Por: Weildler Guerra Curvelo*.

Las aves llamadas María Mulatas son percibidas de diferentes maneras en Colombia. En tanto que en ciudades como Cartagena, Barranquilla y Valledupar se les erigen monumentos y se alaba su recursividad y adaptabilidad, en otros lugares como en la isla de San Andrés son consideradas especies invasoras cuya actividad depredadora pone en riesgo a algunas especies nativas de pájaros  y, por ello, la autoridad ambiental local contrató a cazadores para que dieran muerte periódicamente a decenas de estas aves. Ello nos lleva a preguntarnos: ¿qué criterios seguimos para clasificar a una especie animal como invasora? ¿Cómo se involucran en esta decisión las narrativas populares, los prejuicios culturales y las emociones humanas acerca de dichos animales? Y, ¿por qué consideramos que algunas especies animales o vegetales son legítimas ocupantes de un territorio  y otras no?

Este es el tema central de un bello y enriquecedor estudio recientemente publicado en una revista científica internacional acerca de la ecoxenofobia hacia las María Mulatas entre la población rural de Guanacaste en Costa Rica. En el estudio participaron biólogos e investigadores de las Ciencias Sociales. Entre los autores se encuentra Alejandra Echeverri, una bióloga colombiana candidata al doctorado en Biología en la Universidad de British Columbia en Canadá. El termino ecoxenofobia describe las formas en que algunas especies de animales y plantas son consideradas como extrañas o foráneas por los ciudadanos y, por tanto, “legítimos ocupantes” de un territorio o de un estado nación.

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En Costa Rica estas aves, llamadas zanates, son vistas como invasoras procedentes de Nicaragua, animales dañinos de comportamiento delincuencial. Curiosamente el origen de estas aves es centroamericano. Según los investigadores, los artrópodos constituyen aproximadamente el 75% de su dieta. Sin embargo, también se alimentan de una variedad de vertebrados, incluyendo renacuajos, lagartos y huevos, y polluelos de otras aves. Esto último es lo que causa el rechazo hacia ellas, pues algunos consideran que su comportamiento contraviene la ética humana. Si aplicáramos este criterio hacia nosotros mismos esto conllevaría quizás la desaparición de nuestra especie de este planeta.

Los autores de dicho estudio afirman que las percepciones humanas de la biodiversidad dependen en gran medida de los contextos geográficos y socioculturales porque las personas ven a las especies animales con referencia a sus cosmovisiones culturales y marcos lingüísticos. El papel jugado por el gran artista Enrique Grau con sus esculturas y pinturas sobre las María Mulatas contribuyó significativamente a la valoración de dichas aves en el Caribe continental colombiano. Ello muestra que las diferencias en las opiniones acerca de la misma especie pueden variar mucho en el espacio y el tiempo, con importantes implicaciones para la conservación.

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Curiosamente en algunas regiones de Colombia animales traídos del Viejo Mundo, como el caballo, son vistos como nativos y la gente incluye con orgullo entre sus manifestaciones culturales las competencias ecuestres y las cabalgatas, pero ve en la americanísima María Mulata una especie invasora. Ello, según los autores, no es simplemente un error geográfico; más bien sugiere las formas complejas en que los conceptos de la naturaleza son infundidos por las ansiedades nacionalistas y económicas, y cómo esas ansiedades se proyectan en el mundo.

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