando hagamos del ejercicio de la política y del gobierno un verdadero carnaval.

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